
Con la llegada del Otoño el paisaje característico de las montañas que tanto amo del Pirineo Aragonés cambia asombrosamente. Y es que no sólo es maravillosa la espectacularidad multicolor de la Primavera. En Otoño es cuando el Bosque de Hayas que predomina en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se vuelve más bello y mágico, y nos ofrece la posibilidad de vivir una experiencia inolvidable para los sentidos. Acompañadme y lo veréis.
Es en Otoño cuando el hayedo de éste lugar explota en un colorido arco iris de tonalidades ocres, anaranjados, amarillos y rojizos de las hojas, y donde se mezcla con el verde del musgo y el plateado de los troncos. Asimismo le pone la banda sonora a ésta estampa, el susurro del agua cristalina que discurre por el valle. Caminar por un hayedo en pleno otoño es una indescriptible experiencia sensorial que induce al recogimiento, a la introspección y que merece ser vivida en más de una ocasión. Por éso lo repito cada vez que puedo.
Paseo por éste marco idílico, en la penumbra de las sombras que acompañan mis pasos, donde una ligera niebla le confiere al lugar un aire siniestro, donde sería posible encontrarme en cualquier momento a un duende o una ninfa. Los sonidos resultan agradables, desde el crujir del manto de hojas bajo mis pies, hasta el murmullo del agua que transita buscando su camino entre las rocas.
Los olores son lo que me reconcilian conmigo mismo,y me transmiten paz. Inspiro profundamente, y huelo a tierra húmeda, viva. Es el olor de la Naturaleza que me rodea. No conozco un lugar mejor para, en éste silencio y con éstas fragancias, explorar mi mente y mi corazón, para limpiar miedos,sentimientos y culpas, que en la vida cotidiana intento ocultar. Aquí me siento libre de llorar, gritar, sonreír, meditar, hablarme.
En un intento de recargar por completo mis baterías sensoriales y emocionales, paso mis manos por el musgo, por la corteza de los árboles, por las ramas y hojas que me encuentro a mi paso. Me agacho a hundir mis manos en la hojarasca, a impregnarme de su olor, su humedad, por lo que me agacho y cojo un puñado de hojas que me llevo a la nariz, para inhalarla y llenarme de su fragancia natural.
Me dirijo al río, cuyo sonido me ha acompañado durante todo el paseo. Desde su orilla contemplo el paisaje que me rodea, y me siento feliz, pletórico. Las montañas cercanas ya tiñen de blanco sus altas cumbres, restos de alguna nevada pasada. Miro al agua, y quiero sentirla, tan cristalina y pura. Bebo un poco, ayudándome con una mano en forma de cuenco. Está fresca, muy fresca, y consigue refrescar mi alma, y devolverme a la realidad.
Antes de emprender el regreso, realizo la fotografía que ilustra el presente post, pues así atrapaba en cierta manera un poco de la magia y el sentimiento que me inspiraba éste lugar. Ahora lo comparto con vosotros. Ojalá hayáis podido imaginar el estado de sosiego y contemplación que se disfruta en un bosque de hayedos como éste, en donde el tiempo parece detenerse para tendernos una mano a la reflexión, y a la reconciliación con uno mismo.
Y es que es sólo en Otoño cuando todo se impregna de un aire nostálgico. Por ello, si lo necesitáis, acudid a algún sitio mágico como éste, a espantar vuestros “demonios internos”. Ya sabéis cuál es mi refugio. ¿Queréis compartir el vuestro? ¡Un saludo a todos !
Foto: Alex Pardellas



![Mafalda[1][4] Mafalda[1][4]](http://alejandro.pardellas.es/wp-content/uploads/2009/10/Mafalda14.jpg)
Llevo algunos días observando los acontecimientos surgidos a raíz de la propuesta solidaria de Uruguayita (Gloria)para ayudar a nuestra amiga Arwen, que tan mal lo está pasando económica y moralmente. De todo lo que he visto y leído, he de comentar algunas cosas que me han hecho reflexionar, y las comparto con vosotros para ver qué opináis.











