Archive for category Conducta Social

¿Decirlo o no decirlo?

Posted by on viernes, 9 octubre, 2009

te-quiero1

¿Creéis que las frases, o palabras,  a base de ser repetidas pierden su fuerza, su valor?

Sí, me dirijo a vosotros con una pregunta, pues deseo saber vuestra opinión sobre éste hecho. Pero os pondré en antecedentes para que conozcáis el contexto en el cual quiero situar ésta pregunta. Una vez opinaron que los «Te Quiero» que yo pudiera decir no tenían mucho valor, porque nosotros los canarios, al igual que los sudamericanos, somos muy «melosos» hablando y ésas expresiones las decimos «sin problema», que nos sale demasiadas veces a lo largo del día como para que sean con la intencionalidad con que pudiera decirlo cualquier otra persona.

O sea, que nos sale tan natural por nuestra propia costumbre cultural, que no tiene el mismo valor. A su vez, su frecuente uso le resta credibilidad. ¿Qué opináis?

Yo pienso que cada vez que se expresa un «Te Quiero» realmente se quiere manifestar un sentimiento. Por muchas veces que se repita no debe de tomarse como una costumbre, sino como el reflejo expresivo del amor y una demostración verbal de cariño. Y no creo que por usarla en repetidas ocasiones vaya perdiendo su valor, sino que aumenta y lo multiplica.

Las cosas cuando se repiten, ¿no aumentan?. Por ejemplo, si damos un beso, y al poco damos otro. E incluso otro más. ¿No son 3 besos? ¿O el primero ya no vale porque ya hemos dado 2 más, y por tanto pierde su valor?. Un poco enrevesado. Lo sé. Pero era para ilustrar el concepto de que las cosas repetidas suman, aumentan.

Por otra parte ésto pudiera ser, a veces, una escusa, un pretexto, o una forma de maquillar una presunta dificultad expresiva. Es decir, puede ser que nos escudemos en ésta afirmación para no tener que evidenciar ni reconocer que nos cuesta expresarnos en los mismos términos. Dicen que «la mejor defensa es un buen ataque». Entonces tal vez ataquen o intenten infravalorar ésa facilidad en expresar sentimientos ante posibles barreras emocionales que les impiden a ellos palabras y afectos similares.

Creo que la clave es el respeto mutuo a la singularidad de cada uno. Si alguien dice «Te Quiero» con naturalidad, no pensemos que le resta valor. Apreciemos su gesto también, al que sabemos que le cuesta, pero lo dice. Y somos comprensivos, pero también esperamos y deseamos su cariño, sus «Te quiero». No perdamos la oportunidad de demostrarnos amor. Si te significa un esfuerzo, lucha por sacar tu cariño fuera. Y no pienses que el que se repite desvirtúa su significado. Realmente lo hace porque así lo siente.

Por éso, yo seguiré diciendo miles de «Te quiero», no por canario, sino porque así deseo expresarme con mi mujer, mis hijas, mi madre, mis hermanos, mis amigos………….,y con todos vosotros. Saludos a todos, y ¡Os quiero!

¿Amistad o Amor?

Posted by on miércoles, 23 septiembre, 2009

En la actualidad es un debate clásico y no exento de polémica, las opiniones referentes a la amistad y el posible nacimiento  del amor entre amigos. Además ha sido siempre motivo de disputa entre parejas, que no ven con buenos ojos la amistad con personas de diferente sexo por evitar precisamente éso, que vaya más allá.

Dice el refranero popular que «el roce hace el cariño», y es lo que utilizan aquellos que creen que la amistad puede derivar en amor. Y para concretar más, es al sexo al que se refieren como lógica consecuencia de dicha amistad con el transcurso del tiempo.

Bien es cierto que a veces se podría  confundir  la posible complicidad y cariño que sentimos por algún amigo/a  con amor o atracción física. Pero cuando verdaderamente comprobamos los beneficios de la auténtica amistad, nuestros verdaderos sentimientos ocupan su lugar correcto, pues es mucho también lo que obtenemos con ella.

Yo creo firmemente en la amistad cómplice, tierna, cariñosa y fiel con personas de diferente sexo. Pero tampoco voy a negar que a veces puedan ocurrir casos en los que tus sentimientos parezcan confundirte. Sin embargo no creo que éso sea peligroso, sino que, al igual que en otras muchas facetas de nuestra vida cotidiana, a veces las dudas llaman a nuestra puerta, hasta que vemos todo con claridad y actuamos en consecuencia.

Otra cuestión es cuando creemos que hemos encontrado el amor verdadero, y tenemos miedo de perder una amistad valiosa para nosotros si damos el paso de expresarlo. Una canción que me recuerda siempre éste asunto es «If  I Told you that», un dueto  de Whitney Houston y George Michael. Algunas estrofas de ésta canción dicen así:

Si te dijera que
quiero confesarte algo.
Si te dijera que
quisiera agradarte.
Si te dijera que
siempre cuidaré de ti.
¿Que dirías?
Si te dijera que
Ahora dime cómo te sentirías
si te dijera que
siento algo más por ti.
Y sería un error
decir lo que esta en mi mente.
Lo siento, pero tengo que hacerlo.

Hemos sido amigos.
Pero con en el tiempo
lo que siento por ti

ha cambiado.
Pero renunciaría a éste amor
si me enterara que te soy indiferente.
Yo sé que sólo somos amigos.
Pero ¿que tal si decidiera
ofrecer algo más?

Espero que eso no dañe

nuestra confianza pues no quisiera que esto terminara.
No,no, no
Si piensas que la perderemos

Entonces preferiría que sigamos igual, siendo amigos.
Porque no quiero elegir entre las dos
cosas mas valiosas para mi.
Si nos damos una oportunidad
e intentamos un romance
espero que sea lo mejor
para ti y para mi

¿Qué dirías?

¿Te quedarías aquí conmigo?
¿Te atreverías a abrazarme?

Mis sentimientos me traicionarán.

Sabes que te amo.

Finalmente os dejo con el video de la canción, subtitulado al español. A mi me gusta mucho, por ése sonido Funky que me encanta. ¿Qué os parece a vosotros ésta controversia? ¿Diríais algo si éso hace que peligre vuestra amistad? ¿O os arriesgaríais? ¿Pensáis que es posible la amistad entre sexos? Un saludo a todos.

Cada problema tiene dos caras

Posted by on domingo, 6 septiembre, 2009

alzheimer

Hace pocos días conocíamos la noticia de la detención de una mujer, en Tarragona, por haber dejado a un anciano encerrado en un vehículo. Se le ha imputado un delito  de trato degradante y vejatorio, pues el anciano, de 83 años, apareció medio desnudo, atado y deshidratado. Al parecer, ya en alguna ocasión anterior habían acudido los Mossos d’Esquadra al domicilio familiar, alertados por los vecinos sobre supuestos malos tratos, pero no encontraron evidencias de delito.

Nuestra primera reacción siempre es el  rechazo y condena que sentimos hacia éste tipo de acciones y actitudes hacia nuestros ancianos, así como incomprensión y perplejidad. Sin embargo, yo saco «otra lectura». Cada problema tiene dos caras.

En éste caso, quisiera que pensemos, o reflexionemos, en las personas que se encargan del cuidado de las personas mayores, en especial de aquellas en las que la demencia o enfermedades como el Alzheimer, les deja con sus habilidades y facultades mentales mermadas.  Enfermedades degenerativas como ésta, imposibilitan y dificultan  sus actividades habituales e incluso problemas para hablar y expresarse con claridad. Entre los síntomas más frecuentes está también la pérdida de memoria y los frecuentes cambios de humor o personalidad, u otros síntomas como depresión o ansiedad.

Entonces, sin justificar, apoyar, ni compartir las formas, ni modos, de la noticia comentada al inicio, ¿podemos imaginar la vida de los que tienen que  aceptar dentro de la familia la responsabilidad del cuidado de éstos ancianos, totalmente dependientes de alguien que les ayude en todas las actividades diarias? No es nada fácil  de llevar, el cuidado de una persona mayor, donde no existen ni horarios, ni, en la mayoría de los casos, ayudas.

Además, éstos cuidados terminan afectando a la persona que los realiza de múltiples maneras, como favorecer cuadros depresivos, insomnio, agresividad, cambios de humor, suponer un gran gasto económico, tener problemas con su pareja, con otros hermanos o disminuir su rendimiento laboral.

Por éso creo que es una labor poco entendida ni valorada. Además las ayudas, tanto familiares como estatales son casi siempre escasas. ¿Por qué no existen más «Centros de Día», donde poder llevarlos para que éstos cuidadores puedan descansar o dedicarse a otras tareas? ¿Por qué no están subvencionados, o pertenecen al Estado, para que su uso no esté sólo limitado a aquellas personas que pueden «permitírselo»? ¿Por qué la escasez y encarecimiento abusivo de las Residencias o geriátricos, que hacen que no puedan ser asequibles a todas las economías? ¿Cree el Estado que es un artículo o asunto de lujo? ¿Por qué las ayudas a las personas dependientes son del todo insuficientes e ineficaces?

Ya véis que hay muchos interrogantes, en los cuales se hace evidente que hay mucho camino por recorrer para conciliar el derecho a vivir con dignidad, y a que nuestros mayores tengan los cuidados y atenciones que merecen. Quisiera compartir con vosotros una anécdota que me ocurrió cuando aún vivía en Tenerife. Un día veo a un anciano dando vueltas por el jardín de la Universidad. Se paraba, miraba alrededor, y reemprendía su camino. Parecía indeciso, y sin tener un rumbo claro, pues lo veía ir de un sitio a otro, a veces volviendo sobre lo ya andado. Así que al final me decido a ir a preguntarle:

– ¿Necesita ayuda?

– No sé

– ¿Buscaba algún sitio?

– Sí, mi casa

– ¿¿??

Entonces le miro a los ojos, y lo entiendo todo. En su mirada había terror, ansiedad, desconcierto, y una gran súplica: ¡ayúdame!. Así que llamé a la Policía, mientras intentaba calmarle diciéndole que estuviera tranquilo, que no habría problema. Cuando acudió al lugar la Policía, intentaban que él les diera alguna indicación de su dirección, pero él no fué capaz de dar ni su nombre. Finalmente, revisando su documentación encontraron una dirección y un teléfono, al que llamaron y pudieron hablar con su hija, que quedó en venir en su busca.

Cuando acudió su hija al lugar, estuvimos hablando un rato con ella, y nos contó que su padre sufría de Alzheimer. Parece que no estaba en una etapa muy avanzada, por lo que salía a pasear sin problemas por el barrio, pero que a veces le daban ésos episodios de pérdidas de memoria y no conseguía volver. Nos contó, entre lágrimas, que a veces no sabía encontrar el término medio entre cuidarle, y dejar que realizara su vida con dignidad, pues podía comportarse como una persona adulta, o como un simple e indefenso  niño. Y lo que más me sobrecogió, fué verlo a él en ése momento llorando en silencio, mientras oía el relato de su hija.

Cada problema tiene dos caras: la dignidad y el trato y respeto debidos de las personas mayores, y, por otro lado,  el día a día y  sacrificada ayuda de sus  abnegados cuidadores.

Amenazas de muerte para el matrimonio

Posted by on viernes, 28 agosto, 2009

matrimonios

Cada vez nos asombra menos cuando recibimos la noticia de la ruptura de algún matrimonio o pareja. Cada 4 segundos se rompe un matrimonio en España, a un ritmo de 357 rupturas diarias. En los últimos 5 años se ha incrementado un 277%. Son cifras que deben hacernos pensar si ésto es síntoma de modernidad y progreso, o más bien es que algo grave está sucediendo para que no podamos solucionar las amenazas de muerte que afecten a nuestro matrimonio y poderlo salvar.

Cualquier relación y convivencia está sometida a múltiples ataques e influencias, tanto internas como externas, que pueden ocasionar problemas e inestabilidad. Podríamos considerar que está dentro de la normalidad. Pero éstas crisis no tienen por qué terminar inevitablemente en ruptura.

Me gustaría comentar con vosotros algunas puntos donde creo que radican el inicio de éstas amenazas, y donde pienso, en mi humilde opinión, que podemos prestar más atención para solucionarlos y no dejar herido de muerte nuestro matrimonio.

Si observamos, por ejemplo, la imagen que ilustra éste post, podemos sacar algunas lecturas interesantes. Ella está enfadada, y él parece ser que no sabe por qué. ¿Qué nos indica éso?. Que la falta de comunicación es evidente. Y ésa es uno de los mayores problemas a los que se enfrenta el matrimonio. La conversación y el diálogo es un mensaje mil veces repetido, pero que no por ello le dedicamos la urgencia e importancia que se merece. También, porque a menudo se suma el orgullo a ésta falta de comunicación, lo cual añade más dificultad.

Si seguimos utilizando el ejemplo de la imagen, ella, movida por su orgullo, no sólo no comenta el motivo del problema con él, sino que ha tomado sus propias «medidas», instalando una pequeña alambrada entre ellos, a la que llamaremos silencio e indiferencia.

Nuestra pareja no tiene una bola de cristal para saber lo que nos pasa. Si no queremos perder tiempo innecesario, es vital para la salud de nuestro matrimonio que hablemos, y en un tono sereno y sincero, expresemos lo que nos ha disgustado o lo que no nos ha gustado, para que así nuestra pareja pueda dar su versión o explicación y se pueda encontrar una posible solución u otras alternativas que posibiliten una estabilidad y paz dialogada.

Tal como un herido que pierde sangre necesita ayuda y atenciones inmediatas y urgentes, debemos evitar perder tiempo con ésas posturas orgullosas, pues el muro de silencio que se forma sólo ayuda a que se abra más la herida y nuestro matrimonio sangre incontroladamente hasta su muerte. Esperar hasta que sea el otro el que hable, mientras esperamos una disculpa, o explicación espontánea, sólo hace que se pierda tiempo vital, y que otras heridas, que no habían sido curadas eficazmente,  abran más cicatrices y se acelere  nuestro doloroso final.

Por supuesto, como ya hemos hablado en algún post anterior, la forma de dirigirnos a nuestro pareja debe de ser respetuosa, en el tono y forma adecuado, y sin reproches, para que se forme la atmósfera de serenidad necesaria para que podamos hablar con sinceridad y cariño, si es lo que de verdad sentimos y si lo que queremos de verdad es zanjar las crisis con rotundidad y eficacia, y donde nuestro amor salga victorioso e indemne aumentando nuestra complicidad y nuestra confianza.

Otro punto importante, vital diría yo, es el sexo. Y no sólo me refiero a las relaciones sexuales en sí, sino a todo el amplio abanico de expresiones y demostraciones afectivas y sentimentales. Debido a la vida que llevamos, o al tiempo que llevemos como pareja estable, tendemos a relajarnos y caer en la rutina, obviando ése «alimento emocional» que todos necesitamos. Un beso, una caricia, un regalo, un juego de miradas, cualquier detalle que indique que nuestra pareja es importante para nosotros, que la tenemos presente, la valoramos y la amamos.

Importantísimo, también, es no solo demostrar ése amor, sino decirlo. Hay que expresar nuestro amor en voz alta. En ésto no vale el clásico «si tú ya sabes que te quiero». No, no. Cada vez que tengamos oportunidad, hay que tomar la iniciativa, sin esperar que sea el otro el que lo diga, y decir «Te quiero». Oír ésta expresión en boca de nuestra pareja, mientras nos mira a los ojos, es como si se abrieran las puertas del Paraíso, y nos llena de felicidad y alegría. Haz la prueba, y lo comprobarás. Necesitamos oírlo, así que no te reprimas. Recibirás como respuesta alguna demostración de afecto o cariño, seguro. Por lo que si así lo hacéis siempre, las demostraciones afectivas y amorosas no acabarían nunca.

Por último, lo más importante: aplicarlo. Todos conocemos y  sabemos de la importancia de las cosas que hemos planteado, así como de las pautas que pueden solucionar las amenazas de posible muerte de nuestro matrimonio. No he dicho nada que no supiérais. Ahora bien, siempre nos escudamos en múltiples excusas para abogar por la dificultad de realizarlas. No nos pongamos excusas, si realmente queremos vencer éstas crisis. Tomemos la iniciativa, actuemos. Seguro que después no caminaremos solos. Convéncete, aunque sea difícil, es posible.

Claro está que todo sería preferible con acciones, esfuerzo y compromiso por parte de los dos miembros de la pareja. Pero a veces nos encontramos con que nos es difícil lograr que nuestro compañero sentimental esté igualmente implicado en ésta lucha. Yo os propongo, si queréis, que le pidáis a vuestra pareja que lea éste post. Le decís que lo lea porque queréis saber su punto de vista, su opinión. Puede que así se inicie un pequeño coloquio entre vosotros que os ayude a encontrar vuestros propios puntos de inflexión en la relación, para mejorarla y cuidarla.

No me creo un gurú, guardián o maestro conocedor del secreto de la felicidad marital. Lo digo desde la más sincera humildad y la con única intención de ayudar, en la medida de lo posible, y si así lo deseáis. También a mí me ha servido de ejercicio reflexivo y recordatorio de las pautas que podemos usar para proteger nuestro matrimonio de las amenazas de muerte que recibe a diario, y donde no quiero perecer ni sucumbir.

¡No eres objetivo!

Posted by on domingo, 23 agosto, 2009

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– Estás guapísima, cariño. Ése traje, además, te queda genial.

¡Tú no eres objetivo!

En ésta conversación, entre mi mujer y yo, mi mujer me expresa su creencia de que cuando una persona te quiere, no es objetivo cuando realiza una observación como ésta. Para ella, cuando hay sentimientos por medio, se realizan «mentiras piadosas» para salvaguardar la estima de la persona que amamos.

Es un tema extenso, que siempre crea diferentes opiniones, pues está en juego también la sinceridad y franqueza que debe imperar en toda relación de pareja, así como la creencia de que si decimos la verdad ¡nos la jugamos!.

Es ya un tópico  éso de que no decimos toda la verdad porque si no nuestra pareja se pilla un enfado de campeonato. Sin embargo yo creo que se puede ser totalmente sincero, sin temor a enojar a nadie, si utilizamos un correcto uso de las palabras y las formas. En la medida que nos expresemos con franqueza, pero sin adjetivos o modos fuera de tono , la respuesta que obtendremos será el agradecimiento por la franqueza demostrada.

Lo mismo se puede decir en el sentido contrario. No podemos vivir siempre a la defensiva, y susceptibles, ante cualquier comentario que se refiera a nuestra persona. Tampoco dudar de la credibilidad, ni sinceridad de quien nos los dirige.

Además, no creo que el querer a alguien, que el estar enamorado, te convierta en un imbécil. A veces puede que sólo intentemos agradar a nuestro amado. Pero en general, los comentarios que realicemos serán sin maldad y sinceros. Y creo que la complicidad que debe residir en cualquier relación, hará que nos tomemos las cosas en su justa medida, aunque sean cosas que no queramos oir, o que dudemos de su veracidad. Si lo hacemos, violamos ése compromiso de lealtad y franca complicidad.

¿Qué creéis vosotros? ¿Se puede amar y ser sincero? ¿O se pierde realmente objetividad?

El sueño de la escalera

Posted by on miércoles, 5 agosto, 2009

Imagen1

Hace algún tiempo mi compañero, y amigo, Paco me relató un sueño que había tenido, y que le parecía curioso. La noche que me lo contó la pasamos especulando sobre su posible significado. Ése sueño me ha acompañado muchos años, en el cuál iba cambiando su interpretación según evolucionaba mi percepción de la vida.

En él se veía a sí mismo, y aparecía una escalera por la que subían corriendo muchas personas. Se acercó a ella y no podía ver a dónde dirigía, ni dónde acababa. Picado por la curiosidad, intentó preguntar a alguna de aquellas personas que subían velozmente por la escalera qué era aquello, o a dónde conducía. Pero estaban tan absortos en seguir subiendo por la escalera, que ni reparaban en su presencia y no pudo conseguir que ninguno se detuviera a responderle. Cuando al fin consiguió detener a uno, le dijo:

  • “¿Qué es ésta escalera?, ¿a dónde lleva?”
  • “ No lo sé, pero ¡corre!

Y a continuación continuó con su loca ascensión, sin siquiera mirar atrás a ver si mi amigo le hacía caso e iniciaba, a su vez, la carrera por aquella escalera. Mi amigo se quedó mirando cómo subían todas aquellas personas, a las que parecía no importar carecer del conocimiento elemental sobre el significado de la existencia de la escalera, ni su función, ni su propósito, ni si finalmente conducía a algún sitio. La única obsesión que tenían era subir sin parar, sin mirar a los “rivales” que corrían a su lado, incluso empujándose unos a otros, en su frenética carrera sin sentido, con la única excusa de que “lo hacen todos, todos corren, no pares, no lo sé, pero es así”, se decían unos a otros.

Así que él también empezó a subir corriendo por la escalera, pues incluso se estaba sintiendo preocupado y con cierta ansiedad, porque parecía que era MUY IMPORTANTE y apremiante que lo hiciera, al ver la actitud de los demás.

Finalmente, llegó a lo que parecía ser el final. Era una extensa planicie donde los que ya habían llegado anteriormente vagaban de un lado a otro buscando alguna explicación, asustados y confusos, pues allí no parecía “haber” nada. No aceptaban que acabara así, sin más. Mi amigo los veía deambular como sonámbulos, sin poder aceptar, ni asimilar, que quizá allí no estaban las respuestas ni el significado al enigma que les había hecho correr sin descanso hacia ése lugar.

Mi amigo decidió avisar a todos los que aún subían por la escalera, para que detuvieran aquella carrera sin sentido y sin propósito. Pero no se podía hacer oír entre la algarabía y jaleo de la masa. Una persona que se encontraba allí arriba, cabizbajo y alicaído, viendo su intención le dijo:

  • “Déjalos, aunque les adviertas, no te creerán”

Y así terminó el sueño de mi amigo, viendo cómo seguían subiendo más y más personas para encontrar aquél final desilusionante, y encontrándose él mismo perdido buscando respuestas.

Como ya os he dicho, estuvimos aquella noche aportando cada uno ideas de lo que podía significar. Sin embargo con el paso de los años es cuando he ido encontrando posibles soluciones al “enigma”.

Para mí aquello era una clara advertencia y aviso de cómo hay que vivir. Podemos comparar el camino que recorremos en la vida con aquella escalera. La mayoría de los mortales se afanan en una carrera exenta de motivaciones y sentimientos, siempre hacia arriba, hacia supuestas recompensas futuras. Quizá el verdadero sentido sea disfrutar de “cada escalón”, de cada uno de los momentos o situaciones que se nos presentan a diario. Si intentamos vivir cada una de ellas como única e irrepetible, nos sentiremos plenos, y no necesitaremos “llegar” a ningún sitio, pues nuestra recompensa es el milagro diario de las pequeñas cosas que nos hacen reír, disfrutar, amar o querer.

Al hacerlo, igual que en el sueño, nos encontraremos a nuestro lado a gente que no nos comprende y que nos urge a “correr”, a unirnos a la masa, a dejarnos llevar por la corriente que va pasando por nuestro lado, y donde vemos que nadie está feliz, ni saben el sentido de la vida. Sólo dicen que es así, que a todos les pasa igual. E igualmente si intentamos avisarles y advertirles, no nos creen ni nos hacen caso.

Finalmente, en el ocaso de sus vidas, descubrirán que su carrera, su manera de vivir no tenía sentido. No tendrán recompensas ni satisfacción por cómo han manejado su vida. Verán que tanto afán posesivo, que tantos anhelos por conseguir “algo”, les ha privado de una existencia más plena, tanto en vivencias como en emociones.

Por eso, he adoptado como forma de vida el disfrute diario de ir escalón a escalón, observando lo que me rodea, y dejándome sorprender por lo que me ofrece. Lo viviré plena e intensamente. Y sólo después pasaré al siguiente escalón.

¿Qué haréis vosotros, queridos amigos? ¿Disfrutaréis cada día de vuestra vida como algo único y maravilloso, paso a paso, escalón a escalón? ¿O os dejaréis contagiar de la “prisa” de los que corren obcecados por la escalera de la vida?.

Cómplices en la noche

Posted by on domingo, 17 mayo, 2009

Silencio. Oscuridad. Es el color de la noche, el sabor del sosiego y el transmisor de paz. En ésa complicidad se evaporan sueños y anhelos que fluyen desde nuestro interior y proyectan una fuerte luz al exterior. Entonces la noche se ilumina.

Es el reflejo de nuestro corazón. Es el reflejo de nuestros sentimientos.

Han estado todo el día escondidos, muy, muy escondidos, en lo más profundo de nuestro ser.

Tratamos así de protegerlos. Tratamos así de cuidarlos. Pretendemos ocultarlos así de amenazas, tal vez externas, tal vez internas. Sabemos de su fragilidad, de su debilidad, y no queremos que la agredan.

Nuestro corazón, nuestra mente, ocultan un gran secreto. Un secreto que nos da calor, que nos da alegría, que nos da esperanza e ilusión. Se nos dibuja una amplia sonrisa en nuestros labios. Se nos ensancha el pecho y vemos con otros ojos, con otra mirada.

Y sentimos paz. Todo porque recibimos, porque nos dan, un gran regalo. Recibimos amor. Recibimos cariño y ternura. ¡Y cuánto lo necesitamos!.

Necesitamos comprensión. Necesitamos complicidad y apoyo. Tal vez sea la única manera de sobrevivir. Tal vez sea lo único que importe en ésta vida tan deshumanizada, tan fría, tan material.

Por eso lo guardamos, lo ocultamos.

Puede que no nos comprendan, que no nos entiendan, o incluso que se burlen o mofen. No comparten esa, para nosotros, importancia vital. Intentarán convencernos. Intentarán demostrarnos su absurdo. Pero los que conocemos el auténtico sentido, el verdadero valor, su valor, no cederemos…….¡¡jamás!!.

Preferimos dejarnos embriagar por su sabor, por su poder. El amor nos permite caminar. El amor nos permite sentir. El amor, en definitiva, nos permite vivir.

Nos negamos a seguir en la corriente absurda de los muertos en vida, que no sienten, ni padecen, nada de lo que les rodea, mientras intentan aparentar lo contrario. ¡¡Jamás!!.

Tal vez sólo seamos unos pocos. Pero sentimos, damos y recibimos. ¡Estamos vivos!. Nos alegramos, sufrimos, lloramos, reímos. Pero sentimos.

Por eso, en la complicidad y el silencio de la noche, dicho secreto, dicho amor, trasciende más allá de nosotros, de nuestros sueños, y se convierte en luz. Se convierte en energía, en calor, que nos alimenta, que nos reconforta y que nos recarga.

Somos admiradores de la noche. Somos seguidores de la noche.

Ella nos transmite esa paz. Es nuestra aliada, nuestra amiga. Nos sentimos libres. Sabemos que por la mañana volveremos a la rutinaria realidad. Así que la noche es nuestro refugio, donde somos nosotros mismos. Y lo aprovechamos, lo vivimos, ¡vaya que sí!.

Mis sueños son libres. Sentimientos de amor y ternura recorren todo mi organismo. ¡Estoy vivo!.

La noche se acaba. El día comienza. Me abandono. Me dejo sumir, en la oscuridad diurna, en la oscuridad de cientos de rostros apagados, de cientos de personas inertes y muertas de sentimientos y afectos.

Pero tengo fe. Pronto la noche volverá.

¡¡ Y volveré a ser libre!!

«Sólo somos amigos»

Posted by on viernes, 15 mayo, 2009

Entramos en la cafetería y pedimos dos cafes. Observé que en una mesa contigua una pareja tomaba unos refrescos mientras charlaban animadamente. En un momento dado el hombre se incorporó levemente para darle un beso en la mejilla a su interlocutora, mientras cogía sus manos entre las de él y se las apretaba ligeramente. Sonreí complacido ante aquella demostración de ternura y afecto. Pero lo que sucedió a partir de ése momento me sumió en una profunda tristeza, a la vez que en una exaustiva meditación.

Mi compañero me comenta que conoce a uno de ellos y sonriendo, entre cínico e irónico, me afirma que quien le acompaña no es su esposa. Seguidamente le hace un gesto con la mano, a modo de saludo, a lo que responde igualmente aquél hombre. Mi compañero, sin embargo, no desviaba la mirada, mientras continuaba con aquella estúpida sonrisa en sus labios. El hombre de aquella mesa intercambia unas palabras con su acompañante y se levanta, dirigiéndose a la barra, cerca de nosotros, para abonar sus consumiciones. No oí lo que le preguntó o le pudo decir mi compañero, pero sí le oí decir a él: «sólo somos amigos». Tras pagar, se despidió y salió del lugar acompañado por aquella mujer. Mi compañero aún sonreía, y murmuró sin dejar de mirarlos: «¡sólo son amigos! ¡sí, ya, claro!».

A partir de entonces me pregunté interiormente por qué reaccionamos así por una simple demostración de cariño y afecto. En una sociedad tan deshumanizada y tan encasillada como la nuestra, es antinatural e inapropiado que un hombre y una mujer se demuestren su amistad dulce y tiernamente. A tal punto hemos llegado, que ni entre amigos del mismo sexo nos es permitido abrirnos y expresarnos cariño y amor. Con todo ello sólo nos estamos perdiendo lo único que realmente nos transmite paz a nuestro espíritu: el amor y el cariño que nos podemos dar unos a otros, sea del sexo que sea de donde venga ése sentimiento, como regalo sincero de amistad y cuyo verdadero valor es el de la complicidad mutua.

Por ello maldije a mi compañero, que había roto aquella magnífica visión de afecto con sus apreciaciones y sarcasmo estúpido y que, por otra parte, había provocado el desasosiego de aquella pareja que sólo estaban intentando mantener y transmitirse el calor de su amistad, obligándoles a marcharse y a expresar una innecesaria disculpa. Y maldije a ésta sociedad cuadriculada, cínica e hipócrita que intenta ahogar nuestra sensibilidad y nuestros sentimientos, privándonos de la recompensa de la amistad: el amor puro, sincero, fiel y verdadero, desinteresado y afectuoso.