Archive for febrero, 2010

Volar con alerta meteorológica

Posted by on domingo, 21 febrero, 2010

 

A continuación quisiera compartir con vosotros la crónica del vuelo que realicé el pasado Jueves, con dirección a Tenerife (Islas Canarias), y donde había alerta meteorológica por lluvias intensas y fuertes vientos.

Como siempre en éstos casos  yo pensaba que, a veces,  la alerta era más bien una cuestión de prevención, que  una amenaza real que implicara un cierto riesgo real. Así que sin miedo, ni preocupación, me encuentro acomodado (bueno, es un decir, pues más bien estaba «estrechado») en el asiento de un avión que había partido de Madrid con dirección a mi querida tierra natal.

Observando a través de la ventanilla el extenso mar de nubes que se perdía en el horizonte, mi mente divagaba. Pensaba, recordaba. Pero estaba tranquilo. Quizá el contemplar aquél cielo azul, aquellas formaciones nubosas, hacía que mi corazón estuviera en calma y mi mente experimentara cierto trance. Pensé en José, el Comandante de Mery, y en lo afortunado que era pudiendo sentir ésas emociones a diario. ¿O quizá fuera ya para él algo rutinario, carente de emoción o sentimiento?. Tenía cierta curiosidad.

De repente, unas continuas sacudidas del avión hacen que vuelva a «la realidad». Se enciende la señal luminosa de abrocharse el cinturón, y la voz de una de las azafatas anuncia que estamos pasando por una zona de turbulencias. Nada raro, pienso. Muchas veces me había sucedido en vuelos anteriores. Sin embargo, éste parecía que estaba durando más de lo habitual. Habían momentos de calma, pero eran continuos los violentos movimientos y oscilaciones del aparato. Subía, bajaba, se oían extraños sonidos. Ahora sí que empezaba a inquietarme. Y al mirar a los demás pasajeros, observé que la preocupación era general. ¡¡ ÉSTO ESTABA DURANDO DEMASIADO !!.

Después de un tiempo que se nos hizo eterno, y que no sabría decir cuánto fue, se oye la voz del piloto a través de la megafonía:

» Señores pasajeros, les habla el Comandante (——-). Como pueden comprobar estamos pasando por continuas zonas de fuertes turbulencias debido a las adversas condiciones meteorológicas. Ésto está provocando que la duración del vuelo sea más larga de lo habitual debido también al fuerte viento frontal que estamos padeciendo en ésta ruta. Ya estamos en espacio aéreo canario, y como saben hay situación de alerta meteorológica. La situación en el Aeropuerto de Tenerife Norte es de lluvia intensa y fuerte viento, y 13 ºC de temperatura. En unos 30 minutos tomaremos tierra, pero los últimos 10 minutos serán de fuertes turbulencias.»

¡Hala! ¡Yá lo había soltado!  ¡¡Mecagoentooloquesemenea!!  ¡Si vamos a morir, ¿para qué nos avisas?! Ahora sí que observo las caras y gestos tensos del resto de pasajeros. Nos mirábamos unos a otros con preocupación, y comentando que tendría que ser peor que lo que ya habíamos pasado para que nos avisaran así. La espera se hacía angustiosa. Pronto tendrían que comenzar nuevas sacudidas y bamboleos. A todos se nos aceleraba el pulso, el ritmo cardíaco. Según pasaban los minutos, aumentaba el nerviosismo. Saber lo que vá a pasar de antemano no me estaba gustando. Ni a mí, ni a nadie. Me esperaba lo peor  en cualquier momento.

¡Y empezó todo!. Si durante el vuelo, habían sido desagradables éstas turbulencias, ahora no encontraba palabras para definirlo. Subíamos y bajábamos, oscilábamos a derecha e izquierda. El estómago parecía que seguía otro rumbo distinto a nuestro cuerpo. A veces se te cortaba la respiración cuado había un cambio brusco en la altitud del aparato, hasta que te recuperabas del susto.

A mi alrededor se sucedían los comentarios del tipo: «¡Ay, Dios mío!» «¡A mí me vá a dar algo!» «¡Que pare ya!» «¡Ay,Señor!» «¿Pero cuánto falta?» «¡Joder!» «¡Ay, mi madre!». Y todo ello acompañado de suspiros, o más bien, resoplidos, de angustia, de nerviosismo, de impaciencia. «¡Bufff!». Nos mirábamos. Las manos sudaban. Las piernas no paraban quietas. Miradas furtivas al reloj, a la ventanilla.

«Comandante a tripulación: Preparados para aterrizaje inmediato»

¡¡ ¿Pero dónde, pedazo de ——–? !! Mirábamos todos asustados a través de la ventanilla y ¡no veíamos nada!. Parece que estábamos entre las nubes, o entre la niebla, o lo que sea. ¡Pero allí no se veía nada!. ¡¿Dónde quiere aterrizar éste?!. Y casi que nadie respiraba, esperando el momento del impacto de las ruedas con el asfalto de la pista de aterrizaje, o contra el mar, o contra un edificio, o contra fuera lo que fuera que tuviéramos debajo.

¡Y se produjo el milagro! En un segundo se disiparon las nubes, y vimos la pista de aterrizaje a escasos metros. El avión se balanceaba peligrosamente. Yo miraba las alas, a través de mi ventanilla, y me preocupaba su vaivén a la hora del aterrizaje ¿no tocarán el suelo?. Un segundo más, y…… ¡contacto! ¡aterrizaje!…miedo….miedo….todo se mueve, nos vamos para un lado…..las alas ……gritos…….¡ por Dios !  ¡que pare ya!…frenando…frenando….. bufff… ¡NOS PARAMOS! ¡Síííííí!!!!!!.

Un largo y mantenido aplauso de la totalidad de los pasajeros acompañó la rodadura del avión hacia la terminal del Aeropuerto. El aparato se movía balanceado por los vientos que golpeaban la isla, pero ya no nos importaba. ¡Estábamos en tierra!.

» Bienvenidos al Aeropuerto Tenerife Norte. El comandante ——— y la tripulación desean que el vuelo haya sido de su agrado, y esperamos verlos de nuevo a bordo. No olviden recoger todo su equipaje de mano y objetos personales. Gracias por elegir nuestra compañía  y feliz estancia en Tenerife.»

¿Pero por qué se empeñan en seguir el «procedimiento» o «protocolo» habitual»? Decir dicho mensaje rutinario de despedida no me parece normal ni correcto ahora. No se ajusta a la realidad, ni al momento presente que hemos vivido. Hay que improvisar un poco y adaptarse a las circunstancias. Me pareció un mensaje fuera de lugar e inapropiado. O no decir nada, o poner algo de humor hubiera sido lo mejor. Yo hubiera dicho:

«Bienvenidos a Tenerife. Gracias a Dios, aquí estamos. Les deseamos que en su próximo vuelo las condiciones sean mejores. Si nos eligen para volver a volar, se lo agradeceremos. Si no vuelven a volar, lo entenderemos. Esperamos que sanen pronto sus taquicardias y vuelvan a sonreír lo antes posible. Ojalá sus estómagos no salgan afectados en exceso de éste vuelo, ni sus esfínteres lo padezcan. Si fuera necesario, las azafatas estarán encantadas de proporcionarles toallitas húmedas, para una mejor higiene, y también les podrán suministrar algún ansiolítico para la ansiedad ocasionada. No olviden recoger su equipaje de mano, así como las bolsas de vómito usadas, lo cual le agradeceremos. Que pasen una feliz estancia en Tenerife y gracias por elegirnos para volar, a pesar de las circunstancias.»

Jajaja, es una broma, pero al menos sí hubiera sido más acertado adecuar el mensaje final de la tripulación, obviando el habitual por alguno más sensato. Al menos es mi opinión, y la de otros pasajeros que se echaron a reír cuando lo oímos. Está claro que el comandante ni la tripulación tienen culpa de lo sucedido, pero era evidente también que el vuelo había sido de todo menos agradable. Y es que a veces se sigue la rutina sin pararse a pensar si en un momento dado no fuera lógico, y fuera más apropiado hacerlo de otra manera.

Tan sólo decir que el aplauso final  al piloto y su tripulación, fué totalmente merecido pues, al fin y al cabo, llegamos a tierra bien, y realizando un aterrizaje perfecto a pesar de las circunstancias. Por mi parte me reservaré la opción de elegir mejor si en otra ocasión vuelvo a volar con alerta meteorológica, o bien me quedo en casa.

Nota del autor: Basado en hechos reales.

Sociedad de la Hipocresía

Posted by on martes, 9 febrero, 2010

El Diccionario de la Real Academia Española define  la hipocresía como «Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan». O, dicho de otra manera, es un tipo de mentira, pues intentamos mantener creencias, opiniones, virtudes, sentimientos,etc, que en realidad no tenemos.

Todo ello contribuye a que constantemente estemos rodeados de falta de honestidad y sinceridad, y el engaño sea la conducta que el conjunto de la sociedad utilice en sus relaciones interpersonales, pues estamos siempre escondiendo nuestras intenciones, o nuestra personalidad, o nuestras verdaderas opiniones.

Y éso hace que unas veces me parta de risa, y otras me enfade tremendamente. ¿Por qué?, porque la gente se contradice continuamente y tienen estados de opinión cambiantes e incoherentes. A veces resulta ridículo, y otras ofensivo. Una cosa es que alguien se autoengañe hipócritamente, y otra que piensen que somos tontos. Pondré ejemplos de algunas de ellas.

Una cosa con la que me río mucho, es en lo referente a la opinión o comentarios que hacemos sobre ciertos espacios o programas de televisión. Según éso, la cadena más vista ¡sería La 2! jajaja. Así que no entiendo las audiencias de «Gran Hermano», «Sálvame», «DEC», etc, porque a cualquiera que le preguntes te dice: «¡yo no veo éso!».jajaja. Por favor, menos hipocresía. Si lo ves, lo ves. Y lo mismo es aplicable a ciertos personajes, o personajillos, del mismo medio, donde decimos que no los vemos, y sin embargo nos sabemos casi todas sus «andanzas», y son el tema de muchas tertulias, pero donde si nos preguntan decimos que lo que sabemos es por lo que nos cuentan, que nosotros no lo vemos. Seamos sinceros, que nadie te vá a decir que eres un inculto por verlo, que son miles los españoles que lo hacen, ni tampoco creeremos que eres un intelectual por decirnos que ves documentales.

Otro asunto donde abunda la hipocresía es en lo relativo a los «enchufes». Por ejemplo cuando nos enteramos que alguien obtuvo un puesto laboral mediante él, o cuando vemos que alguien se puede saltar una cola de espera o fila en algún organismo oficial, o en cualquier otro sitio, y empezamos a criticar y maldecir. No seamos hipócritas y falsos. ¿Quién no utilizaría un trato de favor, «manga», o «enchufe», de poder disponer de él? Decir lo contario es mentirnos a nosotros mismos, o hacerlo por envidia. Por lo menos, si «sufrimos» ver delante nuestra algo así, pues mantenernos en silencio o si creemos que se puede reclamar algo, hagámoslo oficialmente, si así lo deseas. Pero a mí me parece que lo olvidamos conscientemente si en otro momento somos nosotros los que podemos acudir a alguien para que nos «ayude». ¿Quién no piensa en algún posible conocido cuando te enfrentas a algún trámite, asistencia médica o administrativa,etc, para llamarle y ver si nos puede ahorrar tiempo, filas, esperas, o trámites? Hablar o criticar, es muestra de hipocresía si luego nosotros somos así, también, si tenemos la oportunidad.

Pero quizá la peor de las hipocresías sean las que tengan que ver con los sentimientos y la forma de relacionarnos unos con otros. A veces cuesta saber cómo es realmente alguien, pues notamos con claridad sus «cambios», de actitud, personalidad, opiniones,etc, según sea el momento, lugar o forma en que se desarrollan los acontecimientos, y donde apreciamos claramente incongruencias o incoherencias. Yo me siento desconcertado cuando observo cómo se contradicen por ser, aparentar, o demostrar, cosas que en realidad no son , o no creen, no entienden o no conocen.

¿Por qué somos así? ¿Por qué ocultarnos? ¿Por qué tanta falsedad? ¿Nos sentimos débiles si somos sinceros? ¿No nos damos cuenta de nuestras propias contradicciones? La hipocresía es un mecanismo de defensa, que sólo alimenta el engaño y la doble moral. Ojalá dejemos atrás dicha conducta, y nos relacionemos abierta y sinceramente, sabiendo que contamos con el respeto y comprensión de nuestros semejantes.