Hoy he ido al futuro colegio de mi hija a ver las listas de admitidos para el próximo curso. Ante el inminente inicio de su etapa escolar, no he podido evitar el pensar lo rápido que está creciendo mi pequeña Irene. Estuve toda la mañana pensando en ella, recordando su nacimiento, sus progresos, su evolución. Y me siento bien. Ser padre ha llenado mis días de felicidad.
Recordé que tenía guardado en casa, en algún sitio, un escrito que había echo antes de que ella naciera y en el que expresaba mis dudas,temores, pero también mi alegría ante la proximidad de su nacimiento. Así que lo busqué, y al encontrarlo y leerlo, sentí de nuevo todas aquellas sensaciones que había plasmado en papel. Algunas, con el paso del tiempo, me suenan ahora un poco “cursis” o “empalagosas”. Pero, claro, hay que situarse en aquél momento en concreto, donde faltaba poco para ver nacer a mi primera hija. Dentro de ése contexto, seguro que cualquiera de nosotros ha tenido similares sentimientos y emociones.
Como recuerdo de aquellos días, y en homenaje a mi hija, reproduzco aquí aquél escrito, a la vez que os invito a que me comenteis vuestos sentimientos cuando fuísteis padres por primera vez. Mi resumen serían las palabras que dan título a éste post, estoy feliz, soy padre.
A IRENE
Pronto nacerás. Ésa pequeña célula se ha ido transformando, poco a poco, en una pequeña criatura, en un pequeño ser, que pronto vendrá a la vida. Mi mente también ha necesitado de ése tiempo para ir ordenando ideas y sentimientos. Creía conocer las profundidades de mi alma. Pero cada día salían a la superficie nuevos miedos e inquietudes, a los que he tenido que enfrentarme para no naufragar. Tomé la decisión de encararme directamente a ellos. No como mil veces hice en el pasado, cuando lo rehuía o evadía.
Ver paso a paso tu crecimiento, tu milagroso progreso vital, ha sido totalmente emocionante y la mejor de las ayudas que yo podría necesitar. Ahora ansío el momento de tu nacimiento para, una vez te tenga en mis manos, poder abrir mi corazón por completo y comprobar la intensidad y plenitud de sentimientos y sensaciones que de seguro experimentaré. Un millón de veces me he imaginado ése momento. Sé que no será comparable a nada de lo que haya experimentado hasta ahora. De seguro superarás cualquier expectativa.
Sólo espero que los duendes de desazón y miedo que me invaden se calmen, pues mi alma aún está intranquila y preocupada. Vienes a un mundo donde los problemas y peligros acechan agazapados en cualquier esquina para sorprendernos con su maquiavélica e injusta actividad. Tan sólo espero que los mimos, abrazos y besos con los que llenaré tus días, te ayuden y protegan y te den fuerzas y protección necesarios para superarlos. Espero y deseo que siempre tengas presente que las manos que te ayudarán a mantenerte en equilibrio cuando des tus primeros pasos, siempre estarán dispuestas y preparadas para todos tus futuros pasos y movimientos en la vida. Donde peligre tu equilibrio, ahí te estará esperando tu padre con las manos tendidas hacia tí. No dudes en buscarlas, estarán siempre muy cerca de tí.
Aún no has nacido, hija mía, y se me hincha el pecho de orgullo y felicidad. Mi corazón se agita de esperanza y alegría. También de inquietud y miedo. Pero sé, que con una sóla de tus sonrisas, uno sólo de tus besos, sentiré que todo ha valido la pena. Sentiré que la máxima expresión del amor inundará todos los futuros días de mi vida, y la plenitud y gozo siempre me acompañaran y no existirán más miedos ni temor. Todo, sólo gracias a tí, pues ya lo siento así. Sólo con pensar en tí, hija mía, sólo con invocar tu nombre, Irene.













