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Inocencia ¿peligrosa?

Martes, 6 abril, 2010

Hace unos días nos encontrábamos con mi hija pequeña esperando la salida del colegio de su hermana. Es muy inquieta, así que no paraba de moverse entre las personas que allí estábamos. Las miraba, les sonreía, les decía “¡hola!”, y se agarraba de la mano de alguna madre o abuela. Finalmente, una de aquellas abuelas dijo: “Ésta niña se vá con cualquiera. ¡Vaya peligro!”.

No hice mucho caso al comentario, pensando que era algo anecdótico. Sin embargo, con el paso de los días han sido varias madres más las que lo han dicho, en términos parecidos, y ahora sí que me han hecho pensar o reflexionar, dada la repetitiva exclamación de alarma que expresan al ver la actitud abierta de mi hija hacia ellas, sobre todo la de darles la mano para caminar junto a ellas.

En primer lugar, vuelvo a comprobar que la gente se contradice muchísimo en sus comentarios. Unas veces les oyes decir que a su hijo, o nieto, no lo pueden dejar con nadie porque es demasiado inquieto, o porque se pone a llorar y extraña temerosamente mucho a la gente, etc, y éso les ocasiona problemas cuando les surge alguna circunstancia que les obliga a tener que dejarlo con algún familiar o amigo. Y, por otro lado, también ven como problema el que se vayan con naturalidad con otra persona, como en el caso de mi hija. ¿En qué quedamos? ¿Es un problema el que se quieran quedar con alguien o es un problema el no poderlos dejar? ¿?

Por otro lado, parece que sacamos las cosas de quicio sumando gravedad y peligro a todo aquello que tiene relación con nuestros hijos. Y no vivo ajeno a la realidad. Sé que en la actualidad los peligros y amenazas rodean  la integridad de nuestros hijos. Pero cada cosa tiene un tiempo y un momento. Además ellos también tienen que ejercitar su inocente facultad de aprendizaje y descubrimiento de cuanto les rodea. Me niego a tener que explicarles con 20 meses que tiene una, y 3 años la otra, el sentido de la maldad humana, y del peligro que pudiera provenir de sus congéneres. Ahora mismo, es responsabilidad de sus padres, su protección y cuidado. No veo que sea peligroso que ahora se vaya inocentemente a coger de la mano de nadie, porque yo, o su madre, estamos pendientes de con quién está o a dónde vá. Es NUESTRA RESPONSABILIDAD. Y la suya es la de investigar el mundo que las rodea. Yá llegarán los tiempos, dentro de algunos años más, cuando tengamos que explicarles otras “cualidades” humanas, y otras “caras” de la naturaleza humana. Además la vida misma les irá mostrando ésa otra realidad que no ven, ni deseo que vean, mientras son ésas inocentes y curiosas criaturas exploradoras. Como dije antes, cada cosa a su tiempo.

Además creo que a veces coartamos su normal aprendizaje y crecimiento, pues les evitamos que descubran las cosas por sí mismos, que es la base y pilar de su madurez intelectual. Es habitual, por ejemplo, oír en el parque exclamaciones como: “¡no te subas ahí que te vas a caer!, ¡no vayas por ahí que te harás daño!, ¡no corras, que te caerás!, ¡deja éso que te harás daño!, etc, etc. Les llenamos sus días con prohibiciones y advertencias, supuestamente por el peligro innato de sus acciones. Al hacerlo, no dejamos que aprendan de dónde surgen las consecuencias de sus acciones. Ellos sólo oyen prohibiciones, negaciones, pero no entienden de qué, ni por qué.

Creo que también hay que dejar que aprendan cuáles son ésos peligros por descubrirlos de su propia experiencia, en su propia piel. Así no sólo oirán una prohibición o advertencia, sino que recordarán cuál puede ser el resultado o consecuencia de ésa acción que querían hacer, por haberla “padecido” en algún momento pasado. Yo, por ejemplo, en el parque o ante situaciones que creo que pueden representar algún peligro, les dejo que lo hagan, bajo mi atenta supervisión, para que sepan lo que pude ocurrir, como por ejemplo caerse, para entonces ir a hablar con ellas y decirles: “¿Has visto? ten cuidado si te subes por ahí al columpio por que te puedes volver a caer igual que ahora y hacerte daño.” “Cariño, ten cuidado la próxima vez que quieras correr por ésas piedras porque te volverás a caer y te puede doler mucho”, etc, etc.

De ésa manera, pienso que no oirán sólo advertencias y órdenes, sino que sabrán que haciendo algunas cosas se pueden hacer daño porque son peligrosas. Y lo habrán aprendido por ellas mismas, no por nuestras continuas reprimendas. No estoy diciendo tampoco que hay que dejar que se quemen para que sepan lo que es el fuego. Pero algunas cosas podemos dejar que las experimenten y aprendan “en directo”, bajo nuestro control, para que saquen sus propias lecciones de situaciones reales, no sólo por palabras o dictados de sus tutores. Por éso los niños aprenden con tanta facilidad, porque tienen intacta su capacidad de asombro y curiosidad, y desde su inocente mirada todo es susceptible de aportarles nuevas enseñanzas. Nosotros, al contrario, hemos cerrado las puertas de nuestra inocencia, y ahogamos las voces de nuestro interior, por lo que no asimilamos ni aprendemos, ni crecemos. ¿Por qué queremos robarles o privarles de ésos años de inocente existencia?

Cada cosa a su tiempo. Por éso no puedo compartir el criterio de aquellos que veían en la inocencia de mi hija un peligro. Por lo menos, por el momento. Yo ahora veo un folio en blanco en el cual ellas están escribiendo lo que serán en el futuro, forjado por las experiencias, vivencias y enseñanzas que hayan ido adquiriendo en las diferentes etapas de su vida. 

Vosotros, ¿qué pensáis? ¿creéis que es peligrosa la inocencia de nuestros hijos?

Víctimas de la depresión

Sábado, 13 marzo, 2010

Es curiosa la manera en que la mente juega con nuestros recuerdos y nos trae imágenes de episodios pasados en los momentos más inesperados. En mi caso suele ocurrir en mis habituales y largas noches de insomnio, donde, acurrucado en mi cama, inmóvil y en silencio, mi mente divaga saltando de un tema a otro.

Hoy quiero contaros uno de ésos recuerdos, que anoche monopolizaron  las imágenes que mi mente insistía en que considerara, por muy doloroso que me resultara. Se trata de un episodio acontecido durante una etapa de mi vida en la que estaba sumido en profundas depresiones. Mi infancia y adolescencia estuvieron marcadas por profundos problemas y situaciones que me afectaban en gran manera, y de los que quizá también arrastro aún alguna herida o secuela. Esto ocasionaba que me encerrara en mí mismo, incapaz de asumir o entender aquello que me ocurría, o pasaba a mí y a mi familia.

En aquél entonces pasé algún tiempo en casa de mis abuelos. Como consecuencia de aquellas depresiones, pasaba días enteros encerrado en una habitación. No comía, no hablaba. Pasaba las horas, días y noches mirando un pequeño televisor en blanco y negro. No consigo recordar dónde estaban mi madre y hermanos en muchos de aquellos días. Sin embargo, mi mente sí revive hoy muchos de los pensamientos y sentimientos por los que atravesaba. Era una lucha mental interminable.

Y en un0 de aquellos días, ocurrió algo que me impactó: Apareció mi abuelo en la habitación, y se sentó a los pies de la cama, en silencio. De repente, se lleva las manos a la cara y comienza a llorar incontroladamente. Allí estaba llorando mi abuelo, aquél hombre corpulento y enorme, que había trabajado tanto bajo tierra, haciendo galerías subterráneas para explotar los recursos acuíferos, que había trabajado subiendo cientos de veces al pico del Teide, para extraer azufre que vender luego a los barcos que fondeaban en el Puerto de la Cruz. Allí estaba la persona que yo más admiraba de éste mundo, llorando desconsoladamente, mientras me suplicaba que me levantara y comiera algo, que no soportaba verme más así.

Aquello me produjo una gran conmoción emocional. Corrí a la cocina, a comer algo, mientras observaba con  asombro a mi abuelo, sentado a mi lado, cabizbajo e incapaz de mirarme. Se le veía hundido y afectado. Era la primera vez que le veía llorar. Jamás lo volví a ver así, ni siquiera al morir mi abuela.

Después de pensar toda la noche en éste suceso que mi mente se ha empeñado en revivir, he sacado una conclusión. Creo que el mensaje es que la depresión no afecta solamente al que la sufre en primera persona. También se debe considerar víctimas de ella a todas aquellas personas, ya sean familiares o amigos, que están cerca de quien la padece. Aunque, como en el caso de mi abuelo, quieran respetar tus silencios o ausencias, tu espacio, esto les termina afectando emocionalmente. Llevarán su pena, su angustia, en silencio. Pero sufren, y mucho, sin saber quizá cuál sería la mejor manera de brindar su ayuda.

Por eso, el que sufre la depresión debe redoblar sus esfuerzos en intentar vencerla, pues no sólo su vida, su día a día, está en juego, sino también la de todo su entorno. Las personas que les rodean llevan también su propia lucha emocional, afectados por ver al ser amado en tales circunstancias. Son víctimas de tu propia depresión, no por no entenderte, ni menosprecian tu mal, pero no saben cómo hacer que “remontes el vuelo”, y eso mismo les produce ansiedad y desesperación. Si sufres depresión, alza la vista, mira a tu lado, que seguro que alguien más acompaña tu dolor en silencio. No permitas que se rompan, como lo provoqué yo en mi abuelo. Sal de la oscuridad y verás que muchos estarán deseando acompañarte a dondequiera que requiera tu recuperación, que tendrás ayuda, apoyo y comprensión. Sólo es cuestión de no pensar que en esto estás solo. Recuerda, tú sufres, pero otros contigo también.

Abuelo, ¡¡ Perdóname!!  He intentado ser mejor a partir de aquello. No siempre lo consigo, pero te tengo siempre presente. Ojala dondequiera que te hayas ido, tu alma, tu espíritu, haya obtenido la paz y el descanso que te merecías. Tus lecciones de vida siguen vigentes aún para mí. ¡Te quiero, abuelo!.

Diálogo interior

Sábado, 6 marzo, 2010

-         Eres demasiado rígida. Relájate un poco y disfruta del momento.

-         Si todos fueran como tú no sé qué sería de nosotros.

-         ¿Por qué?

-         Porque todo acto acarrea consecuencias, y hay que intentar anticiparse a ellas para evitar que nos afecte.

-         Sí, pero también puede que evites hacer cosas por miedo a ésas consecuencias y sin embargo no sean para tanto. O que te pierdas la vivencia en sí.

-         Si causa dolor, prefiero evitarla.

-         Pero no lo sabrás si pones en cuarentena todo lo que sucede ante ti.

-         Si te expones, puedes salir perjudicado.

-         O beneficiado.

-         ¿Qué quieres decir?

-         Que a veces hay que dejar que ocurran las cosas, experimentar, probar.

-         Eso es de insensatos.

-         No lo creo. Sólo así podremos descubrir nuevas sensaciones o experiencias. Algunas puede que resuelven ser dolorosas o poco gratas. Pero, ¿crees que merece la pena perderse las buenas, o placenteras, por miedo?

-         No es miedo, es precaución. No todo lo que viene a nosotros es bueno.

-         Y no todo es malo.

-         ¿Prefieres curar que prevenir?

-         ¡Prefiero VIVIR! , y puede que a veces padezca dolor, pero sólo así me aseguro que también tendré momentos gloriosos, tanto de emociones como de sentimientos.

-         Eres un soñador. Yo soy realista.

-         Tolstoi dijo una vez: “La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón”.

-         ¿Y qué quieres decir con eso?

-         Que a veces deberíamos dejar de cuestionarnos tanto las cosas, y sólo así obtendremos grandes enseñanzas. Tanto para bien como para mal, si ponemos una barrera ante nosotros ni aprenderemos de unas ni de otras. Cada cosa, cada vivencia, puede darnos una enseñanza vital. Aparte de la experiencia vivida en sí misma. Crecemos cuando aceptamos el negro y el blanco en nuestras vidas, y toda la restante gama de colores que nos ofrece la paleta de la vida.

-         Ahora te pareces a mí.

-         ¿Por qué?

-         Porque estás razonando.

-         Pero sin poner obstáculos que frenen mi avance. Sigo caminando mientras experimento, aprendo, intento, pruebo, etc.

-         Por cierto, ¿cómo me dijiste que te llamas?

-         Yo me llamo CORAZÓN. ¿Y tú?

-         Yo me llamo MENTE.

-         Deberíamos de dejar de estar siempre enfrentándonos, y ser socios, compañeros de viaje.

-         Difícilmente podré dejar de pensar, de razonar. No puedo dejar que actúes por ti mismo. Eres peligroso.

-         Eso se llama miedo, ya te lo he dicho. Por el contrario si caminamos juntos, podremos vivir emociones, experiencias, pasiones, etc, mientras aprendemos de ellas y sacamos conclusiones para el futuro. Se trata de no poner límites a nuestra existencia emocional.

-         Pero, ¿y si hay dolor?

-         Lloramos, aprendemos, y seguimos caminando. Igualmente, también habrán momentos felices que disfrutaremos con toda la intensidad que podamos, y seguiremos caminando. Todo será un suma y sigue. Pero creceremos en sabiduría y emoción si vamos juntos, lo vivimos juntos, y lo aprendemos juntos. ¿Qué te parece?

-         No sé. No te prometo nada. Pero lo intentaré.

Volar con alerta meteorológica

Domingo, 21 febrero, 2010

 

A continuación quisiera compartir con vosotros la crónica del vuelo que realicé el pasado Jueves, con dirección a Tenerife (Islas Canarias), y donde había alerta meteorológica por lluvias intensas y fuertes vientos.

Como siempre en éstos casos  yo pensaba que, a veces,  la alerta era más bien una cuestión de prevención, que  una amenaza real que implicara un cierto riesgo real. Así que sin miedo, ni preocupación, me encuentro acomodado (bueno, es un decir, pues más bien estaba “estrechado”) en el asiento de un avión que había partido de Madrid con dirección a mi querida tierra natal.

Observando a través de la ventanilla el extenso mar de nubes que se perdía en el horizonte, mi mente divagaba. Pensaba, recordaba. Pero estaba tranquilo. Quizá el contemplar aquél cielo azul, aquellas formaciones nubosas, hacía que mi corazón estuviera en calma y mi mente experimentara cierto trance. Pensé en José, el Comandante de Mery, y en lo afortunado que era pudiendo sentir ésas emociones a diario. ¿O quizá fuera ya para él algo rutinario, carente de emoción o sentimiento?. Tenía cierta curiosidad.

De repente, unas continuas sacudidas del avión hacen que vuelva a “la realidad”. Se enciende la señal luminosa de abrocharse el cinturón, y la voz de una de las azafatas anuncia que estamos pasando por una zona de turbulencias. Nada raro, pienso. Muchas veces me había sucedido en vuelos anteriores. Sin embargo, éste parecía que estaba durando más de lo habitual. Habían momentos de calma, pero eran continuos los violentos movimientos y oscilaciones del aparato. Subía, bajaba, se oían extraños sonidos. Ahora sí que empezaba a inquietarme. Y al mirar a los demás pasajeros, observé que la preocupación era general. ¡¡ ÉSTO ESTABA DURANDO DEMASIADO !!.

Después de un tiempo que se nos hizo eterno, y que no sabría decir cuánto fue, se oye la voz del piloto a través de la megafonía:

” Señores pasajeros, les habla el Comandante (——-). Como pueden comprobar estamos pasando por continuas zonas de fuertes turbulencias debido a las adversas condiciones meteorológicas. Ésto está provocando que la duración del vuelo sea más larga de lo habitual debido también al fuerte viento frontal que estamos padeciendo en ésta ruta. Ya estamos en espacio aéreo canario, y como saben hay situación de alerta meteorológica. La situación en el Aeropuerto de Tenerife Norte es de lluvia intensa y fuerte viento, y 13 ºC de temperatura. En unos 30 minutos tomaremos tierra, pero los últimos 10 minutos serán de fuertes turbulencias.”

¡Hala! ¡Yá lo había soltado!  ¡¡Mecagoentooloquesemenea!!  ¡Si vamos a morir, ¿para qué nos avisas?! Ahora sí que observo las caras y gestos tensos del resto de pasajeros. Nos mirábamos unos a otros con preocupación, y comentando que tendría que ser peor que lo que ya habíamos pasado para que nos avisaran así. La espera se hacía angustiosa. Pronto tendrían que comenzar nuevas sacudidas y bamboleos. A todos se nos aceleraba el pulso, el ritmo cardíaco. Según pasaban los minutos, aumentaba el nerviosismo. Saber lo que vá a pasar de antemano no me estaba gustando. Ni a mí, ni a nadie. Me esperaba lo peor  en cualquier momento.

¡Y empezó todo!. Si durante el vuelo, habían sido desagradables éstas turbulencias, ahora no encontraba palabras para definirlo. Subíamos y bajábamos, oscilábamos a derecha e izquierda. El estómago parecía que seguía otro rumbo distinto a nuestro cuerpo. A veces se te cortaba la respiración cuado había un cambio brusco en la altitud del aparato, hasta que te recuperabas del susto.

A mi alrededor se sucedían los comentarios del tipo: “¡Ay, Dios mío!” “¡A mí me vá a dar algo!” “¡Que pare ya!” “¡Ay,Señor!” “¿Pero cuánto falta?” “¡Joder!” “¡Ay, mi madre!”. Y todo ello acompañado de suspiros, o más bien, resoplidos, de angustia, de nerviosismo, de impaciencia. “¡Bufff!”. Nos mirábamos. Las manos sudaban. Las piernas no paraban quietas. Miradas furtivas al reloj, a la ventanilla.

“Comandante a tripulación: Preparados para aterrizaje inmediato”

¡¡ ¿Pero dónde, pedazo de ——–? !! Mirábamos todos asustados a través de la ventanilla y ¡no veíamos nada!. Parece que estábamos entre las nubes, o entre la niebla, o lo que sea. ¡Pero allí no se veía nada!. ¡¿Dónde quiere aterrizar éste?!. Y casi que nadie respiraba, esperando el momento del impacto de las ruedas con el asfalto de la pista de aterrizaje, o contra el mar, o contra un edificio, o contra fuera lo que fuera que tuviéramos debajo.

¡Y se produjo el milagro! En un segundo se disiparon las nubes, y vimos la pista de aterrizaje a escasos metros. El avión se balanceaba peligrosamente. Yo miraba las alas, a través de mi ventanilla, y me preocupaba su vaivén a la hora del aterrizaje ¿no tocarán el suelo?. Un segundo más, y…… ¡contacto! ¡aterrizaje!…miedo….miedo….todo se mueve, nos vamos para un lado…..las alas ……gritos…….¡ por Dios !  ¡que pare ya!…frenando…frenando….. bufff… ¡NOS PARAMOS! ¡Síííííí!!!!!!.

Un largo y mantenido aplauso de la totalidad de los pasajeros acompañó la rodadura del avión hacia la terminal del Aeropuerto. El aparato se movía balanceado por los vientos que golpeaban la isla, pero ya no nos importaba. ¡Estábamos en tierra!.

” Bienvenidos al Aeropuerto Tenerife Norte. El comandante ——— y la tripulación desean que el vuelo haya sido de su agrado, y esperamos verlos de nuevo a bordo. No olviden recoger todo su equipaje de mano y objetos personales. Gracias por elegir nuestra compañía  y feliz estancia en Tenerife.”

¿Pero por qué se empeñan en seguir el “procedimiento” o “protocolo” habitual”? Decir dicho mensaje rutinario de despedida no me parece normal ni correcto ahora. No se ajusta a la realidad, ni al momento presente que hemos vivido. Hay que improvisar un poco y adaptarse a las circunstancias. Me pareció un mensaje fuera de lugar e inapropiado. O no decir nada, o poner algo de humor hubiera sido lo mejor. Yo hubiera dicho:

“Bienvenidos a Tenerife. Gracias a Dios, aquí estamos. Les deseamos que en su próximo vuelo las condiciones sean mejores. Si nos eligen para volver a volar, se lo agradeceremos. Si no vuelven a volar, lo entenderemos. Esperamos que sanen pronto sus taquicardias y vuelvan a sonreír lo antes posible. Ojalá sus estómagos no salgan afectados en exceso de éste vuelo, ni sus esfínteres lo padezcan. Si fuera necesario, las azafatas estarán encantadas de proporcionarles toallitas húmedas, para una mejor higiene, y también les podrán suministrar algún ansiolítico para la ansiedad ocasionada. No olviden recoger su equipaje de mano, así como las bolsas de vómito usadas, lo cual le agradeceremos. Que pasen una feliz estancia en Tenerife y gracias por elegirnos para volar, a pesar de las circunstancias.”

Jajaja, es una broma, pero al menos sí hubiera sido más acertado adecuar el mensaje final de la tripulación, obviando el habitual por alguno más sensato. Al menos es mi opinión, y la de otros pasajeros que se echaron a reír cuando lo oímos. Está claro que el comandante ni la tripulación tienen culpa de lo sucedido, pero era evidente también que el vuelo había sido de todo menos agradable. Y es que a veces se sigue la rutina sin pararse a pensar si en un momento dado no fuera lógico, y fuera más apropiado hacerlo de otra manera.

Tan sólo decir que el aplauso final  al piloto y su tripulación, fué totalmente merecido pues, al fin y al cabo, llegamos a tierra bien, y realizando un aterrizaje perfecto a pesar de las circunstancias. Por mi parte me reservaré la opción de elegir mejor si en otra ocasión vuelvo a volar con alerta meteorológica, o bien me quedo en casa.

Nota del autor: Basado en hechos reales.

Tengo “el mal del cangrejo”

Domingo, 31 enero, 2010

Aunque el refranero popular diga “Vas para detrás, como los cangrejos”, yo, que tantos cangrejos he observado en mi tierra natal, opino que van para los lados, caminan lateralmente. Y ése es “el mal” que creo que tengo, pues desde hace algún tiempo creo que mi día a día transcurre linealmente, que ando de un lado a otro, pero sin avanzar.

Ésto se refiere, principalmente, a lo que atañe a la búsqueda de empleo. Y es que mi “jornada” comienza cuando dejo a mi hija en el colegio, y paso toda la mañana entregando CV de empresa en empresa, recorriendo polígonos y calles de la ciudad. Las tardes las dedico a mis dos pequeñas, pero por la noche me pongo a enviar los CV a empresas que contacto a través de la Red, vía mail. Y así todos los días.

¿Qué sentimientos experimento? Muchos y muy variados. Y éso se debe a que te encuentras con que somos muchos los que estamos así. Coincido en muchas empresas con otras personas que, como yo, acuden a dejar sus CV.  Al cruzarnos las miradas, puedo entender lo que siente un pescador que está en un rincón de la orilla sentado tranquilamente, intentando pescar algo, y observa que llega otra persona a situarse próximo a él: “!Me ahuyentará la pesca! ¡Lo poco que haya, seguro que se lo lleva ahora él!”,etc.

La situación actual, de baja creación de empleo, hace que veamos a los demás como adversarios, como rivales. Por un lado nos enoja. Pero también provoca que nos decaigan los ánimos. Y peor aún son muchas de las actitudes y malos modos de aquellos sitios a donde acudimos, con cierta esperanza, a preguntar sobre alguna posibilidad de empleo, donde ni te miran a la cara. Se limitan a alargar la mano para que les dejes un CV, para luego depositarlo en una bandeja cercana, donde observas que hay muchos más, y ni se molestan en decirte nada más.

Todo ello hace que constates que para ellos se ha convertido en algo rutinario la recepción de CV, y que en el supuesto caso de que necesiten a alguien tienen tantos candidatos como para crear 20 nuevas empresas. Por no decir que las frases que nos dicen en algunos de éstos lugares hacen que el poco optimismo que tengas sucumba: “Ya sabes cómo está todo” , “Por el momento no hay nada”,  ”La cosa está muy parada, hay que esperar”, etc. ¡Si éso yá lo sabemos! ¡Que somos nosotros los que estamos en paro, yendo de un sitio a otro con las mismas respuestas!.

Para colmo, si tienes la suerte de conseguir  una entrevista para una supuesta oferta laboral, compruebas que para muchos empresarios éste año les está viniendo muy bien para poder desarrollar sus técnicas mafiosas. Te exigen mil requisitos, y te ofrecen cantidades salariales y condiciones laborales que te hacen sonrojar de vergüenza ajena: “¿Me lo estará diciendo en serio?”. Pues sí, lo dicen muy en serio, y encima te miran con desprecio e indulgencia, como si te estuvieran haciendo un gran favor y no debieras tener ninguna objeción.

Tampoco ayudan  mucho las noticias que leemos en los diarios o vemos en la televisión. Los mensajes que recibimos de los políticos no hacen precisamente que alberguemos muchas esperanzas de mejora de la situación actual. Además ya hay muchos estamentos y estudios europeos e internacionales que auguran que la economía española será la única que no crezca éste año, y que estaremos a la cola de Europa en la recuperación económica.

¿Consecuencias de todo ésto? Te pasas los días pensando………..pensando …….. pensando ………. pensando…….. pensando ………. pensando. Tus ánimos decaen y tu carácter experimenta cambios que no te agradan. Toda la familia se vé afectada. Aunque uno no quiera, tu paciencia con las niñas disminuye, estás más irascible. Tu relación de pareja experimenta silencios, cada uno con su particular preocupación.  Un espíritu jovial y alegre puede llegar a ensombrecerse y apagarse, debido al sentimiento de culpa, debido a la preocupación de no encontrar soluciones siendo tu responsabilidad, etc . Puede que necesites más apoyo, más comprensión. Pero como los dos miembros de la pareja pasan por preocupaciones similares, la tan ansiada ayuda te puede parecer precaria, pues ambos tienen que luchar contra sus propios “demonios” y miedos.

Afortunadamente, siempre parece que sale el Sol, o un bello arco iris, tras la tormenta. No es que se hayan arreglado o solucionado los problemas, pero tomas conciencia de tu estado y te reafirmas en tu intención de que no pase un día más dejando que todo ésto afecte a tu familia negativamente. Yo así lo estoy intentando. Me he jurado a mí mismo, y a mi mujer, que voy a intentar recuperar con todas mis fuerzas, mi estado emocional y anímico anterior. Voy a intentar seguir con mi búsqueda laboral, pero sin dejar de tener presente que mis hijas son lo más importante, y que ellas esperan a un  padre amoroso, que entienda sus “peculiares”  comportamientos, juegos y travesuras, y no pierda la sonrisa ni la paciencia con ellas.

Para mí, la estabilidad económica que debo procurar a mi familia es primordial, pero también son fundamentales las relaciones afectivas y emocionales. Para éso también necesito el apoyo de mi pareja, para que juntos podamos sobrellevar todo ésto, pero procuremos que no nos afecte en nuestra relación. Está claro que cada uno tiene una manera de enfrentarse a los problemas, y afecta de una manera distinta. Pero si no descuidamos la parte afectiva, los momentos de cariño o de ternura, la complicidad y unión entre ambos aumentará y ganaremos en confianza y esperanza en un pronto arreglo de la situación. Y, por supuesto, éso hará que lo que perciban y reciban nuestras hijas también sea amor, comprensión y cariño.

Así lo deseo, y así lo espero. Ojalá pronto comience nuevos “andares”, nuevas formas de moverme, para abandonar el “mal del cangrejo” y pueda desplazarme hacia adelante.

Música que emociona

Jueves, 7 enero, 2010

Hay canciones que me producen una gran emoción, e incluso llego a estar próximo a las lágrimas. Y ésto se debe a que te llegan muy hondo. Desde que se inician los primeros acordes, sientes emoción. Y encima si la letra acompaña aportando unas bellas palabras de amor o sentimiento, hace que te sientas próximo a la historia y te identifiques con el mensaje.

Una de éstas canciones es “Halo”, de la cantante estadounidense Beyoncé. Es una preciosa balada, con una suave melodía de piano que transmite fenomenalmente emociones y unos bellos sentimientos. La canción, que fué originalmente ofrecida a la cantante británica Leone Lewis, está magníficamente interpretada por la cálida y sensual voz de R&B de Beyoncé.

“Halo” significa “aura” o “aureola”, como la luz o brillo que llevan los ángeles. Pero en ésta canción se refiere al alma, bondad o luz propia con el que brilla nuestro ser amado. Leyendo un poco su letra, se nota la admiración y amor que podemos sentir hacia otra persona. Algunas estrofas dicen así:

¿Recuerdas las paredes que construí?
Pues cariño se están viniendo abajo
Y ni siquiera presentaron batalla
Ni siquiera producieron un sonido
Encontré una manera de dejarte entrar
Pero, realmente nunca tuve dudas
Estando en la luz de tu halo
Ahora tengo mi ángel

Ahora miro en todas partes
Estoy rodeada por tu abrazo
Cariño, puedo ver tu halo
Sabes que eres mi gracia salvadora
Eres todo lo que necesito y más
Está todo escrito en tu cara
Cariño, puedo sentir tu halo
Reza para que no se apague

Se entiende claramente cómo, a pesar de que hayamos podido construir muros que nos protejan emocionalmente, cuando llega ésa persona amada y especial, todo se derrumba, y deseamos que entre en nuestra vida. Cuando amamos así, no tenemos dudas, y sentimos que estamos junto al ángel que deseamos y el que nos transmite la paz salvadora que necesitamos. Y es por lo que rezamos que no se apague, que no acabe nunca.

Os dejo con el vídeo de la canción, subtitulado para que disfrutéis de la canción en su totalidad. Subid el volumen y dejad que ésta maravillosa melodía penetre por vuestros oídos y llegue hasta vuestro corazón. Yo la oigo constantemente. Espero que la música os emocione tanto como a mí, mientras doy gracias a todos aquellos que hacen posible letras y melodías tan sentimentales como ésta.

¡Deberían encerrarte!

Sábado, 26 diciembre, 2009

Deberían encerrarte,

por pasear tu cuerpo desnudo ante mí.

Con impunidad.

Tal vez con maliciosa intención.

O con inocencia.

Pero despiertas mis pasiones.

Anhelo tu presencia.

Deseo poseer tu piel,

perder la noción del tiempo besándote,

olvidarme del mundo mientras te acaricio.

Deberían encerrarte.

Someterte a juicio.

Sufrir una condena.

Por tirar los muros con los que me protegía.

Ahora inútiles ante ti.

Por ignorar mis miradas

¿No lees nada en ellas?

Me produces un torbellino de emociones.

Mi mente te desea.

Mi corazón sufre la espera.

Eres la protagonista de mis fantasías e ilusiones.

Pero también de tormentosas noches de vigilia reflexiva.

Quizá sea a mí a quien deberían encerrar.

Pues en éste mundo congelado emocionalmente,

mantengo vivos mis sentimientos por ti,

y alimento mis días observándote,

pues mi espíritu suspira por ti

y mi alma reside en la esperanza de tu amor.



Lágrimas rosa

Martes, 8 diciembre, 2009

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Mil veces me repiten que la vida no es de color rosa, que me resigne al oscuro presente y el sombrío e incierto futuro. Pero hoy me he rebelado. Y éso se debe a que estoy rodeado de belleza. Irónicamente sonrío, pues precisamente predominan diferentes tonalidades rosas.

Observando mi entorno mi espíritu se vá llenando de colores y emociones.

Mis hijas juegan plácidamente a mi lado. Estamos sentados en el suelo, en la tierra. Las observo mientras hunden divertidas sus manos en la tierra suelta, e inventan mil edificaciones y juegos con las piedras y objetos diversos que se encuentran. Su actividad y curiosidad no parecen tener fin.

De repente, las lágrimas brotan de mis ojos. Pero no hay dolor. Una mezcla de alegría, amor y paz llena mi corazón y hace que las emociones se desborden. Los sentimientos a veces pierden el equilibrio al que queremos someterlas  y hace que nos sorprendan espontáneas reacciones emotivas como ésta.

Sin embargo, no hay angustia o pena en mi apacible llanto. Más bien siento gratitud. No me imaginaba la plenitud que siento al ver a mis hijas. Aunque hay mucho de sacrificio  y dedicación, no concibo una vida mejor que la que disfruto junto a ellas.

La belleza de los espacios naturales también me transmiten paz. La sinfonía de colores y olores que me regala la Naturaleza me hace feliz. Rodeado de éstos colores es imposible no embriagarse y enamorarse de su belleza.

Las gotas que recorren mis  mejillas caen al vacío, pero son atrapadas en los pétalos y hojas de las rosas que acompañan mis pasos, y las convierten en lágrimas rosa.

¡¡Cuántas emociones!!

¡¡Cuánta belleza!!

Es verdad, la vida no es de color rosa, pero el color rosa que hoy es testigo y portador de mis lágrimas representa el brillo de un corazón alegre y agradecido de poder vivir y  disfrutar de tanta belleza, sea física o emocional.

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P.D.: Fotos ALEX PARDELLAS