
Hoy es el Día Internacional contra la Violencia de Género. Hemos oído los clásicos mensajes de condena y repulsa. Muchos de nuestros amigos se han sumado a ésta campaña, añadiendo en sus blogs el lazo que simboliza la lucha contra ésta lacra de nuestra sociedad. Y se sigue insistiendo en la importancia de que las mujeres que lo sufren denuncien a sus verdugos.
Pero, ¿realmente ayudamos a las víctimas del maltrato?. Lamentablemente, y teniendo en cuenta los casos reales que conozco de mi entorno, tengo que responder que no. Nos quedan aún muchos asuntos de vital importancia para ellas en las que no se están realizando los esfuerzos necesarios. Parece ser que todo el ímpetu de éstas campañas consiste en condenar a los responsables del maltrato, y repetir una y otra vez en que las mujeres denuncien. Todo son simples palabras, que a ellas, las verdaderas víctimas, no les facilita en nada decidirse a dar el paso.
¿Nos hemos puesto en el lugar de cualquiera de ellas a la hora de decidir su siguiente paso? A los miedos inherentes de enfrentarse a su agresor día a día, tienen que oír incesantemente la consigna de que lo denuncien. Pero no ven medidas reales. ¿Qué hacer el día después de la denuncia? ¿Cómo vivirán? ¿Quién les ayuda a recuperarse psicológicamente?
Todo se suma y les parece que es un muro difícil de saltar. De los casos que conozco, el apoyo psicológico se resume en que te proporcionan una serie de información sobre centros y asociaciones a los que puedes acudir. Y vas sola. Y allí te citan para dos o tres meses después. ¡Justo cuando más lo necesitan, la ayuda vendría meses después de denunciar! ¡Lamentable!. Además, una vez puesta la denuncia, y dependiendo de la gravedad de cada caso, no se toman medidas preliminares, y son muchos los casos en los que la mujer se tiene que ir de su casa pues el agresor seguiría con la convivencia a la espera de juicio. O sea, que encima que denuncian tienen que esperar las clásicas demoras de nuestro sistema judicial, para que se resuelva su situación.
Aparte de todo éso, pero no menos importante, es la supervivencia económica. Muchas no denuncian porque su única fuente económica de ingresos, es su propio agresor. Y encima estamos en una situación actual de crisis que hace más difícil que ellas encuentren, con la inmediatez necesaria, su propia fuente de ingresos, debido a la dificultad que todos conocemos de búsqueda de empleo. Las medidas y ayudas que se les ofrecen son un largo recorrer de ventanillas e instituciones, sin que todas salgan solucionadas beneficiosamente, sino más bien precariamente.
No quiero decir con todo ésto que no se deba denunciar, sino que también tenemos que asumir que actualmente las ayudas no son justas ni equitativas con la gravedad del problema al que nos enfrentamos, ni con todo lo que rodea tales situaciones. No hay medidas reales, cercanas, y efectivas. Actualmente todo se queda en palabras. El apoyo policial es mínimo, testimonial. El apoyo psicológico ineficaz y tardío. El apoyo de las instituciones finaliza con la denuncia, después se quedan solas.
¿Cómo queréis después de ver todo ésto por mí mismo, que anime a ninguna mujer a denunciar? Quizá el grueso de las campañas deberían enfocarse a solucionar la primera línea de ayuda y apoyo hacia ellas. No ponerles todo el peso de la erradicación de éste problema en que las víctimas denuncien. Sino que ellas vean que es posible “saltar al vacío” porque debajo hay un amplio y mullido colchón que les ayudará desde el mismo momento de la denuncia.
Además debemos resp0nsabilizarnos toda la sociedad, de aislar y condenar a aquellos que sabemos que maltratan y agreden. Sólo si ven que toda la sociedad que los rodea les señala con el dedo y los condena, puede que rectifiquen sus conductas. Por supuesto, también debemos,y tenemos la obligación, de actuar preventivamente y dar una formación y enseñanza adecuada a nuestros hijos, para que éstos en un futuro no expresen ni manifiesten tales comportamientos.
Acabar con el maltrato es posible. Pero hace falta el compromiso y respuesta real de toda la sociedad, así como de las instituciones y organismos que nos gobiernan. La implicación de todos, sea personal o gubernamental será la que dé el estoque final a maltratadores y agresores.
Finalmente, quisiera expresar desde aquí todo mi apoyo y ánimo a las víctimas de agresiones físicas o psicológicas, y mi toque de atención a aquellos que tienen el poder, para que entiendan que no todo son campañas o eslogan, que necesitamos medidas concretas y reales para ayudarlas, y que así se sientan con la fuerza y respaldo necesario para denunciar su situación.
NO MÁS MALTRATO . NO MÁS VIOLENCIA DE GÉNERO















