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Sociedad de la Hipocresía

Posted by on martes, 9 febrero, 2010

El Diccionario de la Real Academia Española define  la hipocresía como «Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan». O, dicho de otra manera, es un tipo de mentira, pues intentamos mantener creencias, opiniones, virtudes, sentimientos,etc, que en realidad no tenemos.

Todo ello contribuye a que constantemente estemos rodeados de falta de honestidad y sinceridad, y el engaño sea la conducta que el conjunto de la sociedad utilice en sus relaciones interpersonales, pues estamos siempre escondiendo nuestras intenciones, o nuestra personalidad, o nuestras verdaderas opiniones.

Y éso hace que unas veces me parta de risa, y otras me enfade tremendamente. ¿Por qué?, porque la gente se contradice continuamente y tienen estados de opinión cambiantes e incoherentes. A veces resulta ridículo, y otras ofensivo. Una cosa es que alguien se autoengañe hipócritamente, y otra que piensen que somos tontos. Pondré ejemplos de algunas de ellas.

Una cosa con la que me río mucho, es en lo referente a la opinión o comentarios que hacemos sobre ciertos espacios o programas de televisión. Según éso, la cadena más vista ¡sería La 2! jajaja. Así que no entiendo las audiencias de «Gran Hermano», «Sálvame», «DEC», etc, porque a cualquiera que le preguntes te dice: «¡yo no veo éso!».jajaja. Por favor, menos hipocresía. Si lo ves, lo ves. Y lo mismo es aplicable a ciertos personajes, o personajillos, del mismo medio, donde decimos que no los vemos, y sin embargo nos sabemos casi todas sus «andanzas», y son el tema de muchas tertulias, pero donde si nos preguntan decimos que lo que sabemos es por lo que nos cuentan, que nosotros no lo vemos. Seamos sinceros, que nadie te vá a decir que eres un inculto por verlo, que son miles los españoles que lo hacen, ni tampoco creeremos que eres un intelectual por decirnos que ves documentales.

Otro asunto donde abunda la hipocresía es en lo relativo a los «enchufes». Por ejemplo cuando nos enteramos que alguien obtuvo un puesto laboral mediante él, o cuando vemos que alguien se puede saltar una cola de espera o fila en algún organismo oficial, o en cualquier otro sitio, y empezamos a criticar y maldecir. No seamos hipócritas y falsos. ¿Quién no utilizaría un trato de favor, «manga», o «enchufe», de poder disponer de él? Decir lo contario es mentirnos a nosotros mismos, o hacerlo por envidia. Por lo menos, si «sufrimos» ver delante nuestra algo así, pues mantenernos en silencio o si creemos que se puede reclamar algo, hagámoslo oficialmente, si así lo deseas. Pero a mí me parece que lo olvidamos conscientemente si en otro momento somos nosotros los que podemos acudir a alguien para que nos «ayude». ¿Quién no piensa en algún posible conocido cuando te enfrentas a algún trámite, asistencia médica o administrativa,etc, para llamarle y ver si nos puede ahorrar tiempo, filas, esperas, o trámites? Hablar o criticar, es muestra de hipocresía si luego nosotros somos así, también, si tenemos la oportunidad.

Pero quizá la peor de las hipocresías sean las que tengan que ver con los sentimientos y la forma de relacionarnos unos con otros. A veces cuesta saber cómo es realmente alguien, pues notamos con claridad sus «cambios», de actitud, personalidad, opiniones,etc, según sea el momento, lugar o forma en que se desarrollan los acontecimientos, y donde apreciamos claramente incongruencias o incoherencias. Yo me siento desconcertado cuando observo cómo se contradicen por ser, aparentar, o demostrar, cosas que en realidad no son , o no creen, no entienden o no conocen.

¿Por qué somos así? ¿Por qué ocultarnos? ¿Por qué tanta falsedad? ¿Nos sentimos débiles si somos sinceros? ¿No nos damos cuenta de nuestras propias contradicciones? La hipocresía es un mecanismo de defensa, que sólo alimenta el engaño y la doble moral. Ojalá dejemos atrás dicha conducta, y nos relacionemos abierta y sinceramente, sabiendo que contamos con el respeto y comprensión de nuestros semejantes.

¿Ayudamos realmente a las víctimas del maltrato?

Posted by on miércoles, 25 noviembre, 2009

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Hoy es el Día Internacional contra la Violencia de Género. Hemos oído los clásicos mensajes de condena y repulsa. Muchos de nuestros amigos se han sumado a ésta campaña, añadiendo en sus blogs el lazo que simboliza la lucha contra ésta lacra de nuestra sociedad. Y se sigue insistiendo en la importancia de que las mujeres que lo sufren denuncien a sus verdugos.

Pero, ¿realmente ayudamos a las víctimas del maltrato?. Lamentablemente, y teniendo en cuenta los casos reales que conozco de mi entorno, tengo que responder que no. Nos quedan aún muchos asuntos de vital importancia para ellas en las que no se están realizando los esfuerzos necesarios. Parece ser que todo el ímpetu de éstas campañas consiste en condenar a los responsables del maltrato, y repetir una y otra vez en que las mujeres denuncien. Todo son simples palabras, que a ellas, las verdaderas víctimas, no les facilita en  nada decidirse a dar el paso.

¿Nos hemos puesto en el lugar de cualquiera de ellas a la hora de decidir su siguiente paso? A los miedos inherentes de enfrentarse a su agresor día a día, tienen que oír incesantemente la consigna de que lo denuncien. Pero no ven medidas reales. ¿Qué hacer el día después de la denuncia? ¿Cómo vivirán? ¿Quién les ayuda a recuperarse psicológicamente?

Todo se suma y les parece que es un muro difícil de saltar. De los casos que conozco, el apoyo psicológico se resume en que te proporcionan una serie de información sobre centros y asociaciones a los que puedes acudir. Y vas sola. Y allí te citan para dos o tres meses después. ¡Justo cuando más lo necesitan, la ayuda vendría meses después de denunciar! ¡Lamentable!. Además, una vez puesta la denuncia, y dependiendo de la gravedad de cada caso, no se toman medidas preliminares, y son muchos los casos en los que la mujer se tiene que ir de su casa pues el agresor seguiría con la convivencia a la espera de juicio. O sea, que encima que denuncian tienen que esperar las clásicas demoras de nuestro sistema judicial, para que se resuelva su situación.

Aparte de todo éso, pero no menos importante, es la supervivencia económica. Muchas no denuncian porque su única fuente económica de ingresos, es su propio agresor. Y encima estamos en una situación actual de crisis que hace más difícil que ellas encuentren, con la inmediatez necesaria, su propia fuente de ingresos, debido a la dificultad que todos conocemos de búsqueda de empleo. Las medidas y ayudas que se les ofrecen son un largo recorrer de ventanillas e instituciones, sin que todas salgan solucionadas beneficiosamente, sino más bien precariamente.

No quiero decir con todo ésto que no se deba denunciar, sino que también tenemos que asumir que actualmente las ayudas no son justas ni equitativas con la gravedad del problema al que nos enfrentamos, ni con todo lo que rodea tales situaciones. No hay medidas reales, cercanas, y efectivas. Actualmente todo se queda en palabras. El apoyo policial es mínimo, testimonial. El apoyo psicológico ineficaz y tardío. El apoyo de las instituciones finaliza con la denuncia, después se quedan solas.

¿Cómo queréis después de ver todo ésto por mí mismo, que anime a ninguna mujer a denunciar? Quizá el grueso de las campañas deberían enfocarse a solucionar la primera línea de ayuda y apoyo hacia ellas. No ponerles todo el peso de la erradicación de éste problema en que las víctimas denuncien. Sino que ellas vean que es posible «saltar al vacío» porque debajo hay un amplio y mullido colchón que les ayudará desde el mismo momento de la denuncia.

Además debemos resp0nsabilizarnos toda la sociedad, de aislar y condenar a aquellos que sabemos que maltratan y agreden. Sólo si ven que toda la sociedad que los rodea les señala con el dedo y los condena, puede que rectifiquen sus conductas. Por supuesto, también debemos,y tenemos la obligación, de actuar preventivamente y dar una formación y enseñanza adecuada a nuestros hijos, para que éstos en un futuro no expresen ni manifiesten tales comportamientos.

Acabar con el maltrato es posible. Pero hace falta el compromiso y respuesta real de toda la sociedad, así como de las instituciones y organismos que nos gobiernan. La implicación de todos, sea personal o gubernamental será la que dé el estoque final a maltratadores y agresores.

Finalmente, quisiera expresar desde aquí todo mi apoyo y ánimo a las víctimas de agresiones físicas o psicológicas, y mi toque de atención a aquellos que tienen el poder, para que entiendan que no todo son campañas o eslogan, que necesitamos medidas concretas y reales para ayudarlas, y que así se sientan con la fuerza y respaldo necesario para denunciar su situación.

NO MÁS MALTRATO .  NO MÁS VIOLENCIA DE GÉNERO

«Lo peor de la crisis ha pasado»

Posted by on domingo, 8 noviembre, 2009

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Éstas son las palabras y el mensaje que nuestro Presidente y sus ministros nos repiten sin cesar. Yo les pediría que dejaran de engañarnos, que  dejen de repetirnos que «tenemos que hacer un esfuerzo conjunto» y se pongan a trabajar en buscar soluciones eficaces y reales, que ya basta de palabras, que necesitamos acciones.

El día a día de nuestro país nos demuestra la ineficacia de nuestros actuales gobernantes en la búsqueda de salidas y nuevas medidas que ayuden a enfrentarse a la actual crisis y a  frenar la desmedida destrucción de empleo. No queremos mensajes de ánimo ni de esperanza, sino que queremos verlos actuar. Y si no se ven capaces de hacerlo que dimitan y dejen paso a otros.

Y es que estoy harto de ver a la clase política inmersa en luchas de poder y ataques mutuos, mientras muchos de los ciudadanos de a pie no tiene ni para comer. Estoy harto de ver más y más casos de corrupción de aquellos políticos de los que esperamos su ayuda, pues es su misión como representantes del pueblo, mientras cientos de españoles pierden su empleo. Estoy harto de ver la sonrisa de nuestro Presidente cuando dice que «lo peor ha pasado», mientras veo las lágrimas de muchos de mis amigos, familiares , y amigos por perder sus casas, o no saber qué dar de comer a sus hijos. Estoy harto de ver a cientos de empresarios sin escrúpulos, que agarrándose a la excusa de la psicosis y el miedo a la crisis y a la pérdida de empleo, presionen y extorsionen a sus empleados, suprimiendo vacaciones, bajando sueldos u obligando a excesivas y maratonianas  jornadas laborales.

¿Dónde «ha pasado lo peor», Sr. Presidente? Le invito a acompañarme en un día a día normal mío, para que vea la realidad de nuestro país, pues desde vuestro sillón está claro que no queréis ver la verdad. Le invito a acompañarme a visitar empresa a empresa, dejando decenas de Currículums a diario, que ya se han convertido en varios cientos, mientras observas que como tú hay otros muchos más, que no nos rendimos y vamos allá donde creemos que puede haber una posibilidad u oportunidad de encontrar empleo. Y oiremos las respuestas de los empresarios, donde lejos de augurar nada esperanzador, nos dicen una y otra vez que «no hay nada». También visitaremos las oficinas de empleo, atestadas de esperanzas y desilusiones, y finalmente  veremos en la televisión un telediario, u otros programas o reportajes, y observar otros miles de dramas personales.

¿Cómo cree que nos sentimos entonces, Sr. Presidente, cuando le oímos éso de «lo peor ha pasado»? Para muchos, la mayoría, de los españoles  no «es pasado», «ES PRESENTE«.  ¿Para dónde está mirando usted? Encima la clase política estimula nuestro desánimo, pues se multiplican sin cesar los casos corrupción, a todas las escalas, y donde comprobamos que su único estímulo al llegar al poder es el autoenriquecimiento. Además observamos las luchas internas por el sillón de un banco, o por posicionarse en ventajosos puestos de poder. ¿No se requiere de ellos una actividad social y pública, de servicio al ciudadano? Yo diría que ahora mismo están «a su propio servicio».

A veces tengo el convencimiento de que la crisis no la inició la especulación inmobiliaria, sino la cantidad de robos que a escala política han esquilmado las arcas de ayuntamientos y demás organismos públicos. La crisis es el resultado de que se han llevado nuestro dinero, de que cientos de políticos han alargado su guante para llevarse todo cuanto han podido. Y éso nunca volverá. Nadie devolverá todo lo robado. Son inteligentes y dispersan «sus fondos» en sociedades ficticias, o a nombres de otras personas,etc. Cuanto más roben, menos consecuencias judiciales. ¿Pasará lo mismo con alguien que robe comida para sus hijos?.

En fin, no quiero seguir más con éste hilo de negatividad. NO es mi estilo. Pero a veces uno necesita desahogar cierto odio, cierto desánimo, cierta vergüenza ajena y malestar. Entenderéis ahora mi «desaparición» de los últimos días, en que no escribía ni comentaba. Pero me había atrapado la desilusión, y andaba desanimado. Aún así, mañana me levantaré con mi mejor sonrisa, cogeré la carpeta de los C.V. y me lanzaré de nuevo con optimismo a la búsqueda de mis metas.

¡Un saludo a todos! Y gracias a ti, Mery, y muchos besos, pues tu comentario fué lo que me hizo «reaccionar».

 

P.D.: Las viñetas que ilustran el post las he sacado de la galería del humorista Ramón de la edición digital del diario «El Día». 

Sociedad de la queja y la negatividad

Posted by on lunes, 19 octubre, 2009

Mafalda[1][4]

Cada día compruebo sorprendido, y ciertamente asqueado, el aumento de la queja y la negatividad en las actitudes y conversaciones de las personas con las que trato. Es realmente algo que a veces me afecta, y termina por hacerme cambiar de humor a mí también.

No es que piense que no hayan problemas, o motivos justificados  para quejarse. Los hay, y muchos. Pero opino que todas ésas cosas no cambiarán por mucha queja o protesta que tengamos en nuestros labios todo el día. Hay sitios y lugares donde ir a expresar nuestra queja, si es algo solucionable. Pero quejarnos y expresar negatividad en cada conversación que mantengamos, o en cada frase que compartimos con los demás, no creo que sea sano, ni para nosotros mismos, ni para los que nos escuchan.

Cuando te rodeas de negatividad, terminas por verlo todo aún más negro, más grave, más catastrófico, y terminas por derrumbarte anímicamente. Y necesitamos de todo el optimismo y fuerza que tengamos para afrontar cada día, pues vivimos en tiempos de crisis que están poniendo a prueba nuestras capacidades. Hacerlo con optimismo y positividad, garantizará ciertos resultados, o por lo menos no nos rendiremos con la misma facilidad.

Por eso, últimamente intento evitar éstas actitudes a mi alrededor, pues encima hay gente que está constantemente quejándose, constantemente negativos y expresando odio y malestar. Y lo que más me sorprende es que éste tipo de personas no se dan cuenta de que su motivo de queja varía, según el «lado de la orilla» en que se encuentren, abandonando toda coherencia. ¿Cómo es posible que sean tan incongruentes en sus comentarios u opiniones?. Yo pienso que muchos sólo saben expresarse así, personas que sólo abren la boca para protestar o quejarse, y donde la negatividad y crítica hacia todo lo que les rodea es la única base de sus conversaciones.

Vuelvo a decir que hay temas en los cuales tenemos que quejarnos y protestar. Pero podemos hacerlo en un tono normal, moderando nuestras opiniones, y donde podamos sacar conclusiones o soluciones, no estancándonos en lo negativo del tema en cuestión. Se pueden abordar todo tipo de situaciones en una conversación, ¿porqué quedarnos sólo con «lo mal que está todo», o con «lo que nos han hecho», o con «lo que mal que han hecho» algo?. Además, a veces parece que sólo saben llevar la contraria en todo. O que, como yá hemos dicho, cambian su crítica o queja según les interese, contradiciéndose claramente.

Finalmente, también sé, y soy consciente, que todos los días no estamos igual, ni emocional ni anímicamente, y que ésto puede que influya en los comentarios que hacemos. Pero lo que no debemos hacer es que ésa negatividad centre el hilo de nuestros pensamientos y palabras. Como ya he comentado, tanta negatividad termina afectando, y haciéndonos perder momentos y conversaciones agradables y placenteras.

Y vosotros ¿qué opináis? ¿Creéis que han aumentado las quejas y la negatividad? ¿Pensáis también que afectan a nuestro ánimo?. ¡Un saludo!

Sobre Arwen y la Solidaridad en tiempos de crisis

Posted by on miércoles, 14 octubre, 2009

solidaridad-fullrot_90Llevo algunos días observando los acontecimientos surgidos a raíz de la propuesta solidaria de Uruguayita (Gloria)para ayudar a nuestra amiga Arwen, que tan mal lo está pasando económica y moralmente. De todo lo que he visto y leído, he de comentar algunas cosas que me han hecho reflexionar, y las comparto con vosotros para ver qué opináis.

A raíz de la actual situación de crisis e inestabilidad económica y laboral tan gave en la que nos encontramos, es difícil conseguir toda la ayuda y muestras de solidaridad que esperamos o deseamos para ayudar a nuestra amiga. Todos tenemos cerca muchos casos de amigos, familiares, vecinos o conocidos que necesitan también de nuestra ayuda. Y yá no son sólo casos aislados o puntuales. Se multiplican imparablemente e irremediablemente, por culpa de la inoperancia e inaptitud de nuestros gobernantes.

Aparte de la gente que queremos o conocemos, también nosotros mismos estamos inmersos en dichas dificultades. Yo mismo estoy en paro desde el mes de Enero, por culpa de despidos masivos e injustificados que se están realizando en todas las empresas a nivel nacional. Y aunque mi situación no es comparable a las urgencias y dificultades de Arwen, van pasando los meses, no se crea empleo, y empiezan a surgir algunos problemas, que intentamos todos solventar como podemos.

También, todo lo que vemos y oímos a nuestro alrededor, tanto en los programas de televisión, como en la prensa escrita, así como los casos antes mencionados que conozcamos de personas nuestro entorno, hacen que se haya creado una situación de miedo e  inseguridad, que provoca que principalmente nos ocupemos de nosotros mismos y nuestros más allegados. Lo que en otros tiempos provocaba en nosotros reacciones espontáneas de solidaridad, ahora se traduce en agonía, en psicosis, pues vemos cómo el nudo se cierra sobre muchas personas, y nos vemos desbordados e impotentes ante tanto dolor y tantas dificultades.

Todo ésto lo comento en el sentido de que seguro que muchos queremos ayudar, y así lo hacemos, pero que también hay que entender que la bola cada vez es más grande, y tenemos que tirar no sólo con nuestras propias dificultades, y la de otros seres queridos, sino también con nuestros propios temores ante lo que está pasando, y lo que aún tememos que tendrá que pasar.

A mí ahora también me preocupa enormemente la salud de Uruguayita, la cual ha tomado las riendas y la responsabilidad de ésta campaña solidaria, a pesar de lo delicada que es su situación. Me asombra su tenacidad, su fuerza, su energía, su corazón. Me enorgullece haberla conocido. Pero toda ésta situación pueden minar su ánimo y su optimismo, y ésto es algo que mermaría su salud y sus fuerzas ahora que tanto las necesita.

Querida amiga Gloria, mi consejo, si me lo permites, es que no te formes ideas ni expectativas con ésta campaña. No me gustaría que te afecte el no conseguir aquello que crees necesario para una óptima ayuda para Arwen. Lo que se consiga, aún aunque sea poco, será lo que  nuestros amigos pueden, y ayudará en algo a Arwen. Lo más que deseamos es un pronto encuentro de empleo y que poco a poco, puedan ir despertando y levantarse de ésta terrible pesadilla. Pero también nos preocupa tu salud, y tus próximos retos necesitan que te encuentres fuerte y animada. Tú misma necesitas de tu energía. Y tienes gente a tu alrededor que te necesitan, ahora y para dentro de muchos años más.

Así que sigue con tu labor tan bien como hasta ahora, donde nos has demostrado a todos tu cariño, y tu dedicación noble y fiel hacia aquello que tu corazón te dicta como justo. Pero haz algo también por todos aquellos que te queremos…….¡CUÍDATE!.

Finalmente, os dejo el enlace hacia la campaña solidaria pinchando aquí, para que hagáis lo que podáis, con sinceridad y lo que os diga el corazón y vuestra conciencia. A Arwen, mucho ánimo, todo mi amor y mis mejores deseos de que te recuperes pronto de todos éstos problemas. Y a tí, Gloria, ten paciencia y comprensión, y sobre todo cuídate, ¡Te quiero mucho!.

Del gobierno, de su política, de la hipocresía, o de la corrupción, hoy no me apetece hablar. Quizá en otro momento.

Cada problema tiene dos caras

Posted by on domingo, 6 septiembre, 2009

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Hace pocos días conocíamos la noticia de la detención de una mujer, en Tarragona, por haber dejado a un anciano encerrado en un vehículo. Se le ha imputado un delito  de trato degradante y vejatorio, pues el anciano, de 83 años, apareció medio desnudo, atado y deshidratado. Al parecer, ya en alguna ocasión anterior habían acudido los Mossos d’Esquadra al domicilio familiar, alertados por los vecinos sobre supuestos malos tratos, pero no encontraron evidencias de delito.

Nuestra primera reacción siempre es el  rechazo y condena que sentimos hacia éste tipo de acciones y actitudes hacia nuestros ancianos, así como incomprensión y perplejidad. Sin embargo, yo saco «otra lectura». Cada problema tiene dos caras.

En éste caso, quisiera que pensemos, o reflexionemos, en las personas que se encargan del cuidado de las personas mayores, en especial de aquellas en las que la demencia o enfermedades como el Alzheimer, les deja con sus habilidades y facultades mentales mermadas.  Enfermedades degenerativas como ésta, imposibilitan y dificultan  sus actividades habituales e incluso problemas para hablar y expresarse con claridad. Entre los síntomas más frecuentes está también la pérdida de memoria y los frecuentes cambios de humor o personalidad, u otros síntomas como depresión o ansiedad.

Entonces, sin justificar, apoyar, ni compartir las formas, ni modos, de la noticia comentada al inicio, ¿podemos imaginar la vida de los que tienen que  aceptar dentro de la familia la responsabilidad del cuidado de éstos ancianos, totalmente dependientes de alguien que les ayude en todas las actividades diarias? No es nada fácil  de llevar, el cuidado de una persona mayor, donde no existen ni horarios, ni, en la mayoría de los casos, ayudas.

Además, éstos cuidados terminan afectando a la persona que los realiza de múltiples maneras, como favorecer cuadros depresivos, insomnio, agresividad, cambios de humor, suponer un gran gasto económico, tener problemas con su pareja, con otros hermanos o disminuir su rendimiento laboral.

Por éso creo que es una labor poco entendida ni valorada. Además las ayudas, tanto familiares como estatales son casi siempre escasas. ¿Por qué no existen más «Centros de Día», donde poder llevarlos para que éstos cuidadores puedan descansar o dedicarse a otras tareas? ¿Por qué no están subvencionados, o pertenecen al Estado, para que su uso no esté sólo limitado a aquellas personas que pueden «permitírselo»? ¿Por qué la escasez y encarecimiento abusivo de las Residencias o geriátricos, que hacen que no puedan ser asequibles a todas las economías? ¿Cree el Estado que es un artículo o asunto de lujo? ¿Por qué las ayudas a las personas dependientes son del todo insuficientes e ineficaces?

Ya véis que hay muchos interrogantes, en los cuales se hace evidente que hay mucho camino por recorrer para conciliar el derecho a vivir con dignidad, y a que nuestros mayores tengan los cuidados y atenciones que merecen. Quisiera compartir con vosotros una anécdota que me ocurrió cuando aún vivía en Tenerife. Un día veo a un anciano dando vueltas por el jardín de la Universidad. Se paraba, miraba alrededor, y reemprendía su camino. Parecía indeciso, y sin tener un rumbo claro, pues lo veía ir de un sitio a otro, a veces volviendo sobre lo ya andado. Así que al final me decido a ir a preguntarle:

– ¿Necesita ayuda?

– No sé

– ¿Buscaba algún sitio?

– Sí, mi casa

– ¿¿??

Entonces le miro a los ojos, y lo entiendo todo. En su mirada había terror, ansiedad, desconcierto, y una gran súplica: ¡ayúdame!. Así que llamé a la Policía, mientras intentaba calmarle diciéndole que estuviera tranquilo, que no habría problema. Cuando acudió al lugar la Policía, intentaban que él les diera alguna indicación de su dirección, pero él no fué capaz de dar ni su nombre. Finalmente, revisando su documentación encontraron una dirección y un teléfono, al que llamaron y pudieron hablar con su hija, que quedó en venir en su busca.

Cuando acudió su hija al lugar, estuvimos hablando un rato con ella, y nos contó que su padre sufría de Alzheimer. Parece que no estaba en una etapa muy avanzada, por lo que salía a pasear sin problemas por el barrio, pero que a veces le daban ésos episodios de pérdidas de memoria y no conseguía volver. Nos contó, entre lágrimas, que a veces no sabía encontrar el término medio entre cuidarle, y dejar que realizara su vida con dignidad, pues podía comportarse como una persona adulta, o como un simple e indefenso  niño. Y lo que más me sobrecogió, fué verlo a él en ése momento llorando en silencio, mientras oía el relato de su hija.

Cada problema tiene dos caras: la dignidad y el trato y respeto debidos de las personas mayores, y, por otro lado,  el día a día y  sacrificada ayuda de sus  abnegados cuidadores.

Amenazas de muerte para el matrimonio

Posted by on viernes, 28 agosto, 2009

matrimonios

Cada vez nos asombra menos cuando recibimos la noticia de la ruptura de algún matrimonio o pareja. Cada 4 segundos se rompe un matrimonio en España, a un ritmo de 357 rupturas diarias. En los últimos 5 años se ha incrementado un 277%. Son cifras que deben hacernos pensar si ésto es síntoma de modernidad y progreso, o más bien es que algo grave está sucediendo para que no podamos solucionar las amenazas de muerte que afecten a nuestro matrimonio y poderlo salvar.

Cualquier relación y convivencia está sometida a múltiples ataques e influencias, tanto internas como externas, que pueden ocasionar problemas e inestabilidad. Podríamos considerar que está dentro de la normalidad. Pero éstas crisis no tienen por qué terminar inevitablemente en ruptura.

Me gustaría comentar con vosotros algunas puntos donde creo que radican el inicio de éstas amenazas, y donde pienso, en mi humilde opinión, que podemos prestar más atención para solucionarlos y no dejar herido de muerte nuestro matrimonio.

Si observamos, por ejemplo, la imagen que ilustra éste post, podemos sacar algunas lecturas interesantes. Ella está enfadada, y él parece ser que no sabe por qué. ¿Qué nos indica éso?. Que la falta de comunicación es evidente. Y ésa es uno de los mayores problemas a los que se enfrenta el matrimonio. La conversación y el diálogo es un mensaje mil veces repetido, pero que no por ello le dedicamos la urgencia e importancia que se merece. También, porque a menudo se suma el orgullo a ésta falta de comunicación, lo cual añade más dificultad.

Si seguimos utilizando el ejemplo de la imagen, ella, movida por su orgullo, no sólo no comenta el motivo del problema con él, sino que ha tomado sus propias «medidas», instalando una pequeña alambrada entre ellos, a la que llamaremos silencio e indiferencia.

Nuestra pareja no tiene una bola de cristal para saber lo que nos pasa. Si no queremos perder tiempo innecesario, es vital para la salud de nuestro matrimonio que hablemos, y en un tono sereno y sincero, expresemos lo que nos ha disgustado o lo que no nos ha gustado, para que así nuestra pareja pueda dar su versión o explicación y se pueda encontrar una posible solución u otras alternativas que posibiliten una estabilidad y paz dialogada.

Tal como un herido que pierde sangre necesita ayuda y atenciones inmediatas y urgentes, debemos evitar perder tiempo con ésas posturas orgullosas, pues el muro de silencio que se forma sólo ayuda a que se abra más la herida y nuestro matrimonio sangre incontroladamente hasta su muerte. Esperar hasta que sea el otro el que hable, mientras esperamos una disculpa, o explicación espontánea, sólo hace que se pierda tiempo vital, y que otras heridas, que no habían sido curadas eficazmente,  abran más cicatrices y se acelere  nuestro doloroso final.

Por supuesto, como ya hemos hablado en algún post anterior, la forma de dirigirnos a nuestro pareja debe de ser respetuosa, en el tono y forma adecuado, y sin reproches, para que se forme la atmósfera de serenidad necesaria para que podamos hablar con sinceridad y cariño, si es lo que de verdad sentimos y si lo que queremos de verdad es zanjar las crisis con rotundidad y eficacia, y donde nuestro amor salga victorioso e indemne aumentando nuestra complicidad y nuestra confianza.

Otro punto importante, vital diría yo, es el sexo. Y no sólo me refiero a las relaciones sexuales en sí, sino a todo el amplio abanico de expresiones y demostraciones afectivas y sentimentales. Debido a la vida que llevamos, o al tiempo que llevemos como pareja estable, tendemos a relajarnos y caer en la rutina, obviando ése «alimento emocional» que todos necesitamos. Un beso, una caricia, un regalo, un juego de miradas, cualquier detalle que indique que nuestra pareja es importante para nosotros, que la tenemos presente, la valoramos y la amamos.

Importantísimo, también, es no solo demostrar ése amor, sino decirlo. Hay que expresar nuestro amor en voz alta. En ésto no vale el clásico «si tú ya sabes que te quiero». No, no. Cada vez que tengamos oportunidad, hay que tomar la iniciativa, sin esperar que sea el otro el que lo diga, y decir «Te quiero». Oír ésta expresión en boca de nuestra pareja, mientras nos mira a los ojos, es como si se abrieran las puertas del Paraíso, y nos llena de felicidad y alegría. Haz la prueba, y lo comprobarás. Necesitamos oírlo, así que no te reprimas. Recibirás como respuesta alguna demostración de afecto o cariño, seguro. Por lo que si así lo hacéis siempre, las demostraciones afectivas y amorosas no acabarían nunca.

Por último, lo más importante: aplicarlo. Todos conocemos y  sabemos de la importancia de las cosas que hemos planteado, así como de las pautas que pueden solucionar las amenazas de posible muerte de nuestro matrimonio. No he dicho nada que no supiérais. Ahora bien, siempre nos escudamos en múltiples excusas para abogar por la dificultad de realizarlas. No nos pongamos excusas, si realmente queremos vencer éstas crisis. Tomemos la iniciativa, actuemos. Seguro que después no caminaremos solos. Convéncete, aunque sea difícil, es posible.

Claro está que todo sería preferible con acciones, esfuerzo y compromiso por parte de los dos miembros de la pareja. Pero a veces nos encontramos con que nos es difícil lograr que nuestro compañero sentimental esté igualmente implicado en ésta lucha. Yo os propongo, si queréis, que le pidáis a vuestra pareja que lea éste post. Le decís que lo lea porque queréis saber su punto de vista, su opinión. Puede que así se inicie un pequeño coloquio entre vosotros que os ayude a encontrar vuestros propios puntos de inflexión en la relación, para mejorarla y cuidarla.

No me creo un gurú, guardián o maestro conocedor del secreto de la felicidad marital. Lo digo desde la más sincera humildad y la con única intención de ayudar, en la medida de lo posible, y si así lo deseáis. También a mí me ha servido de ejercicio reflexivo y recordatorio de las pautas que podemos usar para proteger nuestro matrimonio de las amenazas de muerte que recibe a diario, y donde no quiero perecer ni sucumbir.

Nuestro hogar puede ser peligroso

Posted by on viernes, 14 agosto, 2009

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El miércoles, mi hija Irene (tiene dos años y medio) sufrió un accidente fortuito en casa, al caerse de la cama, lo que le produjo rotura de clavícula, y por lo que ahora está pasando unos días malos. Al dolor propio de la fractura hay que sumarle el miedo que siente de realizar ningún tipo de movimiento con los brazos, pues aunque los tiene inmovilizados, podría moverlos y usar las manos. Es una recuperación que irá muy lenta, pero nos dicen los médicos que, en principio, no habrá problemas, pues en éstas edades los huesos sueldan con mucha facilidad.

A raiz de éste incidente he pensado mucho sobre éste tipo de accidentes que ocurren dentro del ámbito doméstico. Normalmente prestamos más atención a factores de riesgo o peligro cuando nos encontramos fuera de casa, es decir, cuando estamos por la calle, en la playa, en la montaña, etc. Sin embargo, nos relajamos y dismunuye nuestra alerta cuando estamos en casa.

Sin embargo nuestro hogar no esta exento de amenazas. En él existen elementos que pueden originar accidentes que pueden crear lesiones a nuestros familiares y que pueden ocasionar hasta la muerte. Si hacemos un ejercicio de memoria, podemos recordar sucesos que hemos visto, por ejemplo en la televisión, sobre ahogamientos, caídas, intoxicaciones, incendios, etc, que han ocurrido en el ámbito doméstico, en la mayoría de los casos con niños como protagonistas, y con resultados trágicos.

Por ello resulta imprescindible conocer aquellos elementos que pueden ser causa de accidente, para evitar su aparición, para prevenirlos. De nada vale lamentarnos, ahogarnos en un mar de lágrimas o de culparnos por lo ocurrido.No es cuestión de crear alarmismo, o de no dejar que nuestros hijos jueguen o se muevan libremente por casa, sino hacer un verdadero ejercicio de prevención y comprometernos a hacer lo que debemos hacer por nuestros hijos, nuestra familia y por nosotros mismos.

La mayoría de los accidentes domésticos se producen por azar. Sin embargo, también se pueden deber a despistes y negligencias evitables. Los riesgos a los que podemos estar expuestos, pueden ir desde una ínfima quemadura o corte a un accidente mortal. Especial cuidado hay que tener ante los productos de limpieza y los medicamentos. Si tenemos niños en casa será esencial guardarlos en lugares seguros. También suelen ser muy peligrosas las instalaciones eléctricas, de gas y de agua.

Debemos evitar dejar a los niños solos en casa, y vigilarlos siempre constantemente. Una buena medida es utilizar aislantes que tapen los enchufes para impedir que nuestros curiosos pequeños sufran algún accidente al introducir sus dedos. También es esencial saber con qué juegan y se divierten, y nunca dejar a su alcance objetos de pequeños tamaño que puedan ingerir. Igual de importante es enseñarles la peligrosidad del fuego y del agua, y nunca dejar que se acerquen solos a la cocina.

Otra de las estancias donde los accidentes son frecuentes es el baño, donde son habituales los resbalones, ya que se suele andar descalzo y con los pies húmedos. Resulta muy útil colocar una alfombra antideslizante en el interior de la bañera y fuera para secar los pies después de la ducha.

En fin, éstos son algunos de los consejos preventivos que os propongo, pero hay muchos más. Nuestra casa está llena de peligros y en nuestra mano está el hacer de ella un lugar más seguro.