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Hermanos

Posted by on viernes, 24 septiembre, 2010

En nuestro día a día nos relacionamos con muchas personas. Pero una de las convivencias más importantes que tenemos que afrontar son las que desarrollan dentro del ámbito familiar. En ésta ocasión quisiera referirme concretamente a la relación de hermanos.

Desde bien pequeños se empiezan a materializar las múltiples batallas para reclamar más atención que al otro, más reconocimiento, más cariño. Intentan conquistar terrenos sobre el otro, ganar en superioridad. Mostrarán egoísmo, celos. Incluso violencia, si fuera necesario, para que prevalezcan sus deseos, su autoridad.

Al fin y al cabo es un tema tan antiguo, como nuestra propia historia, pues para los que se consideren cristianos y creyentes en la Biblia, han de recordar lo que se cuenta en ella sobre los dos primeros hermanos que habitaron la Tierra, Caín y Abel, y el fatal desenlace al que se llegó.

Yo creo que muchas de éstas actitudes serán las que sigamos desarrollando en nuestra manera de relacionarnos con los demás en un futuro. De ahí que los padres tenemos cierta responsabilidad en enseñarles a encauzar de una manera apropiada ésos comportamientos, ya que a veces les excusamos justificando naturalidad e inocencia.

Por supuesto que en su infancia hay muchos sentimientos o formas de relacionarse con sus hermanos que no pueden, o no saben, controlar. Pero nosotros podemos indicarles pautas para que lo logren. Ésto no es nada fácil, por supuesto, pues alguno de ellos puede tomar nuestra intervención como muestra de parcialidad, o que tomamos partido por uno u otro, en detrimento del otro. Lo que para nosotros sea “justo” o “lógico”, pocas veces coincidirá con sus “intereses” o deseos.

Pero,desde mi manera de verlo, debemos intentarlo, pues conozco de hermanos que ya bien mayores continúan demostrando un alto grado de celos o envidia entre ellos, derivados de sentimientos encontrados, tanto desde la infancia, como más adelante. Seguro que muchos de nosotros hemos tenido algún problema, discusión o malentendido con algún hermano. Pero debemos de haber adquirido la suficiente madurez para separar y reconocer los verdaderos problemas, de las pequeñas rencillas heredadas de nuestra convivencia familiar.

Tal como intentamos resolver y evitar nuestros problemas con las personas que nos rodean, sean compañeros de trabajo, amigos, etc, ¿no deberíamos hacerlo con más ahínco con nuestros propios hermanos?.

Para finalizar, quisiera compartir con vosotros unas frases, unas reflexiónes:

«El vínculo que une a tu auténtica familia no es de sangre, sino de respeto y goce mutuo» Richard Bach

«El enseñar a los niños a querer a sus padres y hermanos y a ser respetuosos con sus superiores, hecha los cimientos de correctas actitudes mentales y morales para llegar a ser buenos ciudadanos» Confucio

El tiempo pasa. ¡Actúa!

Posted by on viernes, 17 septiembre, 2010

Observo el horizonte, pero sin verlo. La mirada y el pensamiento perdidos por la senda invisible de la duda, la angustia, la desazón. De pronto, parpadeo repetidamente, como si despertara de algún sueño, y me sorprende mi estado ausente. Tomo conciencia, ahora sí, de mí mismo, de dónde estoy.

Y es que mi anterior estado meditativo me impedía incluso observar conscientemente lo que me rodeaba. Paso la mano por la pedregosa tierra donde estoy sentado, y por las hierbas y plantas que casi me camuflan en el paisaje. Es como si quisiera captar, por medio del tacto, algún misterioso mensaje que quisiera transmitirme la Naturaleza. Así me parece sentirlo. O tal vez, venga desde mi propio interior. No lo sé. Pero algo está deseando “manifestarse”.

Miro al frente, al infinito cielo que se abre ante mí. Los minutos pasan. Los colores cambian. Las tonalidades que van adquiriendo las nubes que observo recrean una singular paleta de colores de singular belleza. Cambian sus formas, su silueta. Se forman largos trazos de fino algodón.

La luz que antes dominaba el día, ahora se transforma en palidez naranja, rosa, según pasan los minutos. ¿Cuánto tiempo llevaré aquí?. La noche se acerca para quedarse y expandir su oscuridad sobre la faz de la Tierra. Las primeras estrellas ya brillan tímidamente en el firmamento.

Vuelvo a quedarme pensativo, pero ésta vez domino el hilo de mis reflexiones. No como estaba anteriormente, donde mis pensamientos fluctuaban, sin orden ni concierto. Pienso en el tiempo, en el transcurrir de los minutos, las horas, los días. Es algo activo, se mueve. Lo noto en todo aquello que observo y cómo ha ido cambiando, transformándose. Y lo comparo con mi posición observadora, estática. El contraste es evidente. Había visto cambios de color, de formas, de luz. Y yo seguía inmóvil.

Saltó a mi mente el mensaje. Tenía que moverme, actuar. La Naturaleza me lo mostraba, ¿cómo podía estar tan ciego?. Tenía que evolucionar, seguir adelante, transformar mis días en activo andar, no sólo en estática observación. El tiempo, los minutos, los días, seguirían su actividad, no se pararían a esperar que terminen mis reflexiones, mis dudas, mis miedos. ¿Y si ése tiempo me separa, me aparta de aquello que más quiero?.

Y es que ahora tomo conciencia de que el tiempo transcurre hacia adelante. No puedo desear que vuelva a empezar el atardecer que ahora se difumina ante mí. Comprendo lo cruel, y real, de la expresión “perder el tiempo”. Lo que no haya hecho o dicho hoy, no lo puedo recuperar. Podré decirlo “más adelante”, pero no será, quizá, en el instante o momento deseado. Puede que en ése tiempo transcurrido hasta que actúo hayan sucedido cosas, momentos o sucesos que modifiquen mi presente, mi futuro.

Me resuelvo a aprender a actuar, a moverme, mientras pienso. A no pararme en largos y profundos estados meditativos, de estática contemplación de mi realidad. Quisiera abandonar actitudes que frenan mi avance, mi evolución. Yo que tanto detesto la negatividad, el pesimismo, no puedo dejarme seducir por ellos y dejar que pasen mis días en inactividad física o emocional.

Todas éstas cosas las sé. Todos sabemos lo que es mejor para cada uno de nosotros. Y sabemos qué cosas nos hacen felices. Por éso, la mayor de las batallas es decidirse a actuar, a luchar, y a cambiar nuestro estado de ánimo, desde dentro de nosotros mismos.

En momentos así siempre pienso en personas que luchan, que no se rinden, metidos en peores y crueles batallas. Tengo en mi mente, por ejemplo, a Gloria (Uruguayita). Son personas que mantienen su risa, su optimismo, su ánimo. Y son ejemplo para mí, tanto que a veces odio mi actitud.

Por éso, me levanto resuelto de la observación que hacía de éste atardecer, y decidido a cambiar mi ánimo. Mientras tanto voy pensando en la mejor receta para hacerlo. Puede que necesite como ingredientes un poco de fé, esperanza, optimismo y buenas dosis de sonrisas. Y todo ello sazonado con paciencia e ilusión.

El tiempo pasa. Voy a actuar.

No será nada fácil. La teoría la sé. Lo complicado empieza ahora.

Será mi próxima batalla. ¿Lo conseguiré?

Continuará…………..

Gracias por acompañarme

P.D.: Foto de Alex Pardellas.