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Desde la carretera

Posted by on domingo, 9 enero, 2011

Mientras las líneas de la carretera se desplazan velozmente hacia mí, la vista se recrea con la maravillosa variedad de paisajes que adornan el recorrido de mi viaje. Extensos valles abiertos, secos, áridos, dan paso a verdes praderas que anuncian la llegada de la alta montaña. Pronto veré los altos picos de ésta cadena montañosa cubiertos de nieve.

Mi cuerpo actúa automáticamente, con las manos aferradas al volante y la mirada siguiendo el serpentear de la calzada. Sin embargo, mi mente se encuentra viajando en otra dimensión. Es un viaje emocional, en el que las imágenes son tan reales como los paisajes que me rodean.

Y es que, todo lo que mis ojos ven se transforman en mi mente en sentimientos. En ello también participan mis oídos, que transforman la música que he elegido para éste viaje, en la banda sonora que acompaña a los recuerdos que habitan en mi memoria.

El perfil montañoso trasforma mi visión, evocando la silueta de tu cuerpo en las ondulaciones del terreno. Igual que ahora debo ascenderlo, te imagino a ti tumbada ante mi, de lado, donde tus caderas marcan las elevaciones del monte que deseo explorar y recorrer, y donde mis manos recorren la superficie de tu piel como si existiera otra carretera invisible que las guiara.

La música que oigo me habla de momentos cálidos, de olor a vainilla, de conversaciones a la luz de las velas, de primeros besos y caricias. Se me acelera el pulso, por la intensidad del deseo que expresan mis recuerdos y mi presente anhelo de estar junto a ti.

La nieve que ahora veo en las montañas, me hacen añorar los juegos y travesuras de mis dos pequeñas. Sonrío, mientras recuerdo sus caritas alegres mientras hacíamos muñecos de nieve, nos deslizábamos con el trineo, o nos lanzábamos bolas de nieve unos a otros. Es curiosa la felicidad que pueden aportarte y con las cosas más triviales.

Todo ello, la evocación de tu cuerpo, los momentos junto a ti, y junto a nuestras hijas, hacen de mis viajes una carrera en la que deseo acortar las distancias que nos separan. Por muchos kilómetros que tenga que recorrer, sé que volveremos a estar juntos para seguir sumando vivencias que aumenten mis emociones.

Mientras tanto, de alguna manera, sé que en la fría cabina de éste camión no viajo solo. Mi mente siempre me traerá emociones, imágenes y sonidos que llenan todo el habitáculo y calientan mi corazón. Desde el tacto de tu mano sobre la mía, hasta las risas de las niñas. Todo es posible. Todo es real. Así lo siente mi corazón.

¡Hasta pronto, amor!