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Inocencia ¿peligrosa?

Posted by on martes, 6 abril, 2010

Hace unos días nos encontrábamos con mi hija pequeña esperando la salida del colegio de su hermana. Es muy inquieta, así que no paraba de moverse entre las personas que allí estábamos. Las miraba, les sonreía, les decía «¡hola!», y se agarraba de la mano de alguna madre o abuela. Finalmente, una de aquellas abuelas dijo: «Ésta niña se vá con cualquiera. ¡Vaya peligro!».

No hice mucho caso al comentario, pensando que era algo anecdótico. Sin embargo, con el paso de los días han sido varias madres más las que lo han dicho, en términos parecidos, y ahora sí que me han hecho pensar o reflexionar, dada la repetitiva exclamación de alarma que expresan al ver la actitud abierta de mi hija hacia ellas, sobre todo la de darles la mano para caminar junto a ellas.

En primer lugar, vuelvo a comprobar que la gente se contradice muchísimo en sus comentarios. Unas veces les oyes decir que a su hijo, o nieto, no lo pueden dejar con nadie porque es demasiado inquieto, o porque se pone a llorar y extraña temerosamente mucho a la gente, etc, y éso les ocasiona problemas cuando les surge alguna circunstancia que les obliga a tener que dejarlo con algún familiar o amigo. Y, por otro lado, también ven como problema el que se vayan con naturalidad con otra persona, como en el caso de mi hija. ¿En qué quedamos? ¿Es un problema el que se quieran quedar con alguien o es un problema el no poderlos dejar? ¿?

Por otro lado, parece que sacamos las cosas de quicio sumando gravedad y peligro a todo aquello que tiene relación con nuestros hijos. Y no vivo ajeno a la realidad. Sé que en la actualidad los peligros y amenazas rodean  la integridad de nuestros hijos. Pero cada cosa tiene un tiempo y un momento. Además ellos también tienen que ejercitar su inocente facultad de aprendizaje y descubrimiento de cuanto les rodea. Me niego a tener que explicarles con 20 meses que tiene una, y 3 años la otra, el sentido de la maldad humana, y del peligro que pudiera provenir de sus congéneres. Ahora mismo, es responsabilidad de sus padres, su protección y cuidado. No veo que sea peligroso que ahora se vaya inocentemente a coger de la mano de nadie, porque yo, o su madre, estamos pendientes de con quién está o a dónde vá. Es NUESTRA RESPONSABILIDAD. Y la suya es la de investigar el mundo que las rodea. Yá llegarán los tiempos, dentro de algunos años más, cuando tengamos que explicarles otras «cualidades» humanas, y otras «caras» de la naturaleza humana. Además la vida misma les irá mostrando ésa otra realidad que no ven, ni deseo que vean, mientras son ésas inocentes y curiosas criaturas exploradoras. Como dije antes, cada cosa a su tiempo.

Además creo que a veces coartamos su normal aprendizaje y crecimiento, pues les evitamos que descubran las cosas por sí mismos, que es la base y pilar de su madurez intelectual. Es habitual, por ejemplo, oír en el parque exclamaciones como: «¡no te subas ahí que te vas a caer!, ¡no vayas por ahí que te harás daño!, ¡no corras, que te caerás!, ¡deja éso que te harás daño!, etc, etc. Les llenamos sus días con prohibiciones y advertencias, supuestamente por el peligro innato de sus acciones. Al hacerlo, no dejamos que aprendan de dónde surgen las consecuencias de sus acciones. Ellos sólo oyen prohibiciones, negaciones, pero no entienden de qué, ni por qué.

Creo que también hay que dejar que aprendan cuáles son ésos peligros por descubrirlos de su propia experiencia, en su propia piel. Así no sólo oirán una prohibición o advertencia, sino que recordarán cuál puede ser el resultado o consecuencia de ésa acción que querían hacer, por haberla «padecido» en algún momento pasado. Yo, por ejemplo, en el parque o ante situaciones que creo que pueden representar algún peligro, les dejo que lo hagan, bajo mi atenta supervisión, para que sepan lo que pude ocurrir, como por ejemplo caerse, para entonces ir a hablar con ellas y decirles: «¿Has visto? ten cuidado si te subes por ahí al columpio por que te puedes volver a caer igual que ahora y hacerte daño.» «Cariño, ten cuidado la próxima vez que quieras correr por ésas piedras porque te volverás a caer y te puede doler mucho», etc, etc.

De ésa manera, pienso que no oirán sólo advertencias y órdenes, sino que sabrán que haciendo algunas cosas se pueden hacer daño porque son peligrosas. Y lo habrán aprendido por ellas mismas, no por nuestras continuas reprimendas. No estoy diciendo tampoco que hay que dejar que se quemen para que sepan lo que es el fuego. Pero algunas cosas podemos dejar que las experimenten y aprendan «en directo», bajo nuestro control, para que saquen sus propias lecciones de situaciones reales, no sólo por palabras o dictados de sus tutores. Por éso los niños aprenden con tanta facilidad, porque tienen intacta su capacidad de asombro y curiosidad, y desde su inocente mirada todo es susceptible de aportarles nuevas enseñanzas. Nosotros, al contrario, hemos cerrado las puertas de nuestra inocencia, y ahogamos las voces de nuestro interior, por lo que no asimilamos ni aprendemos, ni crecemos. ¿Por qué queremos robarles o privarles de ésos años de inocente existencia?

Cada cosa a su tiempo. Por éso no puedo compartir el criterio de aquellos que veían en la inocencia de mi hija un peligro. Por lo menos, por el momento. Yo ahora veo un folio en blanco en el cual ellas están escribiendo lo que serán en el futuro, forjado por las experiencias, vivencias y enseñanzas que hayan ido adquiriendo en las diferentes etapas de su vida. 

Vosotros, ¿qué pensáis? ¿creéis que es peligrosa la inocencia de nuestros hijos?