Category “Reflexiones”

Inocencia ¿peligrosa?

Martes, 6 abril, 2010

Hace unos días nos encontrábamos con mi hija pequeña esperando la salida del colegio de su hermana. Es muy inquieta, así que no paraba de moverse entre las personas que allí estábamos. Las miraba, les sonreía, les decía “¡hola!”, y se agarraba de la mano de alguna madre o abuela. Finalmente, una de aquellas abuelas dijo: “Ésta niña se vá con cualquiera. ¡Vaya peligro!”.

No hice mucho caso al comentario, pensando que era algo anecdótico. Sin embargo, con el paso de los días han sido varias madres más las que lo han dicho, en términos parecidos, y ahora sí que me han hecho pensar o reflexionar, dada la repetitiva exclamación de alarma que expresan al ver la actitud abierta de mi hija hacia ellas, sobre todo la de darles la mano para caminar junto a ellas.

En primer lugar, vuelvo a comprobar que la gente se contradice muchísimo en sus comentarios. Unas veces les oyes decir que a su hijo, o nieto, no lo pueden dejar con nadie porque es demasiado inquieto, o porque se pone a llorar y extraña temerosamente mucho a la gente, etc, y éso les ocasiona problemas cuando les surge alguna circunstancia que les obliga a tener que dejarlo con algún familiar o amigo. Y, por otro lado, también ven como problema el que se vayan con naturalidad con otra persona, como en el caso de mi hija. ¿En qué quedamos? ¿Es un problema el que se quieran quedar con alguien o es un problema el no poderlos dejar? ¿?

Por otro lado, parece que sacamos las cosas de quicio sumando gravedad y peligro a todo aquello que tiene relación con nuestros hijos. Y no vivo ajeno a la realidad. Sé que en la actualidad los peligros y amenazas rodean  la integridad de nuestros hijos. Pero cada cosa tiene un tiempo y un momento. Además ellos también tienen que ejercitar su inocente facultad de aprendizaje y descubrimiento de cuanto les rodea. Me niego a tener que explicarles con 20 meses que tiene una, y 3 años la otra, el sentido de la maldad humana, y del peligro que pudiera provenir de sus congéneres. Ahora mismo, es responsabilidad de sus padres, su protección y cuidado. No veo que sea peligroso que ahora se vaya inocentemente a coger de la mano de nadie, porque yo, o su madre, estamos pendientes de con quién está o a dónde vá. Es NUESTRA RESPONSABILIDAD. Y la suya es la de investigar el mundo que las rodea. Yá llegarán los tiempos, dentro de algunos años más, cuando tengamos que explicarles otras “cualidades” humanas, y otras “caras” de la naturaleza humana. Además la vida misma les irá mostrando ésa otra realidad que no ven, ni deseo que vean, mientras son ésas inocentes y curiosas criaturas exploradoras. Como dije antes, cada cosa a su tiempo.

Además creo que a veces coartamos su normal aprendizaje y crecimiento, pues les evitamos que descubran las cosas por sí mismos, que es la base y pilar de su madurez intelectual. Es habitual, por ejemplo, oír en el parque exclamaciones como: “¡no te subas ahí que te vas a caer!, ¡no vayas por ahí que te harás daño!, ¡no corras, que te caerás!, ¡deja éso que te harás daño!, etc, etc. Les llenamos sus días con prohibiciones y advertencias, supuestamente por el peligro innato de sus acciones. Al hacerlo, no dejamos que aprendan de dónde surgen las consecuencias de sus acciones. Ellos sólo oyen prohibiciones, negaciones, pero no entienden de qué, ni por qué.

Creo que también hay que dejar que aprendan cuáles son ésos peligros por descubrirlos de su propia experiencia, en su propia piel. Así no sólo oirán una prohibición o advertencia, sino que recordarán cuál puede ser el resultado o consecuencia de ésa acción que querían hacer, por haberla “padecido” en algún momento pasado. Yo, por ejemplo, en el parque o ante situaciones que creo que pueden representar algún peligro, les dejo que lo hagan, bajo mi atenta supervisión, para que sepan lo que pude ocurrir, como por ejemplo caerse, para entonces ir a hablar con ellas y decirles: “¿Has visto? ten cuidado si te subes por ahí al columpio por que te puedes volver a caer igual que ahora y hacerte daño.” “Cariño, ten cuidado la próxima vez que quieras correr por ésas piedras porque te volverás a caer y te puede doler mucho”, etc, etc.

De ésa manera, pienso que no oirán sólo advertencias y órdenes, sino que sabrán que haciendo algunas cosas se pueden hacer daño porque son peligrosas. Y lo habrán aprendido por ellas mismas, no por nuestras continuas reprimendas. No estoy diciendo tampoco que hay que dejar que se quemen para que sepan lo que es el fuego. Pero algunas cosas podemos dejar que las experimenten y aprendan “en directo”, bajo nuestro control, para que saquen sus propias lecciones de situaciones reales, no sólo por palabras o dictados de sus tutores. Por éso los niños aprenden con tanta facilidad, porque tienen intacta su capacidad de asombro y curiosidad, y desde su inocente mirada todo es susceptible de aportarles nuevas enseñanzas. Nosotros, al contrario, hemos cerrado las puertas de nuestra inocencia, y ahogamos las voces de nuestro interior, por lo que no asimilamos ni aprendemos, ni crecemos. ¿Por qué queremos robarles o privarles de ésos años de inocente existencia?

Cada cosa a su tiempo. Por éso no puedo compartir el criterio de aquellos que veían en la inocencia de mi hija un peligro. Por lo menos, por el momento. Yo ahora veo un folio en blanco en el cual ellas están escribiendo lo que serán en el futuro, forjado por las experiencias, vivencias y enseñanzas que hayan ido adquiriendo en las diferentes etapas de su vida. 

Vosotros, ¿qué pensáis? ¿creéis que es peligrosa la inocencia de nuestros hijos?

Víctimas de la depresión

Sábado, 13 marzo, 2010

Es curiosa la manera en que la mente juega con nuestros recuerdos y nos trae imágenes de episodios pasados en los momentos más inesperados. En mi caso suele ocurrir en mis habituales y largas noches de insomnio, donde, acurrucado en mi cama, inmóvil y en silencio, mi mente divaga saltando de un tema a otro.

Hoy quiero contaros uno de ésos recuerdos, que anoche monopolizaron  las imágenes que mi mente insistía en que considerara, por muy doloroso que me resultara. Se trata de un episodio acontecido durante una etapa de mi vida en la que estaba sumido en profundas depresiones. Mi infancia y adolescencia estuvieron marcadas por profundos problemas y situaciones que me afectaban en gran manera, y de los que quizá también arrastro aún alguna herida o secuela. Esto ocasionaba que me encerrara en mí mismo, incapaz de asumir o entender aquello que me ocurría, o pasaba a mí y a mi familia.

En aquél entonces pasé algún tiempo en casa de mis abuelos. Como consecuencia de aquellas depresiones, pasaba días enteros encerrado en una habitación. No comía, no hablaba. Pasaba las horas, días y noches mirando un pequeño televisor en blanco y negro. No consigo recordar dónde estaban mi madre y hermanos en muchos de aquellos días. Sin embargo, mi mente sí revive hoy muchos de los pensamientos y sentimientos por los que atravesaba. Era una lucha mental interminable.

Y en un0 de aquellos días, ocurrió algo que me impactó: Apareció mi abuelo en la habitación, y se sentó a los pies de la cama, en silencio. De repente, se lleva las manos a la cara y comienza a llorar incontroladamente. Allí estaba llorando mi abuelo, aquél hombre corpulento y enorme, que había trabajado tanto bajo tierra, haciendo galerías subterráneas para explotar los recursos acuíferos, que había trabajado subiendo cientos de veces al pico del Teide, para extraer azufre que vender luego a los barcos que fondeaban en el Puerto de la Cruz. Allí estaba la persona que yo más admiraba de éste mundo, llorando desconsoladamente, mientras me suplicaba que me levantara y comiera algo, que no soportaba verme más así.

Aquello me produjo una gran conmoción emocional. Corrí a la cocina, a comer algo, mientras observaba con  asombro a mi abuelo, sentado a mi lado, cabizbajo e incapaz de mirarme. Se le veía hundido y afectado. Era la primera vez que le veía llorar. Jamás lo volví a ver así, ni siquiera al morir mi abuela.

Después de pensar toda la noche en éste suceso que mi mente se ha empeñado en revivir, he sacado una conclusión. Creo que el mensaje es que la depresión no afecta solamente al que la sufre en primera persona. También se debe considerar víctimas de ella a todas aquellas personas, ya sean familiares o amigos, que están cerca de quien la padece. Aunque, como en el caso de mi abuelo, quieran respetar tus silencios o ausencias, tu espacio, esto les termina afectando emocionalmente. Llevarán su pena, su angustia, en silencio. Pero sufren, y mucho, sin saber quizá cuál sería la mejor manera de brindar su ayuda.

Por eso, el que sufre la depresión debe redoblar sus esfuerzos en intentar vencerla, pues no sólo su vida, su día a día, está en juego, sino también la de todo su entorno. Las personas que les rodean llevan también su propia lucha emocional, afectados por ver al ser amado en tales circunstancias. Son víctimas de tu propia depresión, no por no entenderte, ni menosprecian tu mal, pero no saben cómo hacer que “remontes el vuelo”, y eso mismo les produce ansiedad y desesperación. Si sufres depresión, alza la vista, mira a tu lado, que seguro que alguien más acompaña tu dolor en silencio. No permitas que se rompan, como lo provoqué yo en mi abuelo. Sal de la oscuridad y verás que muchos estarán deseando acompañarte a dondequiera que requiera tu recuperación, que tendrás ayuda, apoyo y comprensión. Sólo es cuestión de no pensar que en esto estás solo. Recuerda, tú sufres, pero otros contigo también.

Abuelo, ¡¡ Perdóname!!  He intentado ser mejor a partir de aquello. No siempre lo consigo, pero te tengo siempre presente. Ojala dondequiera que te hayas ido, tu alma, tu espíritu, haya obtenido la paz y el descanso que te merecías. Tus lecciones de vida siguen vigentes aún para mí. ¡Te quiero, abuelo!.

Diálogo interior

Sábado, 6 marzo, 2010

-         Eres demasiado rígida. Relájate un poco y disfruta del momento.

-         Si todos fueran como tú no sé qué sería de nosotros.

-         ¿Por qué?

-         Porque todo acto acarrea consecuencias, y hay que intentar anticiparse a ellas para evitar que nos afecte.

-         Sí, pero también puede que evites hacer cosas por miedo a ésas consecuencias y sin embargo no sean para tanto. O que te pierdas la vivencia en sí.

-         Si causa dolor, prefiero evitarla.

-         Pero no lo sabrás si pones en cuarentena todo lo que sucede ante ti.

-         Si te expones, puedes salir perjudicado.

-         O beneficiado.

-         ¿Qué quieres decir?

-         Que a veces hay que dejar que ocurran las cosas, experimentar, probar.

-         Eso es de insensatos.

-         No lo creo. Sólo así podremos descubrir nuevas sensaciones o experiencias. Algunas puede que resuelven ser dolorosas o poco gratas. Pero, ¿crees que merece la pena perderse las buenas, o placenteras, por miedo?

-         No es miedo, es precaución. No todo lo que viene a nosotros es bueno.

-         Y no todo es malo.

-         ¿Prefieres curar que prevenir?

-         ¡Prefiero VIVIR! , y puede que a veces padezca dolor, pero sólo así me aseguro que también tendré momentos gloriosos, tanto de emociones como de sentimientos.

-         Eres un soñador. Yo soy realista.

-         Tolstoi dijo una vez: “La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón”.

-         ¿Y qué quieres decir con eso?

-         Que a veces deberíamos dejar de cuestionarnos tanto las cosas, y sólo así obtendremos grandes enseñanzas. Tanto para bien como para mal, si ponemos una barrera ante nosotros ni aprenderemos de unas ni de otras. Cada cosa, cada vivencia, puede darnos una enseñanza vital. Aparte de la experiencia vivida en sí misma. Crecemos cuando aceptamos el negro y el blanco en nuestras vidas, y toda la restante gama de colores que nos ofrece la paleta de la vida.

-         Ahora te pareces a mí.

-         ¿Por qué?

-         Porque estás razonando.

-         Pero sin poner obstáculos que frenen mi avance. Sigo caminando mientras experimento, aprendo, intento, pruebo, etc.

-         Por cierto, ¿cómo me dijiste que te llamas?

-         Yo me llamo CORAZÓN. ¿Y tú?

-         Yo me llamo MENTE.

-         Deberíamos de dejar de estar siempre enfrentándonos, y ser socios, compañeros de viaje.

-         Difícilmente podré dejar de pensar, de razonar. No puedo dejar que actúes por ti mismo. Eres peligroso.

-         Eso se llama miedo, ya te lo he dicho. Por el contrario si caminamos juntos, podremos vivir emociones, experiencias, pasiones, etc, mientras aprendemos de ellas y sacamos conclusiones para el futuro. Se trata de no poner límites a nuestra existencia emocional.

-         Pero, ¿y si hay dolor?

-         Lloramos, aprendemos, y seguimos caminando. Igualmente, también habrán momentos felices que disfrutaremos con toda la intensidad que podamos, y seguiremos caminando. Todo será un suma y sigue. Pero creceremos en sabiduría y emoción si vamos juntos, lo vivimos juntos, y lo aprendemos juntos. ¿Qué te parece?

-         No sé. No te prometo nada. Pero lo intentaré.

Sociedad de la Hipocresía

Martes, 9 febrero, 2010

El Diccionario de la Real Academia Española define  la hipocresía como “Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”. O, dicho de otra manera, es un tipo de mentira, pues intentamos mantener creencias, opiniones, virtudes, sentimientos,etc, que en realidad no tenemos.

Todo ello contribuye a que constantemente estemos rodeados de falta de honestidad y sinceridad, y el engaño sea la conducta que el conjunto de la sociedad utilice en sus relaciones interpersonales, pues estamos siempre escondiendo nuestras intenciones, o nuestra personalidad, o nuestras verdaderas opiniones.

Y éso hace que unas veces me parta de risa, y otras me enfade tremendamente. ¿Por qué?, porque la gente se contradice continuamente y tienen estados de opinión cambiantes e incoherentes. A veces resulta ridículo, y otras ofensivo. Una cosa es que alguien se autoengañe hipócritamente, y otra que piensen que somos tontos. Pondré ejemplos de algunas de ellas.

Una cosa con la que me río mucho, es en lo referente a la opinión o comentarios que hacemos sobre ciertos espacios o programas de televisión. Según éso, la cadena más vista ¡sería La 2! jajaja. Así que no entiendo las audiencias de “Gran Hermano”, “Sálvame”, “DEC”, etc, porque a cualquiera que le preguntes te dice: “¡yo no veo éso!”.jajaja. Por favor, menos hipocresía. Si lo ves, lo ves. Y lo mismo es aplicable a ciertos personajes, o personajillos, del mismo medio, donde decimos que no los vemos, y sin embargo nos sabemos casi todas sus “andanzas”, y son el tema de muchas tertulias, pero donde si nos preguntan decimos que lo que sabemos es por lo que nos cuentan, que nosotros no lo vemos. Seamos sinceros, que nadie te vá a decir que eres un inculto por verlo, que son miles los españoles que lo hacen, ni tampoco creeremos que eres un intelectual por decirnos que ves documentales.

Otro asunto donde abunda la hipocresía es en lo relativo a los “enchufes”. Por ejemplo cuando nos enteramos que alguien obtuvo un puesto laboral mediante él, o cuando vemos que alguien se puede saltar una cola de espera o fila en algún organismo oficial, o en cualquier otro sitio, y empezamos a criticar y maldecir. No seamos hipócritas y falsos. ¿Quién no utilizaría un trato de favor, “manga”, o “enchufe”, de poder disponer de él? Decir lo contario es mentirnos a nosotros mismos, o hacerlo por envidia. Por lo menos, si “sufrimos” ver delante nuestra algo así, pues mantenernos en silencio o si creemos que se puede reclamar algo, hagámoslo oficialmente, si así lo deseas. Pero a mí me parece que lo olvidamos conscientemente si en otro momento somos nosotros los que podemos acudir a alguien para que nos “ayude”. ¿Quién no piensa en algún posible conocido cuando te enfrentas a algún trámite, asistencia médica o administrativa,etc, para llamarle y ver si nos puede ahorrar tiempo, filas, esperas, o trámites? Hablar o criticar, es muestra de hipocresía si luego nosotros somos así, también, si tenemos la oportunidad.

Pero quizá la peor de las hipocresías sean las que tengan que ver con los sentimientos y la forma de relacionarnos unos con otros. A veces cuesta saber cómo es realmente alguien, pues notamos con claridad sus “cambios”, de actitud, personalidad, opiniones,etc, según sea el momento, lugar o forma en que se desarrollan los acontecimientos, y donde apreciamos claramente incongruencias o incoherencias. Yo me siento desconcertado cuando observo cómo se contradicen por ser, aparentar, o demostrar, cosas que en realidad no son , o no creen, no entienden o no conocen.

¿Por qué somos así? ¿Por qué ocultarnos? ¿Por qué tanta falsedad? ¿Nos sentimos débiles si somos sinceros? ¿No nos damos cuenta de nuestras propias contradicciones? La hipocresía es un mecanismo de defensa, que sólo alimenta el engaño y la doble moral. Ojalá dejemos atrás dicha conducta, y nos relacionemos abierta y sinceramente, sabiendo que contamos con el respeto y comprensión de nuestros semejantes.

Tengo “el mal del cangrejo”

Domingo, 31 enero, 2010

Aunque el refranero popular diga “Vas para detrás, como los cangrejos”, yo, que tantos cangrejos he observado en mi tierra natal, opino que van para los lados, caminan lateralmente. Y ése es “el mal” que creo que tengo, pues desde hace algún tiempo creo que mi día a día transcurre linealmente, que ando de un lado a otro, pero sin avanzar.

Ésto se refiere, principalmente, a lo que atañe a la búsqueda de empleo. Y es que mi “jornada” comienza cuando dejo a mi hija en el colegio, y paso toda la mañana entregando CV de empresa en empresa, recorriendo polígonos y calles de la ciudad. Las tardes las dedico a mis dos pequeñas, pero por la noche me pongo a enviar los CV a empresas que contacto a través de la Red, vía mail. Y así todos los días.

¿Qué sentimientos experimento? Muchos y muy variados. Y éso se debe a que te encuentras con que somos muchos los que estamos así. Coincido en muchas empresas con otras personas que, como yo, acuden a dejar sus CV.  Al cruzarnos las miradas, puedo entender lo que siente un pescador que está en un rincón de la orilla sentado tranquilamente, intentando pescar algo, y observa que llega otra persona a situarse próximo a él: “!Me ahuyentará la pesca! ¡Lo poco que haya, seguro que se lo lleva ahora él!”,etc.

La situación actual, de baja creación de empleo, hace que veamos a los demás como adversarios, como rivales. Por un lado nos enoja. Pero también provoca que nos decaigan los ánimos. Y peor aún son muchas de las actitudes y malos modos de aquellos sitios a donde acudimos, con cierta esperanza, a preguntar sobre alguna posibilidad de empleo, donde ni te miran a la cara. Se limitan a alargar la mano para que les dejes un CV, para luego depositarlo en una bandeja cercana, donde observas que hay muchos más, y ni se molestan en decirte nada más.

Todo ello hace que constates que para ellos se ha convertido en algo rutinario la recepción de CV, y que en el supuesto caso de que necesiten a alguien tienen tantos candidatos como para crear 20 nuevas empresas. Por no decir que las frases que nos dicen en algunos de éstos lugares hacen que el poco optimismo que tengas sucumba: “Ya sabes cómo está todo” , “Por el momento no hay nada”,  ”La cosa está muy parada, hay que esperar”, etc. ¡Si éso yá lo sabemos! ¡Que somos nosotros los que estamos en paro, yendo de un sitio a otro con las mismas respuestas!.

Para colmo, si tienes la suerte de conseguir  una entrevista para una supuesta oferta laboral, compruebas que para muchos empresarios éste año les está viniendo muy bien para poder desarrollar sus técnicas mafiosas. Te exigen mil requisitos, y te ofrecen cantidades salariales y condiciones laborales que te hacen sonrojar de vergüenza ajena: “¿Me lo estará diciendo en serio?”. Pues sí, lo dicen muy en serio, y encima te miran con desprecio e indulgencia, como si te estuvieran haciendo un gran favor y no debieras tener ninguna objeción.

Tampoco ayudan  mucho las noticias que leemos en los diarios o vemos en la televisión. Los mensajes que recibimos de los políticos no hacen precisamente que alberguemos muchas esperanzas de mejora de la situación actual. Además ya hay muchos estamentos y estudios europeos e internacionales que auguran que la economía española será la única que no crezca éste año, y que estaremos a la cola de Europa en la recuperación económica.

¿Consecuencias de todo ésto? Te pasas los días pensando………..pensando …….. pensando ………. pensando…….. pensando ………. pensando. Tus ánimos decaen y tu carácter experimenta cambios que no te agradan. Toda la familia se vé afectada. Aunque uno no quiera, tu paciencia con las niñas disminuye, estás más irascible. Tu relación de pareja experimenta silencios, cada uno con su particular preocupación.  Un espíritu jovial y alegre puede llegar a ensombrecerse y apagarse, debido al sentimiento de culpa, debido a la preocupación de no encontrar soluciones siendo tu responsabilidad, etc . Puede que necesites más apoyo, más comprensión. Pero como los dos miembros de la pareja pasan por preocupaciones similares, la tan ansiada ayuda te puede parecer precaria, pues ambos tienen que luchar contra sus propios “demonios” y miedos.

Afortunadamente, siempre parece que sale el Sol, o un bello arco iris, tras la tormenta. No es que se hayan arreglado o solucionado los problemas, pero tomas conciencia de tu estado y te reafirmas en tu intención de que no pase un día más dejando que todo ésto afecte a tu familia negativamente. Yo así lo estoy intentando. Me he jurado a mí mismo, y a mi mujer, que voy a intentar recuperar con todas mis fuerzas, mi estado emocional y anímico anterior. Voy a intentar seguir con mi búsqueda laboral, pero sin dejar de tener presente que mis hijas son lo más importante, y que ellas esperan a un  padre amoroso, que entienda sus “peculiares”  comportamientos, juegos y travesuras, y no pierda la sonrisa ni la paciencia con ellas.

Para mí, la estabilidad económica que debo procurar a mi familia es primordial, pero también son fundamentales las relaciones afectivas y emocionales. Para éso también necesito el apoyo de mi pareja, para que juntos podamos sobrellevar todo ésto, pero procuremos que no nos afecte en nuestra relación. Está claro que cada uno tiene una manera de enfrentarse a los problemas, y afecta de una manera distinta. Pero si no descuidamos la parte afectiva, los momentos de cariño o de ternura, la complicidad y unión entre ambos aumentará y ganaremos en confianza y esperanza en un pronto arreglo de la situación. Y, por supuesto, éso hará que lo que perciban y reciban nuestras hijas también sea amor, comprensión y cariño.

Así lo deseo, y así lo espero. Ojalá pronto comience nuevos “andares”, nuevas formas de moverme, para abandonar el “mal del cangrejo” y pueda desplazarme hacia adelante.

Lágrimas rosa

Martes, 8 diciembre, 2009

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Mil veces me repiten que la vida no es de color rosa, que me resigne al oscuro presente y el sombrío e incierto futuro. Pero hoy me he rebelado. Y éso se debe a que estoy rodeado de belleza. Irónicamente sonrío, pues precisamente predominan diferentes tonalidades rosas.

Observando mi entorno mi espíritu se vá llenando de colores y emociones.

Mis hijas juegan plácidamente a mi lado. Estamos sentados en el suelo, en la tierra. Las observo mientras hunden divertidas sus manos en la tierra suelta, e inventan mil edificaciones y juegos con las piedras y objetos diversos que se encuentran. Su actividad y curiosidad no parecen tener fin.

De repente, las lágrimas brotan de mis ojos. Pero no hay dolor. Una mezcla de alegría, amor y paz llena mi corazón y hace que las emociones se desborden. Los sentimientos a veces pierden el equilibrio al que queremos someterlas  y hace que nos sorprendan espontáneas reacciones emotivas como ésta.

Sin embargo, no hay angustia o pena en mi apacible llanto. Más bien siento gratitud. No me imaginaba la plenitud que siento al ver a mis hijas. Aunque hay mucho de sacrificio  y dedicación, no concibo una vida mejor que la que disfruto junto a ellas.

La belleza de los espacios naturales también me transmiten paz. La sinfonía de colores y olores que me regala la Naturaleza me hace feliz. Rodeado de éstos colores es imposible no embriagarse y enamorarse de su belleza.

Las gotas que recorren mis  mejillas caen al vacío, pero son atrapadas en los pétalos y hojas de las rosas que acompañan mis pasos, y las convierten en lágrimas rosa.

¡¡Cuántas emociones!!

¡¡Cuánta belleza!!

Es verdad, la vida no es de color rosa, pero el color rosa que hoy es testigo y portador de mis lágrimas representa el brillo de un corazón alegre y agradecido de poder vivir y  disfrutar de tanta belleza, sea física o emocional.

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P.D.: Fotos ALEX PARDELLAS

¿Ayudamos realmente a las víctimas del maltrato?

Miércoles, 25 noviembre, 2009

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Hoy es el Día Internacional contra la Violencia de Género. Hemos oído los clásicos mensajes de condena y repulsa. Muchos de nuestros amigos se han sumado a ésta campaña, añadiendo en sus blogs el lazo que simboliza la lucha contra ésta lacra de nuestra sociedad. Y se sigue insistiendo en la importancia de que las mujeres que lo sufren denuncien a sus verdugos.

Pero, ¿realmente ayudamos a las víctimas del maltrato?. Lamentablemente, y teniendo en cuenta los casos reales que conozco de mi entorno, tengo que responder que no. Nos quedan aún muchos asuntos de vital importancia para ellas en las que no se están realizando los esfuerzos necesarios. Parece ser que todo el ímpetu de éstas campañas consiste en condenar a los responsables del maltrato, y repetir una y otra vez en que las mujeres denuncien. Todo son simples palabras, que a ellas, las verdaderas víctimas, no les facilita en  nada decidirse a dar el paso.

¿Nos hemos puesto en el lugar de cualquiera de ellas a la hora de decidir su siguiente paso? A los miedos inherentes de enfrentarse a su agresor día a día, tienen que oír incesantemente la consigna de que lo denuncien. Pero no ven medidas reales. ¿Qué hacer el día después de la denuncia? ¿Cómo vivirán? ¿Quién les ayuda a recuperarse psicológicamente?

Todo se suma y les parece que es un muro difícil de saltar. De los casos que conozco, el apoyo psicológico se resume en que te proporcionan una serie de información sobre centros y asociaciones a los que puedes acudir. Y vas sola. Y allí te citan para dos o tres meses después. ¡Justo cuando más lo necesitan, la ayuda vendría meses después de denunciar! ¡Lamentable!. Además, una vez puesta la denuncia, y dependiendo de la gravedad de cada caso, no se toman medidas preliminares, y son muchos los casos en los que la mujer se tiene que ir de su casa pues el agresor seguiría con la convivencia a la espera de juicio. O sea, que encima que denuncian tienen que esperar las clásicas demoras de nuestro sistema judicial, para que se resuelva su situación.

Aparte de todo éso, pero no menos importante, es la supervivencia económica. Muchas no denuncian porque su única fuente económica de ingresos, es su propio agresor. Y encima estamos en una situación actual de crisis que hace más difícil que ellas encuentren, con la inmediatez necesaria, su propia fuente de ingresos, debido a la dificultad que todos conocemos de búsqueda de empleo. Las medidas y ayudas que se les ofrecen son un largo recorrer de ventanillas e instituciones, sin que todas salgan solucionadas beneficiosamente, sino más bien precariamente.

No quiero decir con todo ésto que no se deba denunciar, sino que también tenemos que asumir que actualmente las ayudas no son justas ni equitativas con la gravedad del problema al que nos enfrentamos, ni con todo lo que rodea tales situaciones. No hay medidas reales, cercanas, y efectivas. Actualmente todo se queda en palabras. El apoyo policial es mínimo, testimonial. El apoyo psicológico ineficaz y tardío. El apoyo de las instituciones finaliza con la denuncia, después se quedan solas.

¿Cómo queréis después de ver todo ésto por mí mismo, que anime a ninguna mujer a denunciar? Quizá el grueso de las campañas deberían enfocarse a solucionar la primera línea de ayuda y apoyo hacia ellas. No ponerles todo el peso de la erradicación de éste problema en que las víctimas denuncien. Sino que ellas vean que es posible “saltar al vacío” porque debajo hay un amplio y mullido colchón que les ayudará desde el mismo momento de la denuncia.

Además debemos resp0nsabilizarnos toda la sociedad, de aislar y condenar a aquellos que sabemos que maltratan y agreden. Sólo si ven que toda la sociedad que los rodea les señala con el dedo y los condena, puede que rectifiquen sus conductas. Por supuesto, también debemos,y tenemos la obligación, de actuar preventivamente y dar una formación y enseñanza adecuada a nuestros hijos, para que éstos en un futuro no expresen ni manifiesten tales comportamientos.

Acabar con el maltrato es posible. Pero hace falta el compromiso y respuesta real de toda la sociedad, así como de las instituciones y organismos que nos gobiernan. La implicación de todos, sea personal o gubernamental será la que dé el estoque final a maltratadores y agresores.

Finalmente, quisiera expresar desde aquí todo mi apoyo y ánimo a las víctimas de agresiones físicas o psicológicas, y mi toque de atención a aquellos que tienen el poder, para que entiendan que no todo son campañas o eslogan, que necesitamos medidas concretas y reales para ayudarlas, y que así se sientan con la fuerza y respaldo necesario para denunciar su situación.

NO MÁS MALTRATO .  NO MÁS VIOLENCIA DE GÉNERO

Inocencia

Jueves, 19 noviembre, 2009

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Mis hijas me transmiten el mensaje que necesito para días y semanas como ésta, en las que parece que me he subido en una montaña rusa emocional y anímicamente. Me sorprende comprobar que en la sencilla observación de sus movimientos y gestos pueda residir la clave para encontrar el equilibrio perdido.

Y es que en la inocencia que rigen sus actos obtienen la paz que ilumina sus caritas. Sus miradas transmiten la pureza de sentimientos que los mayores hemos abandonado. Irradian alegría. No hay posibilidad de maldad, ni lugar al desánimo ni a la tristeza. Su natural  felicidad la adornan con los besos y abrazos que  te regalan. Sus gestos espontáneos reafirman su andar resuelto y despreocupado de quien mantiene la ilusión de vivir.

¡Cuánto deberíamos aprender de su actitud! Viéndolas es imposible no comprometerse en salvaguardar su alegre y confiada existencia. Así lo siento yo. Soy  responsable de que mantengan su inocencia y su plácida vida. Sé que no puedo garantizarles grandes lujos ni posesiones. Pero tampoco es lo que ellas necesitan realmente. Ellas quieren verme feliz, alegre, implicado en sus juegos, sus travesuras, y colmarles de besos y arrumacos. ¡Éso es lo que de verdad quieren! Y por supuesto es lo que yo deseo.

Por éso, una vez más debo adaptar mis actitudes para erradicar de mi alma cualquier atisbo de pesadumbre o debilidad anímica. Mi espíritu debe transmitirles  felicidad y mis sentimientos deben rodear de amor y cariño sus días. Quiero que encuentren en mi mirada la misma paz que ellas me proporcionan a mí.

Así que tengo mucho trabajo por delante, pues todos sabemos que en la situación actual que vivimos son constantes los problemas y motivos para perder la esperanza, y sucumbir al desánimo. Pero con las dos inocentes sonrisas de mis pequeñajas, ¿quién necesita más estímulo?.

 

P.D. : Las dos inocentes son Irene y Elisa Pardellas. Y por cierto, el pasado sábado día 14 fué mi cumpleaños, que ésta vez no lo publicité mucho por estar algo “afectado”. ¡Un abrazo a todos!