En noches de insomnio, mi mente divaga recordando emociones vividas durante el día. Es como hacer un viaje en el que no sabes qué recorrido va a proponerte tu subconsciente, pero en el que reconoces al instante cada imagen que tu cerebro recrea para ti para ilustrarlo.
En cada parada que realiza el tren de la memoria, revivo situaciones vividas y el sentimiento que me provocaron. Disfruto cada etapa del viaje, pues la mayoría de las veces se trata de momentos de fuerte carga emocional para mí, en la que rememoro instantes de cariño, afecto y complicidad entre nosotros. Ya te habrás dado cuenta, entonces, que tú eres la protagonista de cada escala de éste viaje. En cada una de ellas, tú estás allí.
Mientras recuerdo ésos momentos, sonrío complacido, mirándote en la oscuridad mientras duermes. Pero también empiezo a echarte de menos, a pesar de que estés a mi lado. Y éso se debe a que me gustaría que se materializaran, que se hicieran reales de nuevo todos ésos instantes. Quisiera sentir de nuevo tu amor, no en éste viaje emocional de la memoria, sino en vivo, en la realidad del cuerpo a cuerpo físico y presente.
En noches de insomnio como éstas, la noche vá transcurriendo observándote. Tus labios se perfilan en la penumbra y se me hacen doblemente apetecibles. Recorro furtivamente los relieves y cada contorno de tu cuerpo, acariciando suavemente cada centímetro de tu piel, que tantas veces he explorado, pero no por ellos menos excitante para mí.
Mientras lo hago, todo mi ser experimenta la mágica electricidad que me produce evocar los momentos de apasionados encuentros de nuestros cuerpos mientras nos dejamos llevar por la arrebatadora y excitante melodía de amor en la que nuestros cuerpos bailan al son de nuestros corazones, atrapados en una fogosidad de la que ninguno desea liberarse.
En éste viaje sensitivo, se me reproduce, como si fuera real, tu imagen exultante y complacida tras ésos encuentros amorosos. Tu cálida sonrisa y el olor, el sabor y el brillo de tu sudoroso y excitado cuerpo cansado tras la batalla carnal, se me hacen el mayor de los placeres terrenales y la fuente de mi felicidad.
En noches de insomnio como éstas, deseo, anhelo y suspiro porque despiertes y hagamos realidad la pasión que nuestros cuerpos se regalan y nos abandonemos en las cálidas aguas del amor.
Mientras tanto, velaré por tu sueño, mientras subo de nuevo al tren del recuerdo emocional para seguir viajando por las etapas amorosas de nuestra vida juntos, donde deseo residir siempre.
¡ Te quiero !













