Archive for category Foto-reflexión

Renacer

Posted by on domingo, 14 junio, 2009

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Había tocado fondo. Sentía que había sucumbido a la espiral destructiva en la que me había dejado llevar debido a mi recesión anímica. Los nubarrones de la depresión se habían adelantado y apresurado a recibirme, a invitarme a morar en sus grises territorios. Habitar en ésta tierra inerte sería fácil.  Sólo tendría que dejarme atrapar por la negatividad que tanto detesto. Sólo tendría que dejarme abrazar por la autocompasión, por la pasiva existencia rutinaria, eliminar toda acción, todo esfuerzo. Y todo ello sería como dejar que se derrumbara todo aquello por lo que he luchado siempre.

Así que me fui la semana pasada unos días a la playa, lejos de la ciudad, lejos del ambiente habitual de mi día a día. Me fui, con mi mujer y mis hijas, a la Playa de Tamarit, a unos 8 Km de Tarragona. Tiene un litoral de unos 2 Km de playa, y donde destaca un imponente castillo medieval, que se alza sobre las arenas frente al  mar.

Buscaba el espacio, el tiempo, la calma y tranquilidad, que me ayudaran a renacer. Quería remontar el vuelo con esperanzas renovadas y ánimo decidido. Quería vestirme con el optimismo y alegría que me caracterizaba. Y creo que lo he conseguido. Aunque no ha sido nada fácil.

 La tristeza que se había apoderado de mí, vedaba el paso a los rayos de luz, a los rayos de alegría o felicidad que en otros tiempos iluminaban mi vida. A veces por ser rehén de mi pasado. A veces por ser prisionero de mis miedos e inquietudes. Iba languideciendo poco a poco, apagándome, muriéndome emocionalmente. Me sorprendía mi semblante sombrío.

Así que en ésos días de reflexión y silencio, escuchaba el eco de mi propia voz, mi conciencia, reprochándome que me armase de determinación. Y decidí poner fin a aquella situación. La Tierra sigue girando, y no se va a detener por mí. Así que soy yo el que tengo que coger las riendas y retomar mi rumbo. Tengo que obligarme a recordar los sentimientos que me traen los recuerdos y absorber la esencia de lo que antaño era mi buque insignia. La alegría era el dogma y el criterio de mi andar. Mis pasos emitían sonidos de gozo y risas. No quiero renunciar a ello.

También tengo que aprender a darle un cierto aire de normalidad a éste tipo de estados pasajeros. No puedo caminar a un palmo del suelo. Así que es normal que las circunstancias de mi alrededor me afecten, pues están en el camino que recorro, y he de aprender e  improvisar, para seguir creciendo y evolucionando.

No me creo estar en posesión de ningún secreto hacia la manera de hallar la felicidad, pero tengo mi camino, mi método, el cuál no quiero abandonar, el cuál no quiero volver a abandonar. Lo que he sentido, lo que he visto fuera de él, no me agrada. No lo deseo.

Mi lucha, mi intención, a partir de ahora, será el evitar que aparezca y desaparezca, a su capricho y antojo, éstos estados de ánimo. Y si ahora necesito y busco ayuda, no me avergüenzo. Si haciéndolo obtengo y consigo un fin, la meta que deseo, no me importará ser valorado o catalogado de alguna debilidad. «El fin justifica los medios».

Finalmente, mientras caminaba por la playa y miré hacia atrás para hacer la foto que ilustra el post, observé que mis huellas eran borradas por las olas del mar. Contemplé el rastro de mis cenizas, de mi antiguo yo, que iba dejando atrás para siempre. No volvería a tener aquél cuerpo, aquél estado emocional. Miré hacia  adelante, hacia la arena sin pisar, hacia mis nuevos pasos, hacia mi futuro, y sonreí, pues ya había renacido y encaminaba mi rumbo con optimismo e ilusión.

P.D.: Gracias a todos aquellos que tuvieron que soportar mi transición, y supieron tener paciencia y esperar mi renacer.

Zaragoza

Posted by on jueves, 21 mayo, 2009

pilar

Llegué a Zaragoza una fría tarde de Marzo de hace cuatro años. Tenía la fuerza y motivación necesaria para afrontar el reto de haber salido de mi tierra natal, Tenerife, para instalarme en ésta gran ciudad. O éso creía yo.

Los comienzos son siempre ilusionantes. En un principio te mueves despreocupado por tu nuevo hábitat, caminando por las calles de la ciudad y acudiendo a los lugares turísticos habituales. Visité, como no, La Basílica del Pilar,el Palacio  de la Aljafería, la Catedral de la Seo, así como sus museos y sus innumerables plazas. Con cierta frecuencia me iba a pasear al Parque Grande, nombre con el que se conoce popularmente al Parque Primo de Rivera, el auténtico pulmón verde de la ciudad, pues con sus 40 hectáreas es el parque más grande de la ciudad.

Era un auténtico deleite, también, el abandonarse callejeando por su Casco Histórico, descubriendo entre sus estrechas callejuelas un sinfín de bares de tapeo, como la zona conocida por El Tubo. Para mí, un auténtico descubrimiento el arte del vermut y el tapeo, un verdadero placer que aún mantengo.

Ahora bien, es en el entorno natural de Zaragoza donde mejor me sentía. Me refiero a los maravillosos valles y montañas del Pirineo aragonés. Como siempre me he considerado montañero, senderista y seguidor de la Naturaleza en todas sus facetas, imaginaos todo el potencial que me ofrecía éste vasto territorio para perderme en él.

Pero pronto comenzaron algunos problemas. Una vez pasada la euforia inicial, y cuando inicias la rutina diaria normal, tanto laboral como personal, comienzan a aflorar algunas inquietudes.

Zaragoza, ciudad bimilenaria, es  la quinta ciudad española en población. Así que me sentía rodeado,agobiado, entre miles de personas y cientos de calles y lugares que no conocía. A veces me perdía. Menos mal que existen los móviles, pues muchas veces tuve que solicitar que me rescataran. ¡ Qué grande me parecía ésta ciudad !.  Me resultaba difícil orientarme, teniendo en cuenta que para un isleño la referencia del mar es una guía toda tu vida. Así que, empecé a utilizar el Ebro como mi indicador de dirección. En base a él intentaba orientarme, por lo menos para una parte de la ciudad. Además acudía a él para reconciliarme con mis recuerdos y añoranzas. Hice la foto del inicio del post en uno de éstos momentos de melancolía.  Muchas veces decía en casa: «voy a ver el mar», pues ése pasó a ser «mi mar». Aún hoy, cuatro años después , lo hago.

Otra cosa que me costó en un principio era entender y relacionarme con los maños. Ahora comprendo su forma de ser, y después de estar recorriendo el resto del país en éstos años, y comparando caracteres, he de decir que los maños son muy abiertos, hospitalarios,  cordiales y comunicativos. Pero si os ponéis en mi situación, a mi llegada aquí, mi referencia era el espíritu, caracter y forma de ser del canario, que algo habreis oído. Nuestra peculiaridad, forma de ser y seña de identidad es muy diferente. El que haya viajado por Canarias sabrá de lo que hablo.

Algunas otras cosas que me costaron fue la manera de conducir o las prisas que tiene todo el mundo. Aquí todo parece ir más rápido. Y sobre todo , el frío. Dejar atrás un clima templado todo el año, como el de Canarias, por un clima mediterráneo continental fue duro. Y peor cuando sopla el temible Cierzo, ése frecuente viento frío que castiga con dureza a la ciudad y sus habitantes.

Pero, poco a poco, me fuí adaptando a ésta gran ciudad: sus fiestas, sus costumbres, sus gentes. He podido disfrutar asimismo del cambio espectacular que ha experimentado  Zaragoza con motivo de la Expo y los espacios que hemos heredado tras ella. Además, mis escapadas al Pirineo y demás espacios naturales de Aragón, han echo que ame aún mas ésta tierra. Y si a ésto añadimos que aquí han nacido mis dos preciosas hijas, hacen que Zaragoza sea ya parte de mí, una ciudad «grande» como sus gentes y amable con quien quiera disfrutar de su hospitalidad, cultura, patrimonio, historia y gastronomía. Acercarse a Zaragoza nunca te dejará indiferente.

Déjate acompañar por el silencio

Posted by on miércoles, 6 mayo, 2009

teide

Uno de los lugares donde el silencio puede ser tu único acompañante es en Las Cañadas del Parque Nacional del Teide, en la isla de Tenerife. Es tan abrumador, que te parece sentir que se te han taponado los oídos debido a  la falta de sonidos. Hice ésta foto desde el interior de una cueva utilizada como refugio pastoril, mientras hacía el Sendero de Siete Cañadas, dentro del citado Parque Nacional del Teide.

Es una excursión que os recomiendo por la espectacularidad del paisaje y por disfrutar de una atmósfera limpia e impoluta. El recorrido se realiza por una pista de firme arenisco,  de dificultad baja y bien señalizada. Son unos 16 Km , a realizar en unas 4 horas (sólo ida) , donde el calor es el único inconveniente, por lo que hay que tener muy presente llevar agua suficiente y protección solar.

La ruta comienza junto al Centro de Visitantes del Portillo, y,  su suave trazado, nos lleva por el interior del anfiteatro de Las Cañadas , donde iremos en todo momento con las paredes del Circo de Las Cañadas a nuestra izquierda y la silueta del Teide a la derecha, y finaliza en el Parador Nacional del Teide . Se trata de un recorrido con ligeras subidas y bajadas que nos van adentrando, una tras otra, en las siete cañadas que existen,  y que dan nombre a la ruta.

Mientras caminaba, iba mirando al Teide, que me ofrecía diferentes vistas según iba avanzando. Me atrae enormemente ésta montaña, símbolo y orgullo de todo canario. Ahora que estoy lejos de allí, espero pronto dedicarle un post, con el sentimiento que produce en mí, y algunas anécdotas que me trae su recuerdo.

A lo largo de la ruta, la Retama es la vegetación más abundante, pero también encontrareis algún  precioso y hermoso Tajinaste. Además hay restos de refugios pastoriles, y algunas cuevas, como en la que me metí para hacer la foto. También es espectacular ver las diferentes formas de las coladas de lava y las formaciones rocosas volcánicas. En la parte final del recorrido está la Cañada del Capricho, con formas de gran belleza, y zona habitual de escaladores.

Ahora, para mí, lo más asombroso y extraño  es el majestuoso silencio que habita en el lugar. Si te dejas acompañar por el silencio , hallarás el auténtico sentido de  la soledad. La rotunda paz y silencio que te acompañará todo el camino, no lo he encontrado jamás en ningún sitio o lugar. Al andar, sólo oía el crujir de la  tierra bajo las botas. Si me paraba…..nada. La ausencia total de sonido es espectacular. Es mágico. Si realmente quieres estar «sólo contigo mismo» , éste es el lugar.

El sonido del Mar

Posted by on viernes, 24 abril, 2009

playa

Hice ésta foto en La Punta del Hidalgo, en Tenerife, mi tierra de nacimiento, una de las maravillosas Islas Canarias. Me encontraba a sólo 7 días de dejarla para irme a vivir a la Península. Un nuevo proyecto emocional calentaba mi corazón y dirigía mis pasos hacia un lugar lejano, lejos de mis raíces. La ilusión y felicidad que sentía ante éste proyecto  me daba la fuerza y motivación necesaria.

Pero sabía que iba a echar en falta algo importante. Por encima de la lógica pena de dejar atrás a familiares y amigos, había algo que, para los que hemos sido isleños toda nuestra vida, es un claro referente: el Mar. Por éso, me había dirigido a observar otro de los maravillosos atardeceres que nos regala cualquier rincón de éstas Islas, a modo de despedida.

Sentado en el saliente de un acantilado, junto a mi amada, disfruto oteando el horizonte abierto ante mí. Echaré de menos ésa inmensidad, ésa sensación de paz que transmite mirar al infinito por encima de su superficie. Pero, sobre todo, su Sonido. Y así se lo hago saber a mi acompañante. Nunca me olvidaré las palabras que le dije, pues además tiempo más tarde pude comprobar cuanta verdad contenían :

» Escucha el sonido del Mar, pues no oiremos nunca uno igual. El mar que baña éstas Islas es el Oceano Atlántico, un mar vivo. Escucha cómo rugen sus olas, cómo suenan,  mientras siguen su recorrido hacia la orilla. Escucha cómo se oyen las pequeñas  piedras de su fondo, vivas, moviéndose y chocando unas contra otras. Escucha como rompe con bravura sobre las rocas del acantilado. ¡ Qué sonido ! ¡Y qué olor! Sí, porque aquí el Mar tiene olor, tiene aroma. «

Cuando ya me iba del lugar, dí un último vistazo al atardecer,  para retenerlo en mi memoria, e inspiré profundamente para llenar mis pulmones de ése aroma, mientras una ligera brisa acariciaba mi piel. Sin embargo, el sonido de ése  Mar me ha acompañado siempre  en mi corazón a lo largo de toda mi andadura posterior fuera de mi querida Tenerife natal.

Foto reflexión

Posted by on domingo, 19 abril, 2009

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Me encontraba tumbado sobre la hierba y mirando al cielo, cuando hago ésta foto y paso largo rato pensando. No es una foto espectacular, ni siquiera bien echa. Pero refleja un momento concreto en el que me había abandonado a observar  y  sentir.

Observo cómo van pasando las nubes, cómo cambian  constantemente de forma, de volumen, como si quisieran atraer mi atención con sus evoluciones. Las caprichosas formas que van adquiriendo me hacen jugar a adivinar a qué clase de cosas se parecen. Hace aire, y éso hace que las imágenes pasen velozmente. También las ramas de los árboles que me rodean se mueven y producen un suave siseo, que parece una melodía sonora ideal, adecuada para éste momento de paz que disfruto.

En ése estado, mi mente empieza a divagar hacia cosas más a ras de suelo, más terrenales, a mi presente, a mi pasado. Igual que antes veía cómo cambiaban de forma las nubes, ahora pasan vertiginosas por mi mente imágenes y sentimientos pasados. Pienso en la fotografía que he echo. Al verla recordaré éste momento concreto. Recordaré el hilo argumetal de las emociones que estaba experimentando. Y me gustó la idea.

Por éso,  al llegar a casa, quería inagurar una nueva categoría en el blog y llamarla así, Foto reflexión. A partir de ahora, cuando surga, publicaré fotos echas por mí, pero para transmitiros algún pensamiento, reflexión o sentimiento que haya tenido lugar en el sitio o el momento de la toma de la fotografía. O también pudiera ser lo que me inspire el recuerdo de dicho lugar. En fin, que la foto sea la base y eje central del argumento, ya sea para tratar temas físicos o temas del alma y la razón.

Queda inaugurada, pues, la categoría con ésta declaración de intenciones.

Un saludo a todos!!.