Archive for mayo, 2009

Abrazos esperados

Posted by on miércoles, 27 mayo, 2009

Tú y yo juntos.

Por fin, tú y yo juntos de nuevo, uno frente al otro. Cogidos de la mano nos miramos a los ojos, en silencio. Me parece una eternidad lo esperado, una cruel separación. La espera, a veces me ahogaba.

¿Te ahogaba a ti?.

No te preocupes más. Ya estamos juntos otra vez. Cualquier sentimiento anterior se disipa. Se aleja la intranquilidad. Se evapora la angustia. Me siento feliz, alegre. Una leve sonrisa se dibuja en tus labios. Puedo comprobar así que sentimos lo mismo. Ambos deseábamos poner fin a ésta lejanía.

Tu mirada me habla.

Tu mirada me dice lo que ambos esperamos de éste momento. Flota en el ambiente un anhelo, un deseo. Deseo acercarme más, mucho más a ti. Lentamente, juntamos nuestros cuerpos. Mis brazos rodean tu cuerpo. Tus brazos rodean el mío. Nuestros ojos, a un palmo se encuentran. Mirada contra mirada. Miradas que transmiten amor.

Tu cuerpo unido al mío, fundidos los dos en tierno abrazo. Nuestros brazos se proyectan, uniendo dos cuerpos en uno sólo. Tu abrazo me transmite cariño. Siento paz, todo por tenerte junto a mí.

Apoyo tu cabeza en mi pecho. Mi mano acaricia tu mejilla. Toco ligeramente tus labios, labios que pronto besaré. Mis dedos se enredan entre tus cabellos. Me llega claramente tu tu olor, tu fragancia. Cierro mis ojos. Mis labios se acercan a ti.

Beso tus cabellos….., que me traen tu olor.

Beso tus labios….., que me traen tu sabor.

Apretamos con más fuerza el abrazo que nos une. Delicadamente, deslizo tu cabeza por mi pecho hasta la altura del corazón. Quiero que oigas cómo late por ti. Quiero que notes cómo intenta, con su continuo y agitado tan tan, atraer tu atención hacia mí. Y decirte con ése sonido, con ésa música:

Lo mucho que te quiero.

Lo mucho que te amo.

Lo mucho que te echo de menos.

Lo mucho que significas para mí.

De repente, percibo una melodía nueva. El latir de tu corazón se une al mío. Es magia para mis oídos. Es un regalo para mi alma. Me confirma que nuestros corazones hablan el mismo idioma. Nuestros corazones se complementan. Nuestras emociones y sentimientos van juntos de la mano.

Tu corazón con el mío.

Tu alma con la mía.

Desde ahora sé, que cuando estemos juntos pocas palabras harán falta. Nuestros corazones hablan por nosotros. Y producen un tierno ritmo y melodía. Suena a cariño y amor. Suena a la pasión que nuestros cuerpos se prometen. Ésa es la verdadera magia de nuestros abrazos: la conversación de nuestros corazones, el diálogo que encontramos en nuestros silencios, en nuestras miradas, en nuestras caricias y besos.

Todo ello lo siento cuando te abrazo. ¿Sientes tú lo mismo?. El tiempo transcurre rápidamente. Maldito reloj. Me recuerda que debemos poner fin a nuestro encuentro, a nuestro abrazo. Todo parece lento cuando estoy sin ti. Todo pasa velozmente cuando estamos juntos.

Poco a poco, nuestros brazos desenredan el nudo que los ataba al cuerpo del otro. Mis brazos intentan mantener el contacto contigo. Mis manos se cogen a las tuyas, intentando no perder el suave contacto de tu piel.

Nos miramos. Largamente. En silencio. ¿Qué estarás pensando?. Nos besamos. Largamente. ¿Qué estarás sintiendo?.

No quiero despedirme.

Pronto estaremos juntos, ¡seguro!.

Pronto te abrazaré de nuevo, ¡seguro!.

Pronto te besaré de nuevo, ¡seguro!.

Así que no sufriré. Sólo, te esperaré. Me encontrarás con los brazos abiertos.

¿Volverás?

Tu respuesta será mi vida.

Mi vida eres tú.

Heridas que no cicatrizan

Posted by on domingo, 24 mayo, 2009

El pasado día 21 de Abril fue el aniversario de la muerte de alguien muy especial para mí. Y no sólo para mí, sino para muchas personas de su entorno que sufrieron, y sufren, su pérdida como algo muy doloroso. Además, el haber encontrado la muerte en un accidente de tráfico,y a la temprana edad de 28 años, provoca  que haya sido especialmente violento y traumático.

Se llamaba José Tomás, aunque todos lo llamábamos Jose (sin tilde). Se cumplen ahora 19 años de su pérdida, y muchos me tildan de exagerado y de que ya tendría que haberlo superado y aceptado. Me dicen que después de tanto tiempo , ya deberían estar curadas las heridas. Yo siempre les comento que hay heridas que no cicatrizan, y que el dolor se siente inalterable al paso de los años.

Quisiera expulsar demonios internos, calmar mis recuerdos y expiar mis culpas públicamente. Necesito compartir algunas circunstancias anteriores al suceso, así como relatar los acontecimientos inmediatamente anteriores, pues ni mi propia familia, ni sus seres queridos, conocen todos los datos. Puede que después de leerlo, comprendan mi dolor y angustia, y compartan conmigo lo injusto de aquél accidente.

Primeramente me voy a remontar a algunas semanas antes de su muerte. En cuanto a su personalidad, todas las personas que alguna vez tuvieron tratos con él coincidirán conmigo en que era alegre, comunicativo, espontáneo, sincero, totalmente comprometido en ayudar o apoyar a los demás, y con una sonrisa continua que contagiaba e irradiaba felicidad. De ahí que su pérdida también produjera una sensación de vacío profundo.

Por aquellos días yo lo consideraba mi mejor amigo, y , más que éso, como un hermano mayor. Muchas horas pasamos juntos de confidencias y tertulias. Nos movían similares pasiones o aficiones, así que pasábamos mucho tiempo juntos, tanto de viajes de aventura, como de todas las interminables caminatas y días de trekkings que nos permitieran  nuestros trabajos. Además íbamos al gimnasio juntos.

Ésto hacía que a veces tuviera problemas en casa, pues estaba casado y su mujer no compartía, ni entendía,ni apoyaba, ni sus aficiones ni sus objetivos. Intentaron muchas veces acercarse en sus respectivas formas de ver la vida. Intentaron integrarse cada uno en la visión que tenía el otro sobre su idea o forma de ocio. Pero no prosperaban las iniciativas. Cada uno defendía su ideal, y era imposible conciliarlos.

Así que un buen día me dice que no quería seguir viviendo así. Que necesitaba aprovechar cada día para intentar ser feliz, y que veía que se le escapaban tanto la vida, como sus energías, en luchar por algo que no iba a hacer feliz a ninguna de las dos partes. Al final habla con ella y le comenta que la separación es la mejor opción, que son muy jóvenes y que no pueden perder la oportunidad de ser felices, o solos, o con otra persona, por continuar con una relación que no les gratificaba a ninguno de los dos.

Y en éso quedaron, a pesar de que mantuvieron la fachada mientras él buscaba casa.  Como yo también había intentado independizarme alguna vez, me propuso que buscáramos piso juntos para compartir. Así que nos pasamos los días siguientes visitando pisos. Jose llevaba un portafolios donde tenía apuntadas direcciones y precios y nuestra valoración. Se le veía contento, ilusionado. En aquellos días parecía que había vuelto a reconciliarse con su espíritu alegre y jovial, y expresaba todo lo que quería hacer a partir de ése momento.

Sin embargo, él no tuvo tiempo de encontrar casa, pues ocurrió el accidente en ése período de búsqueda. Nadie supo nada, ni de su decisión de separarse, ni de su búsqueda de piso conmigo. De hecho, a día de hoy, creo que muchos se están enterando ahora, leyendo éste escrito. Su mujer, después de su muerte, mantuvo la postura de viuda triste y ésta historia nunca fue contada, nunca fue revelada, ni siquiera por mí mismo.

Los motivos que hicieron que ella no lo contara, los desconozco. Tal vez no quería admitir el fracaso de su matrimonio, previo al accidente, para que nadie pudiera culparla o responsabilizarla de alguna posible inestabilidad emocional de su marido, y por extensión, consecuencia de su muerte. Tal vez, a efectos de prestigio, posición social o imagen, prefería quedar como la pobre viuda que ha perdido a su joven esposo en un fatal accidente de tráfico. De hecho con su actitud y miradas en el entierro de Jose, parecía que estaba interesada en que se mantuviera ésa versión, pues sabía que sólo yo podía cambiar ésa versión.

En cuanto a los motivos por los cuales yo tampoco conté nada, a decir verdad no lo sé muy bien. En parte, en aquellos momentos ya todo me daba igual, en el sentido de que lo peor que llevaba era mi supuesta propia responsabilidad en el accidente, que relataré más adelante, y el sentimiento de profunda tristeza que me producía el hecho de que Jose no hubiera tenido la posibilidad de ser feliz de nuevo, que no tuvo tiempo de empezar su nueva vida, de que no tendría más su compañía, ni sus consejos, ni su recuperada alegría.

Quizá opté por el camino más fácil. Me culpo cada día por ello. Estuve mucho tiempo encerrado en mí mismo. Estuve errante, profundamente depresivo, pesimista, odiaba la vida y su sistema cruel de erradicar sueños, odiaba la realidad que veía cada día, odiaba que la vida siguiera a pesar de que se perdiera un alma como aquella entre nosotros. Incluso estuve viviendo algún tiempo en casa de su madre, para juntos encerrarnos más en nuestro propio dolor, y acompañar nuestros eternos días grises.

Pero sobre todo, el convencimiento de mi propia culpa, de mi responsabilidad en el accidente, me mataba, me hundía cada vez más, y ha hecho que siempre lleve una herida sin cicatrizar, siempre sangrante, siempre dolorosa, y que revivo irremediablemente muchos días de mi vida, y que se vuelve doblemente dolorosa en cada aniversario.

Y llegamos a la noche en cuestión. Era viernes noche. Teníamos la costumbre de que si salíamos por la noche, y veíamos que se nos iba a echar el amanecer encima, íbamos a la Playa de las Teresitas a despejarnos un poco, echarnos unas carreras para activar el cuerpo, y bañarnos, antes de ir al gimnasio, como cada sábado, a practicar Aikido (arte marcial). Por eso yo siempre tenía la bolsa del gimnasio, con ropa de recambio y demás, en el maletero de su coche.

Aquella noche empezó como una de tantas, lo que cambió fue el final. Estuvimos por La Laguna, zona universitaria de bares, hablando, riendo,escuchando música, conversando sobre nuestro próximo futuro, debatiendo próximas excursiones o viajes,etc. Próximo a amanecer desayunamos algo en una cafetería y enfilamos rumbo a Las Teresitas. Al paso de Santa Cruz, capital de la Isla de Tenerife, y lugar donde yo vivía, recuerdo que el día antes había llevado el kimono  de Aikido a mi casa a lavar y no lo había recogido, así que le dije:

– Jose, que me he dejado el kimono en casa. Hacemos una cosa. Si quieres me dejas aquí (estábamos por la Avenida de Anaga) ,para ir a casa a cogerlo, tú te vas a Las Teresitas, te echas una carrera, te bañas si quieres, y al regreso me recoges y tiramos para el gimnasio. ¿Qué te parece?.

– Vale, sí, lo hacemos así. Así no se hará muy tarde, hasta que prepares tus cosas y éso, que hoy vamos medio pillados. Me voy yo, y a la vuelto te recojo en tu casa, para que no estés esperando en la calle, ok?.

-Vale. Entonces, hasta luego.

-Hasta luego, no tardo nada.

Y ésas fueron sus últimas palabras. En tan sólo dos o tres kilómetros después, en la Autovía de San Andrés, que une Santa Cruz con la Playa de las Teresitas, tuvo un choque frontal con un vehículo del sentido contrario, falleciendo al instante. Pero yo aún no era sabedor de éste trágico suceso.

Después de dejarme Jose, corro a casa a por mis cosas. Cojo el traje de aikido, y preparo un bolso de deporte con algunas cosas. Como sabía que tardaría algo más me tumbo un momento en la cama, a descansar un poco. Me quedé dormido. No sé el tiempo que pasó. Sólo sé que me despertó el sonido de voces en la puerta de casa, pero en ésa ligera inconsciencia y letargo del sueño, no tomaba cuenta de la realidad. Era mi madre hablando con Leo, el hermano de Jose:

– ¿Alejandro está aquí?

– Sí, está en la cama. Espera, que le aviso que estás aquí.

– No, no, déjalo. No pasa nada.

– Espera hombre, que le aviso. Pasa dentro.

-No, no, que me tengo que ir.

Y ahí fue cuando abrí los ojos de golpe, y salí corriendo hacia la puerta. No llegué a tiempo, Leo se había marchado, pero comprendí de golpe que algo había pasado. Leo sólo quería asegurarse, en los primeros momentos de incertidumbre y con falta de información por parte de las autoridades, de que yo no estaba con su hermano, pues sabía cuáles eran nuestras costumbres.

Las siguientes horas las recuerdo como en una nebulosa, como diapositivas en una consecución de imágenes que no logro hilar con cordura: la confirmación fatal de mis sospechas, la aceptación de su muerte, las llamadas pertinentes,etc. Sí recuerdo que al llegar al hospital, sólo estaba su madre, que, al verme, se abrazó a mí, mientras decía:

– Alejandro, hijo mío, pensaba que estabas con Jose. ¿Y yo que le hubiera dicho a tu madre entonces?

Me sobrecogió que ésta buena mujer, aceptado el hecho de que perdía a su hijo, le preocupaba enormemente la posibilidad de que yo hubiera tenido la misma mala  fortuna que su hijo y de que cómo se lo diría o comunicaría a mi madre.

A ésto hubo cierto tipo de interrogatorio por parte de la Guardia Civil, sobre si habíamos bebido alcohol o tomado drogas ésa noche. La verdad es que tampoco me creían mucho cuando les decía que no, que éramos deportistas. Les resultaría extraño saber de dos jóvenes que su afán noctámbulo era más bien coloquial y comunicativo, que de otros excesos.

Otro recuerdo que tengo, es de cuando acudo, junto a mi hermano Tomás,  al lugar donde tenían el coche, hecho un amasijo de hierros. ¡Qué impresión me produjo!. Cada vez que imaginaba su cuerpo dentro de aquella chatarra en la que se había convertido su coche, me producía un dolor que no sabría describirlo. Y ése dolor me acompaña toda mi vida. Tenía que apartar la vista de aquél horror. Sabía que aquellos rastros de sangre eran de mi leal amigo. Algo moría dentro de mí también.

En el vehículo comprobé que, en el momento de su muerte, iba escuchando un cassette que le había grabado yo (estaba introducido en el radio casette y no había saltado). Me llevé de allí su kimono de aikido, que conservé 15 años, hasta hace sólo 4 años, cuando vine a Zaragoza, para iniciar una nueva vida, y quise dejar atrás cosas dolorosas y pasar página de éste y otros acontecimientos.

En un momento dado, desde el mismo día del accidente, empecé a ser consciente de cuál había sido el error ésa noche.  ¡No lo había tenido que dejar sólo !. Cuando empezaron las especulaciones o teorías sobre la causa del accidente, se barajaba la posibilidad de que se hubiera dormido, pues no había otro motivo aparente para que Jose desviara ligeramente su trayectoria hacia el sentido contrario, produciendo el choque frontal con el otro vehículo. Yo mismo acudí al lugar, junto a mi hermano, intentando explicarme los motivos.

Así que más profundamente fue calando en mí la idea de que, efectivamente, se hubiese dormido. Además recordé que en cierto momento de la noche, él había cerrado un segundo los ojos mientras conducía, como si estuviera cansado o se durmiera. Pero como íbamos hablando, enseguida se recobró y no se lo volví a notar en toda la noche. Sabía que, a causa de la situación en casa, no estaba durmiendo ni descansando lo necesario, y pasaba muchas horas fuera de casa, para evitar enfrentamientos con su mujer. Además su madre me comentó que alguna vez iba a su casa a dormir. De ahí su ansia por encontrar piso, para no seguir escondiendo ésa situación. Pero no le dió tiempo.

¡¿Por qué le dejé sólo?! Estoy convencido que si le hubiera acompañado, nada hubiera pasado. Si hubiera ido con él, hubiéramos ido hablando, y no se hubiera dormido. Hay quien me dice que no era mi destino, que, tal vez, incluso hubiera perecido yo. Yo no lo creo. El destino se torció por un acto mío. Lo normal hubiera sido que estuviéramos juntos, como cada sábado. Yo modifiqué el destino al salir de la ecuación y dejarlo sólo.

Sólo yo, soy responsable de lo sucedido. Había observado algún síntoma de somnolencia y le dejé sólo. ¿Puedo considerarme amigo después de ésto?. Le fallé en una etapa crucial, sabiendo de su estado físico y emocional. Cada día, cada año me lo recuerda mi Conciencia. A ella no puedo engañar.

Ni siquiera las lágrimas han hecho que pueda cerrar las heridas. Ni siquiera el tiempo ha  hecho que disminuya mi dolor. Por eso necesitaba expiar mi culpa, soltando al exterior mi pena. Aunque las lágrimas vuelven, sé que acepto mi pecado. No pretendo borrarlo. Viviré con ello.

He tratado de vivir guiado  por el amor, como tantas veces hablé con él, he intentado aprovechar cada día, cada momento, pues la vida es efímera y corta, le he mantenido vivo en mi mente y mi corazón, y por supuesto, he procurado que su sonrisa, su alegre visión de la vida, acompañe e ilumine mis días.

Tan sólo, Jose, espero que, estés donde estés, me hayas perdonado. Yo aún no lo he hecho.

Zaragoza

Posted by on jueves, 21 mayo, 2009

pilar

Llegué a Zaragoza una fría tarde de Marzo de hace cuatro años. Tenía la fuerza y motivación necesaria para afrontar el reto de haber salido de mi tierra natal, Tenerife, para instalarme en ésta gran ciudad. O éso creía yo.

Los comienzos son siempre ilusionantes. En un principio te mueves despreocupado por tu nuevo hábitat, caminando por las calles de la ciudad y acudiendo a los lugares turísticos habituales. Visité, como no, La Basílica del Pilar,el Palacio  de la Aljafería, la Catedral de la Seo, así como sus museos y sus innumerables plazas. Con cierta frecuencia me iba a pasear al Parque Grande, nombre con el que se conoce popularmente al Parque Primo de Rivera, el auténtico pulmón verde de la ciudad, pues con sus 40 hectáreas es el parque más grande de la ciudad.

Era un auténtico deleite, también, el abandonarse callejeando por su Casco Histórico, descubriendo entre sus estrechas callejuelas un sinfín de bares de tapeo, como la zona conocida por El Tubo. Para mí, un auténtico descubrimiento el arte del vermut y el tapeo, un verdadero placer que aún mantengo.

Ahora bien, es en el entorno natural de Zaragoza donde mejor me sentía. Me refiero a los maravillosos valles y montañas del Pirineo aragonés. Como siempre me he considerado montañero, senderista y seguidor de la Naturaleza en todas sus facetas, imaginaos todo el potencial que me ofrecía éste vasto territorio para perderme en él.

Pero pronto comenzaron algunos problemas. Una vez pasada la euforia inicial, y cuando inicias la rutina diaria normal, tanto laboral como personal, comienzan a aflorar algunas inquietudes.

Zaragoza, ciudad bimilenaria, es  la quinta ciudad española en población. Así que me sentía rodeado,agobiado, entre miles de personas y cientos de calles y lugares que no conocía. A veces me perdía. Menos mal que existen los móviles, pues muchas veces tuve que solicitar que me rescataran. ¡ Qué grande me parecía ésta ciudad !.  Me resultaba difícil orientarme, teniendo en cuenta que para un isleño la referencia del mar es una guía toda tu vida. Así que, empecé a utilizar el Ebro como mi indicador de dirección. En base a él intentaba orientarme, por lo menos para una parte de la ciudad. Además acudía a él para reconciliarme con mis recuerdos y añoranzas. Hice la foto del inicio del post en uno de éstos momentos de melancolía.  Muchas veces decía en casa: «voy a ver el mar», pues ése pasó a ser «mi mar». Aún hoy, cuatro años después , lo hago.

Otra cosa que me costó en un principio era entender y relacionarme con los maños. Ahora comprendo su forma de ser, y después de estar recorriendo el resto del país en éstos años, y comparando caracteres, he de decir que los maños son muy abiertos, hospitalarios,  cordiales y comunicativos. Pero si os ponéis en mi situación, a mi llegada aquí, mi referencia era el espíritu, caracter y forma de ser del canario, que algo habreis oído. Nuestra peculiaridad, forma de ser y seña de identidad es muy diferente. El que haya viajado por Canarias sabrá de lo que hablo.

Algunas otras cosas que me costaron fue la manera de conducir o las prisas que tiene todo el mundo. Aquí todo parece ir más rápido. Y sobre todo , el frío. Dejar atrás un clima templado todo el año, como el de Canarias, por un clima mediterráneo continental fue duro. Y peor cuando sopla el temible Cierzo, ése frecuente viento frío que castiga con dureza a la ciudad y sus habitantes.

Pero, poco a poco, me fuí adaptando a ésta gran ciudad: sus fiestas, sus costumbres, sus gentes. He podido disfrutar asimismo del cambio espectacular que ha experimentado  Zaragoza con motivo de la Expo y los espacios que hemos heredado tras ella. Además, mis escapadas al Pirineo y demás espacios naturales de Aragón, han echo que ame aún mas ésta tierra. Y si a ésto añadimos que aquí han nacido mis dos preciosas hijas, hacen que Zaragoza sea ya parte de mí, una ciudad «grande» como sus gentes y amable con quien quiera disfrutar de su hospitalidad, cultura, patrimonio, historia y gastronomía. Acercarse a Zaragoza nunca te dejará indiferente.

Blog de Oro, gracias a Emma

Posted by on miércoles, 20 mayo, 2009

Quisiera compartir con vosotros la noticia de la concesión de éste premio por parte de Emma , de «La Felicidad no es una Utopía.Existe». Como os podeis imaginar me he sentido muy contento y orgulloso, pues aunque no escribo para recibir premio alguno, siempre es grato un cierto reconocimiento o halago hacia lo que expresamos desde el corazón y hacia todos vosotros gracias a las palabras que humildemente escribo desde la tribuna de éste blog. Además al ser el primero que recibo, es como el hijo primogénito que te hace feliz y te hace sentir nuevas emociones.

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Gracias, Emma, por tus bellas palabras y por  pensar en mí para éste premio. Y por supuesto gracias a todos los que siguen éste blog, que nació con la idea de comunicar y transmitir reflexiones, ideas y sentimientos, y que continuaré con ésta labor mientras sienta que me hace feliz y que os agrada.

¡ Saludos !

Alex.

Cómplices en la noche

Posted by on domingo, 17 mayo, 2009

Silencio. Oscuridad. Es el color de la noche, el sabor del sosiego y el transmisor de paz. En ésa complicidad se evaporan sueños y anhelos que fluyen desde nuestro interior y proyectan una fuerte luz al exterior. Entonces la noche se ilumina.

Es el reflejo de nuestro corazón. Es el reflejo de nuestros sentimientos.

Han estado todo el día escondidos, muy, muy escondidos, en lo más profundo de nuestro ser.

Tratamos así de protegerlos. Tratamos así de cuidarlos. Pretendemos ocultarlos así de amenazas, tal vez externas, tal vez internas. Sabemos de su fragilidad, de su debilidad, y no queremos que la agredan.

Nuestro corazón, nuestra mente, ocultan un gran secreto. Un secreto que nos da calor, que nos da alegría, que nos da esperanza e ilusión. Se nos dibuja una amplia sonrisa en nuestros labios. Se nos ensancha el pecho y vemos con otros ojos, con otra mirada.

Y sentimos paz. Todo porque recibimos, porque nos dan, un gran regalo. Recibimos amor. Recibimos cariño y ternura. ¡Y cuánto lo necesitamos!.

Necesitamos comprensión. Necesitamos complicidad y apoyo. Tal vez sea la única manera de sobrevivir. Tal vez sea lo único que importe en ésta vida tan deshumanizada, tan fría, tan material.

Por eso lo guardamos, lo ocultamos.

Puede que no nos comprendan, que no nos entiendan, o incluso que se burlen o mofen. No comparten esa, para nosotros, importancia vital. Intentarán convencernos. Intentarán demostrarnos su absurdo. Pero los que conocemos el auténtico sentido, el verdadero valor, su valor, no cederemos…….¡¡jamás!!.

Preferimos dejarnos embriagar por su sabor, por su poder. El amor nos permite caminar. El amor nos permite sentir. El amor, en definitiva, nos permite vivir.

Nos negamos a seguir en la corriente absurda de los muertos en vida, que no sienten, ni padecen, nada de lo que les rodea, mientras intentan aparentar lo contrario. ¡¡Jamás!!.

Tal vez sólo seamos unos pocos. Pero sentimos, damos y recibimos. ¡Estamos vivos!. Nos alegramos, sufrimos, lloramos, reímos. Pero sentimos.

Por eso, en la complicidad y el silencio de la noche, dicho secreto, dicho amor, trasciende más allá de nosotros, de nuestros sueños, y se convierte en luz. Se convierte en energía, en calor, que nos alimenta, que nos reconforta y que nos recarga.

Somos admiradores de la noche. Somos seguidores de la noche.

Ella nos transmite esa paz. Es nuestra aliada, nuestra amiga. Nos sentimos libres. Sabemos que por la mañana volveremos a la rutinaria realidad. Así que la noche es nuestro refugio, donde somos nosotros mismos. Y lo aprovechamos, lo vivimos, ¡vaya que sí!.

Mis sueños son libres. Sentimientos de amor y ternura recorren todo mi organismo. ¡Estoy vivo!.

La noche se acaba. El día comienza. Me abandono. Me dejo sumir, en la oscuridad diurna, en la oscuridad de cientos de rostros apagados, de cientos de personas inertes y muertas de sentimientos y afectos.

Pero tengo fe. Pronto la noche volverá.

¡¡ Y volveré a ser libre!!

«Sólo somos amigos»

Posted by on viernes, 15 mayo, 2009

Entramos en la cafetería y pedimos dos cafes. Observé que en una mesa contigua una pareja tomaba unos refrescos mientras charlaban animadamente. En un momento dado el hombre se incorporó levemente para darle un beso en la mejilla a su interlocutora, mientras cogía sus manos entre las de él y se las apretaba ligeramente. Sonreí complacido ante aquella demostración de ternura y afecto. Pero lo que sucedió a partir de ése momento me sumió en una profunda tristeza, a la vez que en una exaustiva meditación.

Mi compañero me comenta que conoce a uno de ellos y sonriendo, entre cínico e irónico, me afirma que quien le acompaña no es su esposa. Seguidamente le hace un gesto con la mano, a modo de saludo, a lo que responde igualmente aquél hombre. Mi compañero, sin embargo, no desviaba la mirada, mientras continuaba con aquella estúpida sonrisa en sus labios. El hombre de aquella mesa intercambia unas palabras con su acompañante y se levanta, dirigiéndose a la barra, cerca de nosotros, para abonar sus consumiciones. No oí lo que le preguntó o le pudo decir mi compañero, pero sí le oí decir a él: «sólo somos amigos». Tras pagar, se despidió y salió del lugar acompañado por aquella mujer. Mi compañero aún sonreía, y murmuró sin dejar de mirarlos: «¡sólo son amigos! ¡sí, ya, claro!».

A partir de entonces me pregunté interiormente por qué reaccionamos así por una simple demostración de cariño y afecto. En una sociedad tan deshumanizada y tan encasillada como la nuestra, es antinatural e inapropiado que un hombre y una mujer se demuestren su amistad dulce y tiernamente. A tal punto hemos llegado, que ni entre amigos del mismo sexo nos es permitido abrirnos y expresarnos cariño y amor. Con todo ello sólo nos estamos perdiendo lo único que realmente nos transmite paz a nuestro espíritu: el amor y el cariño que nos podemos dar unos a otros, sea del sexo que sea de donde venga ése sentimiento, como regalo sincero de amistad y cuyo verdadero valor es el de la complicidad mutua.

Por ello maldije a mi compañero, que había roto aquella magnífica visión de afecto con sus apreciaciones y sarcasmo estúpido y que, por otra parte, había provocado el desasosiego de aquella pareja que sólo estaban intentando mantener y transmitirse el calor de su amistad, obligándoles a marcharse y a expresar una innecesaria disculpa. Y maldije a ésta sociedad cuadriculada, cínica e hipócrita que intenta ahogar nuestra sensibilidad y nuestros sentimientos, privándonos de la recompensa de la amistad: el amor puro, sincero, fiel y verdadero, desinteresado y afectuoso.

Sobre el día antes de «la píldora del día después»

Posted by on miércoles, 13 mayo, 2009

«A buen entendedor, pocas palabras bastan»

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Imagen encontrada en edición digital del diario tinerfeño El Dia , firmado por EFE/Ramón. Os dejo a vosotros, con vuestros sabios comentarios, que desarrolleis el argumento o reflexión que nos transmite ésta viñeta con sutileza, pero acertadamente. Ésta es una humilde invitación al debate y la participación. Gracias a todos de antemano.

El show debe continuar

Posted by on lunes, 11 mayo, 2009

Cuando me encuentro mal física, mental o psicológicamente,  siempre hay alguien que te dice que levantes el ánimo, que sea lo que sea lo que me preocupe, la vida sigue y hay que seguir adelante. Es decir, el show debe continuar a pesar de que nosotros no estemos bien para hacerlo con ganas.

En éstas ocasiones siempre viene a mi memoria una canción de  QUEEN que se titula precisamente así, «The Show must go on» , el show,  o espectáculo,  debe continuar. Siempre me ha emocionado especialmente, sobre todo por lo que significaba en ése momento en concreto en la vida de Freddie Mercury.

En la canción se habla sobre un inminente final pero que, como dice el título, el espectáculo debe continuar, preparando a los fans para lo que estaba por venir. La canción creó especulaciones entre la prensa,  sobre si verdaderamente Freddie tenia SIDA, sospecha que se tenía desde finales de los 80.

La canción fué lanzada como sencillo el 14 de Octubre de 1991, 6 semanas antes de la muerte de Freddie. El 23 de Noviembre Freddie anuncia a sus seguidores y al mundo (a través de un comunicado de prensa) que era portador del virus VIH  y que estaba enfermo de SIDA. Al día siguiente fallecía en su casa, rodeado de familiares y amigos. Este hecho conmocionó a sus millones de fans, que no habíamos conocido oficialmente la enfermedad de Freddie hasta el mismo final.El 24 de Noviembre de 1991, Freddie Mercury pierde su batalla contra el SIDA.

Por éso, al escuchar ésta canción uno se emociona e intenta imaginar cómo serían para él ésos últimos días de su enfermedad, y cómo lo estaba afrontando. A pesar de intentar transmitirnos un mensaje de fuerza y esperanza diciendo que nunca se rendiría, ni siquiera pudo participar en la elaboración del videoclip, que consiste en una recopilación de imágenes y conciertos  anteriores. Algunos  fragmentos  de lo que nos dice ésta canción, nos dá una idea de sus sentimientos en aquellos días :

Por dentro mi corazón se está rompiendo
Mi maquillaje debe estar flaqueando
Pero mi sonrisa todavía está puesta
Cualquier cosa que pase, la dejaré a la suerte
Otro corazón roto, otro romance fallido
Siempre así, ¿alguien sabe para qué vivimos?
Creo que estoy aprendiendo, seré más cálido ahora
Pronto estaré dando la vuelta a la esquina

Puedo volar – amigos míos

El espectáculo debe continuar
Lo afrentaré con una sonrisa
Nunca me daré por vencido
con el espectáculo

Llegaré a la cima, me sacrificaré
He de encontrar el viento para impulsarme
Con el –
Con el espectáculo-
El espectáculo debe continuar…

A continuación os dejo el videoclip de la canción. Está subtitulado en castellano para que podais disfrutar de su mensaje en su totalidad. Subid el volumen de vuestros altavoces y lograreis emocionaros con la sucesión de imágenes alegres que nos ha dejado como legado éste gran cantante.